¿Conoces qué es la resiliencia?

La resiliencia es un conjunto de pensamientos y actitudes que podemos aprender y desarrollar para conseguir adaptarnos y superar situaciones adversas.
¿Conoces qué es la resiliencia?
Bernardo Peña

Revisado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña.

Escrito por Gema

Última actualización: 17 mayo, 2022

La resiliencia puede definirse como una capacidad, una habilidad o una virtud. En cierto modo, tiene que ver con nuestra fortaleza en un sentido no físico, sino moral, espiritual o emocional. O más bien, es lo que nos permite encontrar y sacar fuerzas dentro de nosotros mismos.

¿Cómo se enfrenta la gente a las situaciones difíciles? ¿Cómo superamos la muerte de un ser querido o la pérdida de un trabajo? La respuesta a por qué nos adaptamos, incluso en casos tan complicados, se llama resiliencia.

¿Qué es la resiliencia?

Si te preguntas qué es la resiliencia, la definición es sencilla: es la capacidad de afrontar y superar las adversidades, y lograr adaptarse ante las tragedias, los traumas, las amenazas o el estrés severo.

Ser resiliente no significa que la persona no experimente dificultades o angustias. O que sea indiferente. Cierto es que todos en algún momento de nuestras vidas sentimos tristeza, incertidumbre, malestar o dolor, ya sea físico o emocional.

Sin embargo, reaccionamos de diversas maneras ante ello: nos abatimos, nos molestamos, nos deprimimos. Pero, aun a pesar de todos los obstáculos que se presenten y el gran impacto que tengan las situaciones en cada persona, seremos resilientes si somos capaces de sobreponernos y adaptarnos.

Por otra parte, la resiliencia no es algo que simplemente tenemos o no; de hecho, se considera que todos podemos ser resilientes, en mayor o menor medida. Más bien, engloba un conjunto de pensamientos, emociones y conductas que pueden ser desarrolladas por cualquier persona.

No obstante, no todo depende de la propia persona, ya que el apoyo emocional es uno de los factores más importantes en relación con la resiliencia. Es decir, el tener cerca de nosotros a personas que nos proporcionan cariño, apoyo y confianza puede hacernos mucho más resilientes.



¿Cómo son las personas resilientes?

Gato jugando

Lo más resaltante de una persona resiliente es su forma de pensar. En tal sentido, sus características fundamentales son:

  • acepta la realidad tal cual es, a la vez que tiene un pensamiento flexible;
  • tiene una visión positiva de sí, confiando en sus fortalezas y debilidades;
  • ve los problemas como retos a superar y no como posibles amenazas;
  • tiene inteligencia emocional, por lo que sabe controlar los impulsos y emociones;
  • cree que la vida tiene un sentido.

Además, puede presentar otras habilidades como:

  • capacidad para mejorar,
  • hace planes y se plantea metas realistas,
  • manifiesta empatía,
  • habilidades en la comunicación y manejo de conflictos,
  • sabe identificar las causas de los problemas,
  • tiene autoconfianza y autoeficacia.

Hábitos de las personas resilientes

Aparte de estas características o cualidades antes mencionadas, las personas resilientes practican una serie de hábitos; entre ellos cabe mencionar:

  • Son perseverantes y tenaces, pero cuando las cosas no funcionan de una manera, intentan otras;
  • Practican la autoexploración y reflexión, por lo cual son conscientes tanto de sus potencialidades como de sus limitaciones;
  • Se enfocan más en el presente, en cómo superar las situaciones, y en el futuro, con respecto a dónde quieren llegar, antes que lo que causó el problema en el pasado;
  • Hacen lo que pueden, y si no, buscan ayuda;
  • No se encierran en sí mismos, sino que exteriorizan lo que les preocupa, ante quien pueda brindarles apoyo;
  • Se concentran y practican el hábito del mindfulness o conciencia plena;
  • No buscan culpabilizar o responsabilizar a otros de las situaciones que atraviesan;
  • No se quejan de la mala suerte ni se preguntan: “¿por qué a mí?”
  • Extraen un aprendizaje de cada situación, cuando corresponde;
  • Aceptan cuándo tienen que cambiar;
  • Disfrutan de los pequeños detalles de la vida;
  • Ríen cuando hay que reír, y lloran cuando hay que llorar;

¿Cómo desarrollar la resiliencia?

La resiliencia no es algo que tengamos algunos y otros no, como se mencionó, sino que puede ser aprendida. ¿Cómo? A continuación, veremos algunos consejos para ello.

1. Establecer relaciones

Ya hemos señalado que el apoyo emocional es uno de los factores más importantes, que nos ayudarán a que seamos más resilientes. Tener buenas relaciones con los demás, aceptando la ayuda que nos ofrecen, así como ayudar a quien lo necesita, fortalece la resiliencia.

Al relacionarnos con otros, obtendremos retroalimentaciones positivas, para fortalecer la confianza en nosotros mismos; además, algunas veces los demás pueden ayudarnos ver un camino o una solución, cuando estamos bloqueados.

2. Pensamiento constructivo

No podemos evitar que ocurran eventos amenazantes o que produzcan mucha tensión; pero sí podemos cambiar nuestra manera de interpretarlos y reaccionar ante ellos, sabiendo identificar las oportunidades que hay detrás.

Esto significa aprender a ver los problemas como retos a superar, desde una perspectiva amplia, pensando que tenemos la capacidad suficiente de afrontarlos y encontrar posibles soluciones.

3. Aceptar los cambios

Debemos aceptar que el cambio es parte es fundamental de la vida. Nada permanece igual por mucho tiempo. Sin esa comprensión, el proceso de adaptación se estancaría.

4. Confiar en las propias capacidades

No sabemos de lo que somos capaces hasta que lo intentamos; incluso es posible que nos sorprendamos de todo lo que podemos lograr. Pero la única forma de descubrirlo, es intentarlo.

5. Conocer los límites

No obstante lo antes dicho, también debemos explorar y conocer a fondo las propias capacidades. Así podremos plantearnos metas que nos lleven al siguiente nivel, pero que al mismo tiempo sean realistas.

El autoconocimiento es el punto de partida. En este sentido, es interesante reflexionar en lo que dice la frase: “La curiosa paradoja es que, cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar.”

6. Aprender en todo momento

Muchas veces tras superar un acontecimiento estresante o una adversidad, experimentamos un gran crecimiento personal. Siempre aprendemos algo nuevo acerca de nosotros mismos, de las situaciones y de la vida en general.

Ante los errores tenemos dos opciones: quedarnos lamentando por lo que pasó; sacar lecciones de errores propios, e incluso de los ajenos, ya que también tenemos la inteligencia para ello. Esto a su vez ayudará a prevenir futuros problemas.

7. Tener metas y objetivos

Debemos proponernos objetivos pero también actuar, no quedarnos esperando que las cosas pasen. Tenemos las cualidades para alcanzar nuestras metas. Luchemos por ellas. Son las oportunidades para descubrir y mostrar todo nuestro potencial.

8. Celebrar los logros

Por pequeños que sean nuestros triunfos, debemos congratularnos y alegrarnos de haberlos alcanzado. Sin envanecernos, más bien con humildad, reconocemos lo que somos, lo que podemos y lo que logramos. Esto es bueno para fomentar la autoestima.

Beneficios de la resiliencia

Hay otras formas para desarrollar nuestra capacidad de resiliencia, sólo tenemos que identificar aquellas actividades que nos permitan construir nuestra estrategia personal para desarrollarla.

Ahora bien, la resiliencia nos aporta diversos beneficios, tanto en la vida personal, como familiar y social en general. Así, al controlar los impulsos y emociones, incluso en situaciones difíciles, evitaremos conflictos y tendremos mejor relación con los demás.

Por la misma razón, nuestro desempeño, ya sea laboral o académico, se verá menos afectado, que lo que sucedería si nos dejamos abatir por los problemas.

Incluso, actuando de esta manera, es decir, mostrando fortaleza ante las dificultades, seremos ejemplo para otros, lo que los ayudará a salir de situaciones de apatía, frustración o desánimo.

Por último, las dificultades pueden ser una oportunidad para reinventarnos, pero la resiliencia es el motor para ello. Por lo tanto, esta actitud es determinante, y marca la diferencia entre lo que es un fracaso o un nuevo comienzo.

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Imagenes cortesía de Aaron shaver y François Vigneron