Cuando el estrés infantil es provocado por la prisa de los padres

Thady Carabaño·
11 Marzo, 2021
Este artículo ha sido verificado y aprobado por Psicología Bernardo Peña al
19 Febrero, 2019
La vida acelerada de los padres, el afán por que superen las distintas etapas de desarrollo más deprisa y las sobreexigencias para que obtengan resultados excelentes hacen que los niños sufran de síntomas de estrés.

Desde que está en el útero, el bebé siente el estrés de su madre. Crecemos y vivimos muy deprisa. Salimos, llegamos, exigimos, no paramos… De esta misma manera, imponemos ese ritmo acelerado a nuestros hijos, lo que puede generar el estrés infantil.

Los padres tenemos prisa y exigimos a los más pequeños. Queremos que rápido aprendan a dormir solos, que controlen sus esfínteres y sus emociones, que hablen y caminen, que se adapten asistir a la escuela…

Con la misma prisa exigimos que obtengan excelentes calificaciones, que tengan buenas relaciones interpersonales y desempeño brillante en una apretada agenda de actividades extracurriculares. El estrés infantil es la respuesta del organismo ante tantas demandas que no se pueden satisfacer.

¿Qué es el estrés infantil?

Niño llorando porque sufre estrés infantil.

Los niños están sometidos a un nivel de exigencia que, por su intensidad y duración, perturba su equilibrio. Ellos tienen que hacer un esfuerzo extraordinario para adaptarse y afrontar esa presión. Sin embargo, muchos niños no lo logran y, entonces, sufren de estrés.

El estrés infantil puede estar motivado por diferentes causas. Algunas, ciertamente abrumadoras, como vivir catástrofes naturales, conflictos bélicos o sufrir desgracias personales, como la muerte de un progenitor o ser víctima de abuso sexual.

Pero en otros casos el estrés infantil también se puede originar a partir de tareas rutinarias o etapas evolutivas de la vida cotidiana que generan tensión emocional o malestar. En este sentido, se cree padres estresados crían a sus hijos con el mismo nivel de estrés,

Aunque sí se puede afirmar, según este estudio publicado en la revista Suma psicológica, que los progenitores con mayor nivel de estrés tiene relaciones menos afectuosas con su hijos y que estos manifiestan un estilo de apego inseguro.

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¿Cuáles son los síntomas del estrés infantil?

La niñez es una etapa de muchos cambios. Bebés y niños se adaptan a ellos, se desarrollan, van superando cada etapa de su crecimiento… No obstante, en ocasiones la presión extra que ejercen los padres les lleva a sentirse estresados, por lo que presentan diversos síntomas.

1. Síntomas en niños menores de 5 años

Si el bebé llora después de alimentarse puede deberse a problemas en la alimentación o la lactancia.

  • Irritabilidad constante.
  • Llantos frecuentes.
  • Dificultades en el habla.
  • Deseos de estar siempre en brazos de los padres para mitigar el malestar.
  • Retroceso hacia conductas más infantiles, como orinarse en la cama o succionar el dedo.
  • Miedos exagerados (a la oscuridad, a los animales, al separarse de los padres…).

2. Síntomas en niños mayores de 5 años

  • Muestra agresividad.
  • Pérdida de concentración.
  • Cansancio, pereza o dejadez.
  • Pesadillas y euneresis nocturna.
  • Se queja de dolores y molestias físicas.
  • Comportamiento apático o de rechazo.
  • Irritabilidad, mal humor y llantos sin motivos.
  • Modificaciones o problemas en su alimentación o sus horarios.
  • Bajo rendimiento en las actividades de su rutina diaria y desmotivación.
  • Cambios en sus hábitos de estudio o en los resultados de sus calificaciones.

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¿La prisa de los padres genera el estrés infantil?

El ritmo de vida de los padres, con horarios incompatibles para equilibrar la vida personal y familiar con la profesional, impacta de forma importante en la vida y el bienestar de los hijos. Los padres llevan un estilo de vida acelerado que vulnera no solo el ciclo natural que conlleva cada etapa del desarrollo físico, mental y emocional de sus hijos, sino que además no respeta las particularidades de cada niño.

Los padres siguen fórmulas de crianza y presionan a los niños para que se adapten a ellas. Se quiere acelerar el tiempo que necesita el pequeño para regular sus ciclos de sueño, para dominar el control de sus esfínteres o para gestionar sus emociones.

A ello se suma luego el estrés que se deriva de la vida escolar. Los horarios rígidos, las enormes distancias que recorren los niños entre el hogar y los centros educativos o de cuidado, el miedo al fracaso, el bullying o acoso escolar, los resultados de excelencia que exigen los padres y el volumen de tareas, alimentan el estrés infantil.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

Empatía familiar.

La primera recomendación es, por supuesto, es bajar el nivel de intensidad. Los padres debemos hacer el esfuerzo de ayudar a los niños a no verse afectados por el estrés de los adultos.

El estrés infantil puede repercutir en la salud general tanto del niño como del adulto que será en el futuro. Algunos adultos con enfermedades cardíacas y diabetes acusan haber sufrido de estrés durante su niñez. Las recomendaciones básicas para prevenir y aliviar el estrés infantil son:

  • En los estados de ansiedad o periodos de estrés, tienes que dar el mejor ejemplo de control. Eres el modelo que seguirá tu hijo para responder ante los factores estresantes que le afecten.
  • Cultiva actitudes como la paciencia, la alegría, la tranquilidad, la calma y la capacidad reflexiva. Ello ayuda al niño a contar con más recursos para evitar estados de estrés.
  • Comparte con tus hijos la solución de problemas cotidianos y familiares. De esta manera, promueves una visión realista y optimista ante las dificultades.
  • Escucha y valora las opiniones de tus hijos. Si ya presentan síntomas de estrés, es fundamental abrir los canales de comunicación.
  • Conoce qué opiniones tienen sobre las actividades y tareas que realizan en su vida escolar y extraescolar.
  • Respeta las particularidades de cada niño. Evita las comparaciones con sus hermanos y otros pequeños. Valora sus capacidades y destrezas.

En definitiva, tu hijo es valioso por sí mismo. Evita que sienta que es respetado, valorado o amado solo porque tiene un desempeño excelente. Tu amor y respeto responden a otras razones.

Asimismo, evita exigir más de lo que el pequeño es capaz de dar o conseguir. Conoce y respeta a tu hijo tal y como es, no seas tú su fuente de estrés infantil.