Cómo se puede aplicar la filosofía en la vida cotidiana

La filosofía no es un asunto exclusivo de académicos. Está presente en nuestra vida cotidiana, desde las elecciones simples hasta nuestras creencias más profundas.
Cómo se puede aplicar la filosofía en la vida cotidiana
Leticia Martín Enjuto

Revisado y aprobado por la psicóloga Leticia Martín Enjuto.

Escrito por Equipo Editorial

Última actualización: 27 mayo, 2024

La filosofía está presente en nuestra vida cotidiana, aunque no se perciba de forma directa. A diferencia de lo que la mayoría cree, no es una disciplina que está encerrada en las aulas del colegio o la universidad. Por el contrario, todos tenemos una actitud filosófica en diferentes momentos de nuestras vidas y del día a día.

Si en algún momento te has hecho preguntas como: ¿cuál es la decisión correcta?, ¿quién soy yo?, ¿existe Dios?, ¿cómo sé que lo que pienso es verdadero y no falso?, o ¿cuáles son las condiciones que debe tener un gobierno?; asumes una actitud filosófica. Veamos en qué otros momentos aplicamos la filosofía y cómo puede sernos útil en nuestra vida.

Filosofía práctica

La filosofía práctica es aquella rama que se encarga de la aplicación de la filosofía teórica a nuestra vida cotidiana. Es decir, aquella que toma los planteamientos que hacen los filósofos, y ven cómo estos intervienen en el día a día de las personas; en cómo viven, cómo actúan y cómo toman decisiones en el mundo real.

Esto se puede ver reflejado a la hora de resolver problemas o enfrentar ciertas situaciones que suelen parecer complejas. Un ejemplo de ello son los dilemas éticos o morales. Reflexiona un minuto en el siguiente:

Por la calle transita una madre soltera de dos pequeños, que se ha quedado sin empleo hace varias semanas y hasta el momento no ha conseguido otro trabajo. Por sus dificultades, la comida empieza a escasear y sus pequeños tienen hambre. Delante de ella va un hombre rico que, por descuido, deja caer un fajo de billetes sin percatarse. La mujer lo toma y ahora se enfrenta a la decisión de devolver el dinero o quedárselo para comprar alimento para ella y sus hijos.

Este es un caso problemático, pues la madre se enfrenta al dilema sobre si es correcto quedarse con el dinero o mejor devolverlo pese a que sus hijos no tengan nada que comer. La pregunta principal, en este caso, es de naturaleza filosófica: ¿cuál es la decisión correcta?.

Por el mismo enfoque que tiene esta filosofía, algunas ramas que solemos encontrar, aunque no las únicas, son:



Filosofía en la cotidianidad y estoicismo

En los últimos años, el estoicismo ha tenido un resurgimiento porque sus postulados tienen gran valor para enfrentar nuestro día a día. Esta filosofía tiene la idea de que la virtud, entendida como el conocimiento y el comportamiento racional, es el único bien verdadero y suficiente para alcanzar la felicidad. Los estoicos creen que la vida debe vivirse en armonía con la naturaleza y la razón, y que los seres humanos deben buscar la tranquilidad emocional y la fortaleza ante las adversidades.

En ese orden de ideas, adoptar una postura estoica implica entender el mundo con serenidad y valor. Esto no significa que las situaciones dolorosas no nos afecten. Por el contrario, nos exige analizar con cuidado lo que sucede y entender que hay cosas que no están dentro de nuestro control. Al hacerlo, se evita el sufrimiento y nos acercamos a una vida feliz.

Epicureísmo y vida cotidiana

El epicureísmo fue una corriente filosófica de la antigua Grecia. Sostiene que el propósito de la vida es alcanzar la felicidad y la tranquilidad del alma a través de la búsqueda del placer. Para estos filósofos, equivale a la ausencia de dolor, sufrimiento y preocupaciones.

Al igual que con el estoicismo, el epicureísmo ha tenido un resurgir reciente gracias a sus máximas y a su pretención de lograr una vida plena y feliz. Para ello, es importante la amistad y la autosuficiencia, que nos acercan a una vida más simple y tranquila.

7 actitudes filosóficas que puedes asumir cotidianamente

Reconocer que podemos aplicar la filosofía en la vida cotidiana nos puede llevar a transitar una vida mejor: ser más conscientes de nuestros pensamientos, actos y creencias. También hacernos más serenos a los devenires de la existencia.

Muchas personas que desean acercarse a la filosofía lo hacen a través de libros y teorías, lo que puede resultar abrumador, paralizante y poco provechoso. Un buen comienzo son las cartas y biografías de los filósofos que dan cierta visión de por qué sus pensamientos eran importantes para ellos. Además, existen una gran variedad de textos divulgativos que pueden servir para introducirse en ciertas cuestiones filosóficas.

Además, te recomendamos ubicarte en tu propio contexto. Observa cómo es el mundo actual, cuestiona y replantea ideas que ayuden a hacer de él un lugar mejor. Para ello, te proponemos algunas actividades concretas que te pueden ayudar.

1. Cuestiona tus creencias

La filosofía, en muchos casos, resulta frustrante porque más que la respuesta, importa la pregunta y la forma en que las planteamos. Ninguna pregunta es inocente. Cada que nos cuestionamos algo partimos de supuestos. Por ejemplo, la pregunta «¿Esta es una decisión buena o mala?», supone que en el mundo existe algo como el bien o el mal.

Cuestionarnos nuestra vida cotidiana y los supuestos que tenemos es una actitud profundamente filosófica. Con estas dudas derribamos muros mentales, prejuicios y dogmas.

Desde que somos niños nos enseñan y asimilamos un conjunto de creencias que no cuestionamos y asumimos como verdades. Cuando llegamos a la adultez, mantenemos muchos pensamientos obsoletos, limitantes y dañinos, sin darnos la oportunidad de asumir otros puntos de vista.

Algunas de las creencias que pueden ponerse en duda sobre la vida cotidiana pueden ser las siguientes:

Luego hazte la siguiente pregunta: ¿y si esto no es como yo creo?. A partir de allí, investiga lo que otros pensadores han dicho o pregúntale a tus amigos sus posturas sobre el tema. Para apoyarte en esto puedes buscar material divulgativo de algunos filósofos, puesto que son temas que han preocupado desde la antigüedad y que a hoy tienen diversas respuestas.

2. Ayuda a los demás, pero con sentido

Asumamos que quieres donar cierta cantidad de dinero a alguna organización benéfica. ¿Cuál deberías escoger? ¿Una cuyo nombre te sea familiar? ¿O la que atiende en estos momentos alguna catástrofe?

Existe una corriente de la filosofía que se llama altruismo eficaz, cuyos defensores creen que los donativos, por más pequeños que sean, pueden ayudar mucho más de lo que creemos. En líneas generales, cuando queramos hacer un acto altruista preguntemos dónde nuestra ayuda tiene un mayor alcance.

El filósofo de la Universidad de Oxford William MacAskill, en su libro Doing Good Better , aconseja que nos preguntemos si ayudamos a un área que está olvidada y necesita recursos o donamos cuando ocurre una catástrofe.

3. Aprende a vivir con tus emociones

Durante mucho tiempo se pensaba que el ideal de la persona sabia era alejarse de las emociones y rechazarlas. Estas se veían como una molestia que interrumpía la vida feliz o propiciaba una existencia dolorosa.

Con la llegada del romanticismo esto cambió. Las emociones ya no eran consideradas malas, sino lo más importante en la vida.

Creemos que lo ideal no es adoptar ni una postura ni la otra. Las emociones no deberían ser rechazadas. Pero tampoco es conveniente darles rienda suelta sin ningún tipo de control. Un buen manejo de las emociones es un aspecto vital para nuestro bienestar.

Para ayudarte con esto, puedes buscar información sobre las escuelas helenísticas de las que hablamos más arriba. En ellas encontrarás algunos consejos prácticos.

4. Reflexiona antes de unirte a una polémica en las redes sociales

Las redes sociales son un arma de doble filo. Si bien son un medio para conectarnos con el mundo y hacer llegar nuestras ideas a muchas personas, también han sido utilizadas para difamar, dañar, amenazar o herir a otras personas que piensan diferente.

¿Vale la pena ganarse unos me gusta aunque sea a costa de humillar o insultar a alguien? ¿No es mejor invitar a esa persona a dialogar, bajo argumentos y razonamientos claros? Esto va muy de la mano con el control de las emociones, pero también con la responsabilidad ética y el deber moral sobre el trato a los demás.

Antes de responderle a alguien, en redes o en persona, piensa: ¿mi respuesta puede ser ofensiva o denigrante?, ¿con mi comentario trato al otro como alguien inferior o menos que yo?, ¿me gustaría recibir ese tipo de respuesta si estoy en su lugar?.

Estas preguntas son de carácter moral y su respuesta puede depender de la corriente que asumamos. Algunas de las más famosas son el utilitarismo y la ética deontológica de Kant.

5. Ejecuta el voto reflexivamente

Un gran ejemplo de cómo aplicar la filosofía en la vida cotidiana son las elecciones en la política. Pues se trata de dirigentes que tomarán decisiones que pueden afectar en gran medida nuestro estilo de vida. En consecuencia, la decisión debe asumirse con responsabilidad.

Una pregunta filosófica que aplica para estos momentos es si queremos ayudar a crear una sociedad más equitativa o preferimos potenciar la libertad individual.

Asimismo, el deber radica en escuchar a nuestros candidatos, cuestionarlos, investigar sus posturas y pensamientos, y, a partir de allí, tomar decisiones. En caso de no conocer en qué consiste una determinada corriente política, lo ideal es averiguar sobre ella y reflexionar si es lo más conveniente para la sociedad.

6. Reflexiona sobre la muerte

A la mayoría de las personas les angustia la muerte, pues es un hecho ineludible y desconocemos qué hay después de ella. Muchos filósofos han escrito al respecto. Por ejemplo, Epicuro menciona que el miedo a la muerte es irracional, ya que después de fallecer no sentiremos nada en absoluto.

Más allá de las reflexiones de cada pensador sobre este tema, conocer los diferentes puntos de vista puede ayudarnos a lidiar con la angustia que genera el final de la vida. Por su parte, Marco Aurelio defiende que pensar sobre nuestra propia muerte nos lleva a hacer pequeños ajustes cotidianos.

El carácter filosófico de la muerte radica en que, a partir de este cuestionamiento, podemos asumir posturas existenciales. A partir de nuestras creencias podemos establecer cuál es el sentido de la vida y vivir en consonancia con este.

7. Escucha, dialoga e integra otros puntos de vista

Sócrates utilizaba el diálogo para generar conocimientos. Si queremos aplicar la filosofía en la vida cotidiana, ¿qué mejor forma que a través de esta herramienta?

Muchas personas participan en conversaciones, pero no escuchan lo que otro tiene que aportar o decir. En su lugar, piensan en su próxima respuesta o solo atienden a aquello que les interesa.

Esto no les permite integrar otras perspectivas que pueden enriquecer su conocimiento acerca de la vida. De esta forma, viven en su propio mundo y creen que sus ideas son la única forma de ver las cosas.

Nada más contraproducente que esto, pues genera intolerancia, odio y polarización. Ten en cuenta que la integración de otras perspectivas puede ampliar nuestra visión del mundo y de ciertos temas, al igual que hacernos más sensibles y empáticos.



Filosofía práctica para la vida cotidiana

Partiendo de lo que hemos planteado antes, queda en evidencia que la filosofía va más allá de temas propios de las academias. Es claro que la filosofía está disponible para cualquier persona que quiera acceder a ella y que la tenemos presente en la cotidianidad.

De hecho, los mejores filósofos por excelencia son los niños con su espíritu inquieto, curioso y deseoso de conocer. Por ello, siempre tienen en la boca la pregunta «¿por qué?». Un espíritu que no debemos dejar perder y, por el contrario, debemos cultivar para lograr una vida más llevadera.

Recuerda, no hace falta haber leído las obras de todos los filósofos ni hacer una carrera en filosofía para conseguir una actitud reflexiva ante los sucesos de nuestro diario vivir.


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