¿Cuáles son las causas y consecuencias del agotamiento mental?

Cuando vivimos altos niveles de estrés de forma prolongada, llega el agotamiento mental y sus consecuencias para la salud. Te contamos más al respecto.
¿Cuáles son las causas y consecuencias del agotamiento mental?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 10 septiembre, 2022

No solo el cuerpo se cansa. La mente, si se ve sometida a demasiadas exigencias durante un tiempo prolongado, también llega a saturarse. Cuando esto sucede, dejamos de rendir adecuadamente, nuestro estado de ánimo y nuestras relaciones se ven afectados, y perdemos calidad de vida. Este agotamiento mental está presente en una gran parte de la población, por lo que es imperativo aprender a reconocerlo y abordarlo adecuadamente.

Este estado de estrés, de desborde y de agotamiento es tan común que podemos llegar a normalizarlo. ¿Cómo no vamos a sentirnos cansados e irascibles con el ritmo de vida que llevamos? Sin embargo, las consecuencias para la salud de permanecer en esta dinámica pueden ser devastadoras. Desde obesidad, cefaleas o problemas cardiacos hasta una amplia variedad de enfermedades relacionadas con un sistema inmune debilitado.

Si sospechas que estás llegando al límite de tus posibilidades mentales y emocionales, que tu organismo te pide calma, te invitamos a seguir leyendo. 

¿Qué es el agotamiento mental?

¿Cuáles son las causas y consecuencias del agotamiento mental?
Los niños también pueden padecer agotamiento mental.

El agotamiento mental es un estado de desgaste psicológico al que llega una persona tras haber estado sometida a altos niveles de estrés de forma prolongada. Tengamos en cuenta que el estrés aparece cuando valoramos que las exigencias ambientales sobrepasan nuestros recursos para hacerles frente. De este modo, el agotamiento mental surge sentimos que venimos arrastrando un sobreesfuerzo desde hace tiempo y ya no damos más de nosotros mismos.

Como decíamos, identificar que estamos psicológicamente exhaustos no es sencillo porque hemos normalizado este tipo de estados. Aún así, estos son algunos de los síntomas que aparecen y a los que debemos prestar atención:

  • Grandes dificultades para concentrarse y prestar atención. La mente está dispersa y pueden darse olvidos y distracciones frecuentes.
  • Alteraciones en el sueño y en el apetito. Puede producirse insomnio o, por el contrario, una excesiva necesidad de descansar. Del mismo modo, la persona puede sentir que tiene el estómago cerrado o, por el contrario, comer mucho más de lo necesario.
  • El estado de ánimo suele ser irritable, impaciente e, incluso, agresivo en ocasiones. Cualquier pequeña dificultad nos desborda y nos saca de nuestro centro porque ya estamos al límite.
  • Aparece la apatía, la desgana y la desmotivación. Ya no disfrutamos de las cosas cotidianas ni dedicamos momentos a los placeres e intereses que antes teníamos.
  • Es común que surjan síntomas físicos como migrañas, contracturas musculares, palpitaciones o problemas digestivos.
  • Si la situación se prolonga, aumenta el riesgo de padecer trastornos de ansiedad y del estado del ánimo.


¿Por qué se produce el agotamiento mental?

¿Cuáles son las causas y consecuencias del agotamiento mental?
El trabajo es una de las principales causas de agotamiento mental, junto con la situación financiera personal o familiar.

El agotamiento mental tiene diversas causas y. en la mayoría de los casos, confluyen varias de ellas. Si se produce en niños y jóvenes, la exigencia académica puede tener mucho que ver.

Una gran carga de tareas y estudio, una dificultad para comprender y avanzar al ritmo esperado o un excesivo enfoque en las calificaciones pueden pasar factura. Igualmente, si la rutina diaria está repleta de actividades (academias, extraescolares, talleres…), la mente puede llegar a saturarse.

En adultos, el trabajo es una de las principales fuentes de estrés. Jornadas laborales excesivamente largas, gran exigencia en el puesto de trabajo, asumir demasiadas tareas y responsabilidades, y no desconectar al terminar son algunos de los puntos más importantes.

A todo esto, hemos de sumar una posible inestabilidad económica que también hace mella en la salud emocional. Si no estamos seguros de poder conservar nuestro puesto o el salario no alcanza para cubrir las necesidades, la carga mental de preocupaciones es continua.

Por otro lado, las relaciones personales también pueden contribuir a esta situación. Si vivimos en entornos tensos, con conflictos constantes con familiares o nuestra pareja, esto nos sobrecarga emocionalmente. Aún más puede aparecer este agotamiento mental, si tenemos un familiar enfermo a nuestro cargo. El bien estudiado «síndrome del cuidador» genera un burnout que resulta devastador.



Por último, cabe mencionar que no siempre son los eventos reales los que nos sobrepasan, sino nuestra propia forma de gestionarlos. Hay personas que viven sumamente ancladas en el pasado o constantemente ansiosas por el futuro, que han hecho de la preocupación una compañera inseparable. Es importante que sepamos cuidar y regular nuestros pensamientos y emociones pues, de lo contrario, estaremos incrementando notablemente nuestra carga mental.

Cómo superar esta dinámica

Como hemos visto, el agotamiento mental tarde o temprano pasa factura a al salud física y emocional. Así, si te has visto identificado en las anteriores situaciones, te proponemos algunos pasos que puedes dar para comenzar a cuidarte:

  • Reduce, en lo posible, tu carga diaria de trabajo y obligaciones. Hay ciertos aspectos ineludibles pero, en otros casos, aprender a delegar, pedir ayuda y confiar en otros puede liberarnos enormemente.
  • Reserva un tiempo para el ocio y el disfrute cada día. Prioriza este espacio tanto como lo haces con tus obligaciones. Dedica este tiempo a cuidarte, a ese hobby que tanto te gusta, a conversar con tus amigos o, simplemente, a darte un baño relajante o a leer un buen libro. El descanso, la diversión y el silencio son tan necesarios como el trabajo.
  • Busca una práctica que te ayude a serenarte, a desconectar del exterior y a volver a conectar contigo. Puede ser a través de la meditación, unos ejercicios de respiración, un deporte o una clase de baile. Si esta actividad escogida forma parte de tu rutina, ayudará a reducir tus niveles de estrés.
  • Aprende a ocuparte en lugar de preocuparte. Evita caer en la rumiación mental y, por el contrario, toma las acciones que estén en tu mano para mejorar una situación.
  • Cuida tus hábitos de vida. Aunque no lo parezca, una alimentación saludable es fundamental para que el cuerpo obtenga todos los nutrientes necesarios y pueda funcionar adecuadamente a nivel físico, cognitivo y emocional. Igualmente, huye del sedentarismo y procura moverte más. Y, por último, cuida tu sueño y descansa cada día las horas necesarias. De nuevo, no contemples esto como una opción sino como un compromiso que tienes que asumir contigo.

Por último, si las anteriores pautas no son suficientes, o si no eres capaz de llevarlas a cabo por ti mismo, contacta con un profesional. Si no realizamos ajustes, el estrés y el agotamiento mental únicamente se incrementan y sus efectos perjudiciales se acumulan. Busca ayuda para aprender a gestionar tu tiempo y tus pensamientos de una mejor manera.

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