Adolescentes temperamentales: causas y cómo ayudarlos

Los adolescentes temperamentales están atravesando una serie de cambios y desafíos complicados. Descubre cómo acompañarlos y ayudarlos en esta etapa.
Adolescentes temperamentales: causas y cómo ayudarlos
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 10 julio, 2022

La adolescencia es una de las etapas más temidas por padres y madres, ya que suele venir acompañada de rebeldía, cambios emocionales y conflictos familiares. Algunos menores acusan estos cambios en mayor medida que otros; sin embargo, todos necesitan el amor y el apoyo de sus progenitores para transitar estos años. Por ello queremos ofrecerte algunas claves para tratar con adolescentes temperamentales.

En primer lugar, es necesario recordar que se trata de un periodo difícil para todos. Es cierto que para los adultos resulta complicado aceptar que su hijo, ese niño alegre, dulce y cariñoso, se está convirtiendo en un joven complicado y malhumorado.

Pero para el adolescente tampoco es sencillo asumir esta transición. Por esto, dejemos de lado los reproches y tratemos de comprender y acompañar de la mejor forma posible.

Adolescentes temperamentales: ¿por qué son así?

Un primer paso fundamental consiste en entender por qué se están produciendo estos cambios. Tu hijo no te odia de repente, no ha dejado de quererte ni ha cambiado su personalidad.

Tampoco busca fastidiarte. Solo está experimentando una serie de transformaciones a todos los niveles:

  • Su cuerpo infantil está cambiando y alcanzando la madurez sexual. Afrontar estas diferencias en el aspecto físico puede resultar complicado. En especial por la comparación con los iguales, la aparición de complejos o el tan temido acné adolescente.
  • Las hormonas juegan un papel fundamental en el estado emocional de los jóvenes. Les llevan a experimentar bruscos cambios de humor que incluso para ellos resultan inexplicables. Todo se vive con mayor intensidad y dramatismo y esto puede generar tristeza, irritabilidad, apatía o ansiedad.
  • El cerebro aún no ha terminado de desarrollarse. En concreto, se sabe que el córtex prefrontal, área responsable de la planificación, el control de impulsos y el razonamiento, no culmina la maduración hasta pasados los 20 años. Por lo que los jóvenes suelen mostrarse impulsivos y tienden a correr riesgos.
  • A nivel social se experimentan también cambios y desafíos. Aumenta la exigencia académica y la presión interpersonal. Los adolescentes necesitan encajar en el grupo de iguales, forjar su identidad y desligarse relativamente de los progenitores. Esto puede superarles y abrumarles en determinados momentos.


¿Cómo ayudar a los adolescentes temperamentales?

Son muchos los frentes abiertos y los recursos personales de los jóvenes aún pueden ser insuficientes. Les falta madurez, experiencia y perspectiva.

Muchos de ellos no han desarrollado con suficiencia la autoestima, las habilidades sociales o la capacidad de gestionar y regular sus emociones. Por ello, el apoyo y el acompañamiento de los padres resulta clave.

Para ayudar a tu hijo adolescente a transitar esta etapa puedes seguir las siguientes pautas.

Adolescente preocupada por sus cambios.
La adolescencia no solo es un problema para los padres. Los jóvenes también se sienten confundidos y ansiosos.

Sé empático y comprensivo

En todo momento, recuerda que para tu hijo tampoco es fácil y que no tiene malas intenciones. Ten presente lo que está pasando y rememora tu propia adolescencia, si esto te ayuda a ponerte en su lugar.

No te tomes su comportamiento como algo personal. No lo mires como una lucha de poder. Sé consciente de los cambios que está viviendo y los retos que afronta.

Mantén la calma

Los adolescentes necesitan padres y madres capaces de mantener la calma, de ser ancla ante su propia tempestad emocional. Resulta muy sencillo responder al mal humor de los hijos con la misma antipatía, reaccionar a sus gritos con más gritos y a sus ofensas con palabras más hirientes; pero esto es dañino y contraproducente.

No te pongas a su nivel. Tú eres el adulto y quien ha de mantener la calma y ofrecer ejemplo.

Aplica el autocontrol y procura no alzar la voz, no dejarte secuestrar por tus emociones y responder con calma y sosiego a tus hijos. Esto evitará que los conflictos escalen y les ofrecerá esa tranquilidad que necesitan y no encuentran en sí mismos.

Sigue estableciendo límites

Los adolescentes pueden llegar a creerse adultos e incluso exigir que se les trate como tal; pero no lo son. Aún necesitan guía y seguridad. Y esto se consigue mediante los límites. Tener un horario para volver a casa, una supervisión paterna de su actividad en internet o unas responsabilidades en el hogar es fundamental.

Exigir a tu hijo que cumpla con sus tareas escolares, que colabore y sea respetuoso en casa, que te mantenga al tanto de dónde está y con quién no es excesivo: Al contrario, es necesario.

Estos límites los ayudan a sentirse seguros y protegidos, les guían en cierta medida en esta época de cambios: Por lo tanto, aunque se resistan a ellos y los desafíen, no dejes de aplicarlos.



Sé flexible

Pese a que los límites siguen siendo necesarios, también resulta importante ser flexibles. A medida que un hijo crece, requiere ganar en autonomía y estas normas han de adecuarse al momento.

Es posible y necesario negociar y llegar a acuerdos, permitir que el adolescente adquiera privilegios a medida que se muestre responsable. Y sobre todo, hacerle partícipe de las decisiones.

El “porque yo lo digo” no sirve. Esto solo puede desatar más rebeldía, mal humor y conflictos.

Explica el por qué de las normas y procura que sean consensuadas. Se pueden adaptar en función del comportamiento.

Escucha a tu hijo

Con frecuencia, los adolescentes temperamentales se comportan de este modo desafiante porque no se sienten escuchados, comprendidos ni respetados. Su actitud es una reacción a un hogar o a unos progenitores que perciben como hostiles.

Es fundamental dedicar tiempo a forjar una comunicación sana y fluida con el joven. Pueden tener conversaciones de forma regular y pasar tiempo de calidad juntos.

Hablar con tu hijo no implica interrogarle y luego juzgarle por sus comportamientos. Esto nos sentaría mal a cualquiera de nosotros. Se trata de interesarte genuinamente por su vida, escuchando sin emitir críticas, orientando sin juzgar.

Además, procura ser bidireccional: háblale también a tu hijo de tu día a día, pide su opinión, comparte tus sentimientos. De este modo, sentirá que lo tienes en cuenta, que disfrutas su compañía y lo valoras. Esto reducirá su actitud defensiva.

Hablar con un hijo adolescente temperamental.
Hablar con tu hijo adolescente es crear un espacio de confianza para compartir, sin interrogar ni juzgar.

Corrige el comportamiento, pero no ataques a la persona

Es evidente que los adolescentes cometen errores y hay ciertos comportamientos y actitudes que necesitan corregirse, pero es importante hacerlo de la forma adecuada. Así, pon el foco en la conducta en concreto y no en la persona en sí misma.

No es igual pedirle que recoja la habitación a etiquetarle de vago y desordenado. No es lo mismo señalar que sus palabras han sido dañinas y ofensivas, que decirle que es una persona cruel y maleducada.

Ofrece herramientas y recursos útiles

Por último, lo mejor que podemos hacer por los adolescentes temperamentales es ofrecerles herramientas que les ayuden a lidiar con los retos que enfrentan. Por ejemplo, enseñarles a utilizar la asertividad para hacerse respetar y afrontar la presión grupal.

Hay que ayudarles a desarrollar la inteligencia emocional para comprender y gestionar lo que sienten. O mostrarles cómo aplicar técnicas de relajación para disminuir su activación en los momentos de mayor ansiedad y descontrol. Para este objetivo, puede ser beneficioso buscar ayuda profesional.

Los adolescentes temperamentales son los que más amor necesitan

Si hay un único punto que debes recordar, es que los jóvenes temperamentales pueden ser los más difíciles de amar y acompañar, pero son los que más amor y acompañamiento necesitan. Para ellos puede estar siendo complicada la adolescencia, pero tras su mal humor, su rebeldía y sus estallidos emocionales, está un niño aprendiendo a ser adulto que necesita paciencia y comprensión de su entorno.

Ten presente que esta etapa pasará. Es una gran oportunidad para afianzar la relación con tu hijo cuando más te necesita.



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