Cor pulmonale: riesgos, causas y síntomas

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica es una de las principales causas de esta condición. Pero hay varias más. Te contamos las consecuencias de esta patología.
Cor pulmonale: riesgos, causas y síntomas
Diego Pereira

Escrito y verificado por el médico Diego Pereira el 05 febrero, 2021.

Última actualización: 05 febrero, 2021

El cor pulmonale es una condición caracterizada por daño en la parte derecha del corazón como consecuencia de patologías pulmonares graves. Tiende a provocar retención de líquido y dificultad respiratoria progresiva.

Las opciones terapéuticas son muy limitadas, ya que es necesario resolver el problema subyacente. Si quieres conocer un poco más sobre esta interesante condición te invitamos a leer el presente artículo.

¿Qué síntomas se presentan?

Estos dependen de la gravedad de la enfermedad y son el producto tanto de la patología pulmonar subyacente como de las lesiones cardíacas asociadas. Por lo tanto, es habitual que se presente dificultad respiratoria (disnea) de aparición progresiva.

En un principio, esta puede manifestarse durante la actividad física de moderada intensidad, como caminar largas distancias o subir escaleras. En casos más graves podría incluso presentarse en el reposo.

Una vez empieza el daño cardíaco, hay hinchazón por acumulación de líquido (edema) en varias partes del cuerpo, como los miembros inferiores. La ingurgitación de las venas yugulares, situadas en el cuello, y el crecimiento del hígado (hepatomegalia congestiva) también son signos frecuentes.

Causas principales del cor pulmonale

El cor pulmonale es causado por una amplia variedad de enfermedades que afectan al correcto funcionamiento de los pulmones. Esto incluye tanto la alteración del sistema vascular como del tejido broncopulmonar.

EPOC como causa del cor pulmonale.
El EPOC es una de las causas subyacentes primordiales de cor pulmonale.

Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)

Como su nombre indica, esta patología implica daño pulmonar progresivo producto de reacciones inflamatorias constantes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo y los factores de riesgo más importantes para su desarrollo son el hábito tabáquico prolongado y la exposición a combustión por biomasa, como ocurre al cocinar con leña.

Los síntomas principales de la EPOC son la disnea, la tos productiva y la tendencia a las infecciones respiratorias. El daño pulmonar provoca menor oxigenación de la sangre, por lo que los pacientes pueden requerir oxigenoterapia permanente.

Existen varias comorbilidades asociadas, siendo el cor pulmonale una de ellas. Esto agrava el pronóstico, ya que el tratamiento de ambas condiciones es difícil.

Fibrosis quística

Se trata de una enfermedad con un fuerte componente genético que, a pesar de ser capaz de afectar varios sistemas, encuentra en el pulmonar el más relevante. Se caracteriza por un problema en las secreciones, en especial en el moco que se produce de forma natural en las vías respiratorias.

Esto aumenta la frecuencia de infecciones respiratorias fatales, como aquellas producidas por Pseudomonas aeruginosa. El daño suele ser tan evidente que, en la mayoría de las ocasiones, se diagnostica fibrosis quística en los primeros meses o años de vida.

A medida que avanza la enfermedad es común que se genere hipertensión pulmonar, lo que conlleva fallo cardíaco. Es habitual que luego de diagnosticarse el cor pulmonale aumente de forma considerable la mortalidad en los niños, tal y como indican los estudios.

Esclerodermia

Este término se utiliza para describir a un conjunto de trastornos que provocan fibrosis y fallas progresivas en casi cualquier órgano. La fibrosis es un proceso de reparación que genera tejidos sin una función específica.

Las reacciones dermatológicas son las más frecuentes, a pesar de que el pulmón es uno de los órganos internos más afectados. Esto produce una enfermedad pulmonar intersticial difusa y, al igual que en el caso anterior, también conlleva hipertensión pulmonar.

Desde un punto de vista epidemiológico, la esclerodermia suele afectar a mujeres en edades comprendidas entre los 30 y los 50 años. A pesar de que no existe una cura definitiva, el tratamiento está dirigido a aliviar los síntomas y reducir los fenómenos inflamatorios asociados.

¿Cómo se diagnostica el cor pulmonale?

Los médicos utilizan una combinación de elementos clínicos y paraclínicos para hacer el diagnóstico. Desde un punto de vista anatómico, las lesiones cardíacas en el cor pulmonale afectan a una cavidad llamada ventrículo derecho y se denominan hipertrofia y dilatación.

La primera implica un aumento del grosor de las paredes de la cavidad, mientras que la segunda se refiere a un aumento del tamaño del ventrículo.

Estas pueden ser sospechadas mediante una radiografía simple de tórax y un electrocardiograma. Después se confirma con un ecosonograma o una resonancia magnética nuclear.

La hipertensión pulmonar que se produce de forma inicial se confirma mediante un cateterismo cardíaco derecho. Esta técnica consiste en introducir una sonda delgada a través de una vena en la región inguinal, el cuello o el brazo. Se desplaza hasta llegar a la parte derecha del corazón para medir su presión.

Tratamientos disponibles

Uso de oxígeno domiciliario en paciente pediátrico con cor pulmonale.
El requerimiento de oxígeno en esta condición es variable, pero puede iniciarse desde la infancia en la fibrosis quística, por ejemplo.

La terapia es complicada en la mayoría de los pacientes, lo que explica la elevada mortalidad asociada. Como el cor pulmonale es una patología secundaria a otra condición, el abordaje más efectivo implica eliminar o disminuir aquellas alteraciones que estén provocando el daño cardíaco. Esto puede llegar a ser imposible en casos graves, a menos que se realice un trasplante pulmonar.

Dependiendo del contexto clínico del paciente pueden administrarse algunos medicamentos para aliviar los síntomas relacionados con la retención de líquido. Los fármacos diuréticos son útiles, aunque existen algunas contraindicaciones que el médico debe valorar.

Si bien la hipertensión pulmonar puede tratarse con varios medicamentos (como los vasodilatadores pulmonares), estos no suelen ser efectivos para las enfermedades que generan el cor pulmonale como complicación.

Prevención del cor pulmonale

Para prevenir esta complicación basta con evitar los factores de riesgo de las patologías pulmonares. Algunos hábitos efectivos son los siguientes:

  • Eliminar de forma progresiva la adicción al tabaco.
  • No cocinar con leña.
  • Evitar la exposición ocupacional a sustancias tóxicas como sílice, asbesto y berilio.

El cor pulmonale es una condición grave que requiere evaluación médica oportuna. En caso de presentar cualquiera de los síntomas antes mencionados, es recomendable acudir con un especialista cuanto antes. Los cardiólogos son los profesionales indicados para ello.

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