Ayuda de los hijos en las tareas del hogar: importancia, beneficios y recomendaciones

Ana Núnez·
10 Abril, 2021
La ayuda de los hijos en las tareas del hogar es clave en la formación de un espacio armónico y feliz, en el que todos se sienten responsables y protagonistas.

La ayuda de los hijos en las tareas del hogar es fundamental para la construcción de un clima de armonía y bienestar. Demuestra de manera integral que respetamos el tiempo del otro más allá de los estereotipos sobre lo que a cada quien le corresponde hacer.

Las responsabilidades compartidas son un signo de madurez de la familia y la convierten en una escuela forjadora de hábitos. Sin duda se aprende lo esencial: la colaboración nos une y alía en el objetivo de conducir a buen término los días.

Solo quienes llevan la casa saben los detalles que implica mantener y conservar el orden, la limpieza y el funcionamiento. Son muchas las ocupaciones. Asignar deberes y rotarlos, según la edad y el tamaño, la fuerza y la habilidad, forman parte de los criterios.

Beneficios de involucrar a los hijos en los quehaceres

La casa la sentimos de todos cuando cada uno de sus miembros la cuida y protege. Aquí funciona el ejemplo. Las tareas pueden ser o no divertidas, pero la convocatoria ha de ser colectiva y entusiasta. Ello redundará en los siguientes beneficios.

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Fortalecimiento de las habilidades motrices

Tener objetivos favorece los movimientos, los dota de sentido y oportunidad. La ayuda de los hijos en las tareas del hogar ofrece excelentes momentos para probar la coordinación, el equilibrio, la confianza en los desplazamientos, la fuerza de los miembros y la firmeza.

Desarrollo de la autoestima

Ninguna sensación más poderosa que la de sentirse útil. El niño llamado a participar se siente integrado, capaz y seguro de poder ayudar.

Los hijos pequeños se comparan con los mayores y, si estos están sumados a la tarea, es probable que el menor se sienta también invitado a participar.

Sentido de la responsabilidad

La casa será el reflejo de todos sus integrantes. Esto debe quedar claro y más que eso: ha de ser orientado por los padres. Las palabras, los consejos, las recomendaciones han de configurar el hogar deseado y los niños sentirlo como ese lugar ideal que los acoge. La responsabilidad en esta etapa es producto de un compromiso con ese bienestar colectivo.

Elementos de limpieza.
Con los recaudos de cada caso, los niños pueden participar de la limpieza, quizás sin manipular los productos y sustancias.

Construcción de la equidad

Durante siglos se construyó una familia en la que las figuras del padre y de la madre salían de un molde que se repetía de generación en generación. En ese esquema, en la madre recaía el peso de las tareas, mientras que el padre era quien salía a la calle y proveía.

Eso ha cambiado con la imagen que ha conquistado la mujer en torno a su derecho a no ser esclavizada con las múltiples ocupaciones de la casa. Sin embargo, con mucha facilidad repetimos escenas: las niñas hacen labores de niñas y los varones, de varones. Y lo que es peor, en las niñas y las madres recae el doble de trabajo.

La inacción acarrea consecuencias

Para bien o para mal, lo que hacemos o dejamos de hacer repercute en el seno familiar. Una lección que grandes y chicos tienen que asimilar.

La conducta natural de algunos niños es la impulsividad y la irreflexión. Es pues la hora de aprovechar para introducir elementos cruciales en la formación de la persona. No limpiar, no ordenar y no recoger traen consecuencias.

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Claves para enseñar a los hijos a hacer las tareas del hogar

Más allá de la fuerza o la habilidad, es importante que la faena diaria sea asumida sin distinción de género. Además de abordarse de manera rotativa para evitar conflictos.

Deben estar orientadas a que todos, de manera progresiva y proporcional, aprendan las técnicas correspondientes de cada quehacer. Veamos algunas de las claves para hacer propicia la ayuda de los hijos en las tareas del hogar.

A cada quien según su capacidad

Si el niño está muy pequeño, que intente recoger y que ese intento se convierta en juego. Considéralo un extraordinario punto a favor.

Si está más grande, procuremos que las tareas del hogar sean parte de la rutina. Cuidemos que no manipule cosas demasiado frágiles y, por supuesto, nada que revista peligrosidad.

Es importante tener listadas y seleccionadas las responsabilidades que a cada quien le corresponden. Los grandes las conocerían de antemano; los niños, en cambio, serían inducidos a descubrirlas con el infaltable sentido de lo lúdico.

No olvidemos premiar el esfuerzo

Si bien las tareas llegan a resultar un poco molestas, hay momentos en que son impostergables. Además, la limpieza y el cuidado no reporta solo beneficios en el entorno de la salud o estéticos, sino que apuntan a lo anímico.

Las energías positivas se comunican e irradian y los pequeños son esponjas receptoras de las buenas vibras. Anímalos, estimúlalos, apláudelos, que sientan que su ayuda es irreemplazable.

Tengamos paciencia y no hagamos vigilancia de la perfección

Si algo no han hecho bien los niños al limpiar, recoger, ordenar o arreglar, tengamos en cuenta que su sentido del orden o de lo justo no ha madurado. Más que tener paciencia, abramos el sentido de la comprensión, valoremos su compañía y enseñémosles cómo se hace. Lo harán cada vez mejor.

Tareas del hogar con las que pueden ayudar los niños

Cada etapa entraña sus habilidades y capacidades. No forcemos las cosas; evitemos imponer y sobrecargar. No esperemos éxitos rotundos a la primera oportunidad; se aprende poco a poco y con el ejemplo.

Consideremos que, según estudios, la organización con respecto a las cuestiones de la casa y los comportamientos que implican, empiezan a ser desarrollados en la edad de cuatro años y aumentan de forma significativa a los cinco.

De los 2 a los 3 años

Nos ayudarán a recoger juguetes, a regar las plantas y a llevar su ropa a la habitación. Están aprendiendo a comer solos y, por ende, a coordinar el ojo y la mano.

Tienen la capacidad de desplazarse con objetos en la mano: regar plantas es una de las tareas complejas que podemos ensayar.

De los 4 a los 5 años

Pueden ayudar con la mascota, por ejemplo, a darle el alimento. La tarea más difícil y que ameritaría supervisión sería lavar algunos trastos de cocina, de preferencia plásticos o no delicados.

En estas edades se visten y algunos se asean solos. Poner la mesa seguro les resultará una tarea sencilla y divertida.

De 6 a 7 años

Organizan sus pertenencias en sus bolsos particulares y ordenan sus cosas en el escritorio. Quitar el polvo y hacer la cama están en la lista de las tareas apropiadas.

Cocinar en familia.
Los niños más grandes pueden participar de la gastronomía hogareña, siguiendo recetas.

De 8 a 9 años

Están en capacidad de prepararse platos sencillos. No los dejemos solos en la cocina, pero sin duda, con relativa facilidad llevarán y coordinarán el paso a paso de una receta.

Los cuidados de una mascota irían más allá de darle de comer. Atender a sus necesidades básicas e incluso darle un paseo por el jardín es tarea factible de ser encomendada.

De 10 en adelante

Limpiar la habitación, hacer la cama, sacar la basura, lavar de manera rotativa la vajilla, atender la mascota, cargar la lavadora, acompañar a un hermano menor, son parte de las tareas que los jovencitos pueden asumir. Ello, como parte de la construcción saludable de una familia que vela por el bienestar de todos y cada uno de sus miembros.

Mejor y más tiempo juntos con la ayuda de los hijos en las tareas del hogar

Si atendemos a un concepto en auge, el de hogar inteligente, vemos que refiere al empleo de la tecnología en el manejo y control de ciertas funciones de manera remota. A este concepto podemos oponer el de hogar sensible, en el que nos acercamos, conocemos y comprendemos todos sus detalles porque lo cuidamos.

Así, el más inteligente será un hogar sensible, en el que su mantenimiento en orden y limpieza es responsabilidad de todos. Uno en el que los espacios y las cosas que lo ocupan hacen parte de todos sus miembros, se ajustan a sus personalidades, ritmos y experiencias.

Y son los niños, susceptibles de ser arrebatados por las pantallas y la tecnología, los llamados con el ejemplo a atender los cuidados de la vivienda.

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