Cómo actúan los antibióticos en las infecciones urinarias

23 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto
Los antibióticos se emplean en las infecciones urinarias porque la mayoría de las veces los agentes causales son bacterias. Existen diversas opciones terapéuticas para el tratamiento y te las contamos aquí.

La receta de antibióticos en las infecciones urinarias es un hecho frecuente. Tras la consulta médica y el diagnóstico que certifica la colonización bacteriana, el profesional prescribe la toma de un antimicrobiano por una determinada cantidad de días. Casi siempre, ese protocolo es acertado y funciona.

La situación se repite porque, por un lado, la patología es de las más frecuentes en la práctica ambulatoria general en todo el mundo. En otro sentido, los antibióticos han resultado la manera más eficaz de controlar este trastorno y evitar complicaciones.

Las infecciones urinarias y su contexto

La frecuencia de esta enfermedad es muy alta, sobre todo entre las mujeres. Se calcula que un 20 % de la población femenina padecerá una infección urinaria con requerimiento de antibiótico, al menos una vez en su vida.

Si bien entre los varones es menos frecuente, una complicación que se deriva de su falta de atención es la prostatitis crónica. Muchos hombres comienzan con síntomas urinarios a los que no otorgan relevancia; en consecuencia, la bacteria colonizadora migra hacia la próstata y allí se instala hasta causar una inflamación severa.

Las estadísticas también dan cuenta de que la forma baja de presentación es, por lejos, la más habitual. Se entiende por infección urinaria baja la que sucede en la vejiga y en la uretra, mientras que las altas son en los riñones y los uréteres.

Respecto a la edad, el envejecimiento resulta ser un factor de riesgo. Las mujeres tras la menopausia, y los hombres ancianos internados en residencias geriátricas, tienen una probabilidad elevada de infectarse.

Las infecciones urinarias y su contexto
Aunque las infecciones urinarias son menos frecuentes en los hombres, pueden ser el detonante de la prostatitis crónica.

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¿Quiénes son los responsables de la enfermedad y por qué funcionan los antibióticos?

Como bien adelantamos, las bacterias son los microorganismos que más se relacionan a las infecciones urinarias. Por encima de los virus y de los hongos, se llevan la mayor cantidad de casos.

Y entre estas, es la variedad Escherichia coli la que origina hasta el 80 % de las cistitis y uretritis. Esta bacteria es una habitante regular del sistema digestivo, en particular de la última sección intestinal. Tal es así que su contagio suele ser endógeno, es decir que la misma persona se lo autotransmite desde un lado al otro.

En las mujeres, la explicación proviene de la uretra más corta que en el hombre y de la posición más cercana entre el aparato urinario y el digestivo. Esto favorece el paso de la Escherichia coli entre el ano y el orificio uretral, por donde asciende para colonizar.

En menor proporción, otros microorganismos son generadores de infecciones urinarias, entre los que podemos mencionar los siguientes:

  • Proteus mirabilis
  • Klebsiella pneumoniae
  • Enterococcus faecalis

Todas estas bacterias son sensibles a algún tipo de antibiótico, y por ello se puede requerir un antibiograma antes de iniciar el tratamiento. A través de esta prueba se mide la sensibilidad de los agentes patógenos a los fármacos para recetar el correcto, que sea capaz de aniquilar al microorganismo.

Los antibióticos más empleados para las infecciones urinarias

Una vez se identificó el agente causal y el antibiograma determinó qué antibiótico es el más adecuado para esa infección urinaria, se inicia el protocolo de tratamiento. No existe un fármaco que sea el ideal, sino que debe adaptarse la prescripción a cada caso en particular.

En este sentido, es necesario considerar la edad del paciente, posibles enfermedades acompañantes, alergias y el tipo de trastorno causado en el sistema renal. ¿Cuáles son los antibióticos más utilizados? A continuación, lo detallamos.

Penicilinas y derivados

Siendo uno de los grupos más veteranos en la lucha contra las bacterias, las penicilinas han evolucionado con el tiempo. En esta familia está la amoxicilina y la ampicilina, aún efectivas contra gran variedad de microorganismos. Del mismo modo, tenemos las cefalosporinas, como la cefalexina, la cefalotina y la ceftriaxona.

La mayoría de las Escherichia coli son sensibles a estos antibióticos, del mismo modo que las Proteus. Entre las embarazadas son una gran opción, ya que los estudios no han registrado efectos sobre el feto, por lo que tienen alta seguridad de uso en esta situación.

Penicilinas y derivados
La penicilina y sus derivados son los fármacos más utilizados en caso de infecciones bacterianas del tracto urinario.

Aminoglucósidos

Esta familia, que tiene como representante a la gentamicina, es bactericida para los tipos gram negativos. Esto quiere decir que no suspenden el crecimiento bacteriano, sino que matan al microorganismo que se clasifica en esta categoría. Por dicha razón, los enterococos son tratados con ellas.

Tienen una serie de efectos adversos que limitan su uso. Se prefiere evitar en embarazadas y en infantes que se encuentran en desarrollo de sus tejidos aún, debido a la posibilidad de interferir con los procesos de formación celular.

Quinolonas

Con el paso del tiempo y el descubrimiento de nuevos fármacos, algunos antibióticos ganaron terreno en la preferencia de elección frente a las infecciones urinarias. Este fue el caso de las quinolonas que, a paso firme, desplazaron a las amoxicilinas y penicilinas.

No siempre ha estado basado en la evidencia científica este cambio, pero se ha impuesto. Es posible que por la facilidad de uso que presentan estos medicamentos, al requerir menos tomas por menos días.

La familia tiene entre sus compuestos a la norfloxacina, la ciprofloxacina, la pefloxacina y la gatifloxacina. Las dos primeras son las que más se indican en esta enfermedad por su acción bactericida. Una ventaja de este grupo es que las quinolonas se concentran con potencia en los tejidos donde deben atacar.

Para los hombres, por ejemplo, su poder de penetrar la próstata las convierte en la primera línea para evitar la cronificación del padecimiento. La norfloxacina, por su parte, se encuentra en altas concentraciones en la orina una vez que se ingiere.

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Trimetoprima con sulfametoxazol

Esta combinación de fármacos se considera un antibiótico solo en sí mismo. No puede emplearse siempre porque su capacidad de acción está limitada para las bacterias que con más frecuencia se detectan en las infecciones urinarias. Sin embargo, si el antibiograma lo permite, no es una mala opción.

Este medicamento tiene buena llegada a la próstata, por lo que es la segunda línea de elección para los hombres, después de la norfloxacina. Asimismo, sus efectos adversos bajos le dan un perfil de seguridad apto para casi cualquier edad y cualquier condición.

Trimetoprima con sulfametoxazol
La elección entre un tipo de antibiótico u otro varía en función del microorganismo que causa la infección y su severidad.

El uso racional de los antibióticos en las infecciones urinarias

Como siempre sucede con los antibióticos, independientemente del tipo de infección, es primordial el uso racional. Cuando se toman y prescriben de manera indiscriminada, las cepas bacterianas adquieren resistencia y cada vez se vuelve más difícil su tratamiento.

Por eso, es fundamental la consulta médica y la realización de un antibiograma si la urgencia del caso lo permite. De este modo, la elección del fármaco se basa en la evidencia de su efectividad para lograr la muerte de las bacterias y reducir la aparición de cepas resistentes.

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