Aporofobia: el rechazo y desprecio por los pobres

¿Por qué algunas naciones rechazan inmigrantes? ¿Por extranjeros o por pobres? La filósofa Adela Cortina defiende que esta aversión se efectúa por su condición de pobreza.
Aporofobia: el rechazo y desprecio por los pobres
Maria Alejandra Morgado Cusati

Escrito y verificado por la filósofa y psicóloga Maria Alejandra Morgado Cusati.

Última actualización: 19 noviembre, 2022

La aporofobia es un neologismo formado a partir de la conjunción de dos términos griegos: áporos (sin recursos) y fobos (temor). Significa odio, miedo, asco u hostilidad hacia los pobres, los sin recursos o los desamparados.

La primera en utilizar y difundir este nuevo concepto fue la filósofa y profesora de la Universidad de Valencia, Adela Cortina, en la década de 1990. Su objetivo era diferenciar esta actitud de otras manifestaciones discriminatorias, tales como la xenofobia o el racismo. En este sentido, Cortina defiende que los actos de xenofobia, racismo, rechazo a inmigrantes o refugiados, son en realidad manifestaciones de una aversión que no se da por su condición de extranjeros, sino por el simple hecho de ser pobres.

En 2017, la Fundación Español Urgente eligió la aporofobia como palabra del año, con el fin de hacer notar este fenómeno. Asimismo, el término ya forma parte del Diccionario de la lengua española y, en ese mismo año, el Senado español aprobó una moción pidiendo la inclusión de la aporofobia como agravante en el Código Penal.

¿Cómo se expresa la aporofobia?

En la vida cotidiana, la aporofobia se manifiesta en una doble actitud. En primer lugar, en la tendencia a tomar partido por los mejor situados, de quienes se puede obtener algún beneficio; y en segundo lugar, en la propensión a ignorar a los más vulnerables, quienes parecen incapaces de ofrecer algo a cambio.

El rechazo a los inmigrantes no se efectúa por su condición de extranjeros, sino porque no tienen nada que ofrecer. Por ejemplo, ninguna nación rechaza que un jeque árabe se instale en su país, ni tampoco se le niega la residencia a un futbolista famoso extranjero. Además, los yates atracan sin problemas en la costa rica del Mediterráneo, mientras los exiliados se hunden tratando de llegar.

En este punto, Cortina se pregunta qué hay detrás de esta doble moral de aceptación y rechazo de los inmigrantes. ¿Se rechaza a algunos porque son extranjeros o porque son pobres?

La autora responde a ese cuestionamiento afirmando que “se rechaza al pobre, aunque sea de la propia familia”. En otras palabras, los pobres, en lugar de despertar hospitalidad, lo que despiertan es rechazo y hostilidad.

Manos de un pobre.
La pobreza genera rechazo porque se asume que no se puede obtener nada a cambio del otro.

Posibles causas

Las causas de la aporofobia no están muy claras. No obstante, se han propuesto algunas hipótesis.



Cerebro xenófobo

Basándose en la neurociencia, Cortina dice que el cerebro tiene un componente xenófobo como mecanismo de supervivencia. Es decir, las personas poseemos una tendencia biológica a rodearnos de gente con la que sentimos más afinidad.

Esto significa que tendemos a agruparnos con personas que hablen nuestra misma lengua, que tengan una fisionomía parecida, misma cultura, etc. Por ello, es probable que aquellos que difieren, promuevan nuestro rechazo. El cerebro puede interpretarlos como una amenaza.

Sin embargo, esta explicación no justifica por sí sola la presencia de la aporofobia. Es importante destacar que el ser humano es un animal racional y con un gran componente empático. Somos capaces de preocuparnos por los demás, más allá de las diferencias.

Ausencia de reciprocidad

Cortina afirma que la aporofobia está basada en el principio de la reciprocidad e intercambio económico. Las personas tienen que tener una utilidad en el sistema.

Los pobres, sin recursos, son rechazados porque no tienen nada que ofrecer a la sociedad, bajo esta perspectiva. En otras palabras, los pobres son aquellos que no tienen herramientas para devolver lo que se les da.

Disonancia cognitiva

Desde el punto de vista psicológico, se ha planteado que la aporofobia podría ser consecuencia de una disonancia cognitiva. Esta se define como una perturbación psicológica experimentada cuando se tienen dos ideas incompatibles o un comportamiento incompatible con nuestro sistema de creencias.

En el caso de la aporofobia, se percibe una discrepancia entre la forma en que alguien se ve a sí mismo (“soy una buena persona”) y su comportamiento (“no ayudo o miro hacia otro lado cuando me cruzo con una persona vulnerable”). Este conflicto puede provocar que busquemos justificaciones para racionalizar el comportamiento disonante, creando motivos para rechazar a las personas pobres.



Ideologías políticas

Desde el punto de vista ideológico, el pensamiento neoliberal (basado en el individualismo, la competitividad y la meritocracia) presupone que el éxito solo depende de la voluntad, el esfuerzo y el talento; que nada tienen que ver las circunstancias socioeconómicas.

Por tanto, en vez de entender a la pobreza como un fracaso social, reaccionamos despreciando y culpando a los pobres de su situación. O en el mejor de los casos, aplicándoles una presunción de responsabilidad.

Impactos sociales y personales

La aporofobia es un fenómeno que alimenta el círculo vicioso de la exclusión y la marginación. En primer lugar, porque tiene un impacto negativo en la autoestima de las personas, lo que retroalimenta la espiral de degradación.

En segundo lugar, porque el rechazo dificulta la reinserción sociolaboral. Se asume la situación de pobreza como un rasgo permanente e inmutable de la identidad de las personas.

El discurso basado en la aporofobia tiene como consecuencia la deshumanización y la cosificación de las personas. Su versión más severa puede provocar violencia verbal o física, con burlas, insultos, vejaciones o agresiones físicas.

A su vez, dichas agresiones tienen un severo impacto en la salud mental de las víctimas, quienes suelen experimentar sensación de indefensión y vulnerabilidad, miedo, ansiedad, depresión o hasta ideación suicida.

Estrés por aporofobia.
Las víctimas de la aporofobia ingresan a un espiral de tristeza, depresión y estrés por el rechazo constante que sufren.

¿Cómo superar la aporofobia?

Adela Cortina propone que, la mejor vía para acabar con la aporofobia, es a través de la educación formal e informal (escuelas, universidades, medios de comunicación, redes sociales). Allí se debe cultivar la compasión y el altruismo.

Por su parte, debemos desmontar aquella falsa creencia de que los pobres no tienen nada que ofrecer. Cortina afirma que no hay ningún ser humano que no sea capaz de ofrecer algo valioso. Si no somos capaz de verlo, es porque debemos agudizar más la vista.

La compasión y la empatía se anulan cuando creemos que los pobres son culpables de su pobreza. Es por ello que, para alcanzar un mundo más compasivo, debemos cuestionar y replantear nuestro propio sistema de creencias.

La ideología que defiende que la pobreza no es fruto de las condiciones estructurales, sino el resultado de una indolencia, un error individual o una culpa personal, fomenta que los pobres sean percibidos como una amenaza. De esta forma, culpabilizarlos promueve que se les ignore y hasta se les persiga.

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  • Cortina A. Aporofobia, el rechazo al pobre: Un desafío para la democracia. Barcelona: Paidós, 2017.
  • Del Prado, L. (2019). Adela Cortina: Aporofobia, el rechazo al pobre. Comunitania: Revista internacional de trabajo social y ciencias sociales, (17), 161-164.
  • Esquembre, C. O. (2019). La aporofobia como desafío antropológico. De la lógica de la cooperación a la lógica del reconocimiento. Daimon Revista Internacional De Filosofía, (77), 215-224.
  • Rojas D. Aporofobia, el rechazo al pobre. Rev. filos. [Internet]. 2018 [cosultado 19 oct 2021] 74: 319-321. Disponible en: https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-43602018000100319
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