Los castigos en los niños: ¿Son útiles o no?

Raquel Lemos Rodríguez·
12 Septiembre, 2020
El castigo como estrategia correctiva puede no ser tan efectivo, sobre todo cuando se castiga por castigar o para infundir temor. La comunicación constituye la mejor herramienta para que el niño aprenda junto a la meditación.

Muchas personas creen que los castigos son necesarios; otras, en cambio, los consideran innecesarios e incluso negativos. Sin embargo, en las siguientes líneas vamos a ver que los castigos en los niños varían en eficacia dependiendo de cómo se utilicen.

Castigos en los niños: castigar como un método para infundir miedo

Si los castigos en los niños tienen como objetivo infundir miedo, las cosas se están haciendo mal. Esto suele suceder cuando los padres no saben ejercer su autoridad de otra manera o se sienten inseguros en su papel.

Niña enfadada por recibir castigos

El problema de castigar a los niños con este objetivo es que los pequeños creerán que no se merecen nada bueno. Asimismo, considerarán que hacen muchas cosas mal y andarán siempre de puntillas a la espera de que sus padres se enfaden.

Esto puede volverlos inseguros, ávidos de la aprobación de sus progenitores y con una autoestima muy baja. En definitiva, de esta manera, se pueden sentar bases negativas en los hijos para otro tipo de relaciones en el futuro.

Además, los pequeños aprenderán algo que no es positivo, pues creerán que, para ejercer su autoridad, tienen que amenazar y castigar. Esto podría hacer que, si en la edad adulta se convirtieran en jefes de una empresa, muy probablemente sean jefes tóxicos.

¿Castigar por castigar?

Cuando los castigos en los niños se hacen sin sentido, puede que no se logre corregir el comportamiento que se desea. En estos casos, como padres, habría que revisar si los castigos están siendo efectivos y cambiar la estrategia si la respuesta es “no”.

Niño sacando la lengua

Pongamos un ejemplo. Marta tiene un hijo que ha llegado del colegio. El niño se ha quedado sin recreo porque no había hecho los deberes, así que Marta castiga a su hijo.

Después, cuando está merendando con su hermana, el pequeño se empieza a meter con ella y a actuar de una manera egoísta con algunas pinturas que tienen sobre la mesa. Marta vuelve a castigar a su hijo.

¿Qué está pasando aquí? Marta está normalizando el castigo, por lo que está perdiendo gran parte de su sentido. De hecho, el hijo de Marta no se molesta en corregir su conducta en otros momentos, pero es que ni siquiera piensa en el castigo.

Él sabe que si hace algo y a su madre no le gusta, se tiene que ir a la habitación, pero ya está. Después, todo vuelve a la normalidad porque el castigo ha perdido su sentido pues, tal y como señala este estudio llevado a cabo por Marta Albert, psicóloga de la Asociación Española para el Síndrome de Prader-Willi, hay que recurrir al castigo en situaciones imprescindibles.

Quizá Marta podría hablar con su hijo, reflexionar sobre lo que ha pasado y entablar una conversación con él en la que se intercambien puntos de vista. Tal vez, de esta manera, todo sería mucho más enriquecedor.

¿Sabías? La clave para educar a los niños reside en la simplicidad

La comunicación y la meditación

Aunque en algunas ocasiones los castigos en los niños puedan ser muy positivos, hay que analizar la manera en la que se llevan a cabo. ¿Se castiga a los niños sin hablar con ellos sobre su conducta? ¿Se hace del castigo algo normal?

Niña aburrida

En algunos casos, puede que funcione mucho más hablar con los niños sobre lo sucedido. Sin embargo, para ello hay que sacarse de la cabeza el hecho de que son pequeños y que no sabrán mantener una conversación seria o que gracias al castigo “nos respetarán”.

Comunicase con los niños permitirá que hagan preguntas si no entienden algo, miren la situación como lo hace el adulto y adquieran una mayor responsabilidad sobre sus actos. Pero si no se les explica nada, no van a comprender nada de lo que está sucediendo.

Es cierto que con el castigo hay una consecuencia, pero no hay un aprendizaje. Por lo tanto, el castigo no está sirviendo de nada.

No dejes de leer: La meditación, una alternativa para los castigos de los niños

En Estados Unidos, en un colegio de Baltimore, decidieron cambiar los castigos por momentos de meditación. En este sentido, uno puede creer que los niños no sabrían estarse quietos o respetar esta especie de “castigo”. Sin embargo, los resultados fueron asombrosos.

Los pequeños aprendieron a gestionar mejor sus emociones, eran capaces de reflexionar sobre su comportamiento para después hablar de ello y, sobre todo, pudieron conocerse mucho mejor a sí mismos.

Esto forma parte de un programa de actividades extraescolares en las que se enseña a los niños ejercicios de respiración y a practicar la meditación. Dicho programa se lleva a cabo junto a Holistic Life Foundation, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a los más pequeños a desarrollar su vida interior a través del yoga, la atención plena y el cuidado personal.

En definitiva, quizá un castigo puntual surta efecto, pero si se convierte en algo cotidiano, puede que pierda su sentido. Por lo tanto, lo mejor es sentarse a reflexionar y a hablar con los niños y aplicar los castigos en momentos muy concretos para que sean completamente efectivos.