Crisis epilépticas: cómo actuar

08 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto
Las crisis epilépticas, especialmente si son severas, requieren de ayuda externa para evitar que la persona afectada se golpee y ayudarle a que pueda respirar correctamente.

Las crisis epilépticas son alteraciones paroxísticas que se dan en una persona de forma brusca e inesperada. Por lo general, su final es rápido. Se deben a una actividad anormal de las neuronas que se manifiesta súbitamente, de forma breve y transitoria.

Lo más característico de estas crisis es que comienzan repentinamente y duran unos pocos segundos o minutos, a veces. Mientras se desarrolla el episodio es posible que la persona pierda el conocimiento y que haga movimientos rítmicos, bruscos e involuntarios. También es posible que la persona permanezca consciente de todo lo que le pasa durante toda la crisis.

Según la Organización Mundial de la Salud, hay alrededor de 50 millones de personas con epilepsia en el mundo y el 70 % de ellas podría vivir sin convulsiones si se diagnosticara y tratara adecuadamente la enfermedad.

Tipos de crisis epilépticas

neuronas y crisis epilépticas

Las crisis epilépticas se dividen en dos grandes grupos:

  • Generalizadas: son las que afectan a los dos hemisferios del cerebro, desde el inicio hasta el final de la crisis.
  • Parciales o focalizadas: son aquellas en las que el inicio de actividad bioeléctrica se da solamente en una zona específica del cerebro, pudiendo extenderse luego a todo este órgano.

Crisis epilépticas generalizadas

Las crisis generalizadas, a su vez, se subdividen en varias clases:

  • Tónico clónicas: son las más comunes. Su inicio está marcado por rigidez en las extremidades -fase tónica- y a esto siguen fuertes sacudidas del cuerpo -fase clónica-. Durante estas fases pueden darse mordidas de la lengua, caídas bruscas y relajación y pérdida del control de esfínteres.
  • Mioclónicas: se caracterizan por contracciones rápidas y breves de los músculos, a ambos lados del cuerpo. La persona puede sufrir caídas bruscas o dejar que se le caigan cosas de las manos. Muchas veces se las confunde con simple torpeza y, por ello, son de diagnóstico tardío.
  • Crisis generalizadas atónicas: causan pérdida brusca del tono muscular. Son repentinas y provocan, por lo general, que la persona se desplome.
  • Crisis de ausencia: consisten en la pérdida repentina de la conciencia, durante la cual, la persona abandona la actividad que está haciendo y queda con la mirada perdida.

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Crisis epilépticas parciales

Las crisis epilépticas parciales simples son muy comunes. Se dan con pérdida del conocimiento y, dependiendo del lugar del cerebro en donde se haya originado, los síntomas varían. Pueden ser:

  • Motoras: con movimientos involuntarios del cuerpo.
  • Gelásticas: risa incontrolada.
  • Sensoriales: alucinaciones visuales, auditivas, etc.
  • Psíquicas: pensamientos extraños.

Las crisis parciales complejas también generan pérdida de la conciencia. Mientras se desarrollan, puede que la persona no responda a estímulos o lo haga de forma incoherente.

A veces, el cuerpo hace movimientos automáticos como chupeteos, intentos de tragar o masticar, frotación de manos, etc. Al finalizar, la persona permanece confundida varios minutos.

Por último, existe un tipo de crisis conocido como parcial con generalización secundaria. Se trata de crisis epilépticas que comienzan focalizadas en un sector del cerebro, pero que tienden a propagarse por todo el órgano y se convierten en generalizadas.

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Cómo actuar frente a una crisis epiléptica

hombre con epilepsia

Cuando una persona sufre una crisis epiléptica es posible ayudarla. Lo primero que se debe hacer es conservar la calma. Luego, se deben quitar del alcance de la persona todos aquellos objetos con los que puede lastimarse: muebles con aristas filosas, jarrones, tijeras, etc.

Si se ha desplomado, se le debe colocar algo blando bajo su cabeza, para que no se golpee contra el suelo. Una vez realizadas estas acciones, se recomienda aflojarle las prendas de alrededor del cuello, como corbatas, cuellos de camisa, etc. Después, hay que colocar de lado el cuerpo para que pueda respirar sin dificultad.

Es importante observar la duración de la crisis epiléptica, que normalmente va de dos a tres minutos. Mientras dura la crisis, hay que permanecer al lado de la persona afectada y controlar que vuelva en sí cuando concluya. Es importante chequear que se recupere gradualmente, sin ejercer presión y dejándole descansar.

No se debe buscar inmovilizar a la persona, ni introducir ningún objeto o los dedos en su boca. Tampoco es necesario practicar respiración boca a boca. En general, las crisis duran pocos minutos y no requieren hospitalización. En caso de que dure más de cinco minutos, se debe buscar atención médica urgente.

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