Dolores de crecimiento en niños: ¿son normales?

El dolor de crecimiento en los niños puede ser algo totalmente benigno y pasajero o un síntoma que enmascare otras patologías, como la artritis juvenil. Te lo explicamos.
Dolores de crecimiento en niños: ¿son normales?
Leonardo Biolatto

Escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto el 27 junio, 2021.

Última actualización: 27 junio, 2021

Los dolores de crecimiento en niños son una situación muy frecuente. Tienden a aparecer en las piernas, ya sea en los muslos, las pantorrillas o en la parte posterior de las rodillas. Además, suelen afectar a ambas extremidades.

Estos dolores son más frecuentes durante la noche. Por eso, a veces interfieren con el descanso del pequeño.

La cuestión es que, a día de hoy, no se sabe con exactitud la causa de estos dolores de crecimiento en niños. Tampoco se ha establecido un tratamiento como tal. No obstante, existen una serie de aspectos y medidas que se pueden realizar para disminuir el impacto que tienen en la calidad de vida.

¿Son frecuentes los dolores de crecimiento en niños?

Los dolores de crecimiento en niños son muy frecuentes. Tanto es así, que se estima que afectan a entre el 25 % y el 40 % de los infantes.

Además, estas molestias suelen tener una intensidad y una frecuencia mayor en dos períodos diferentes. La mayoría las experimenta por primera vez entre los 3 y 5 años de edad. Entre los 8 y los 12 años también es común que aparezcan.

No obstante, lo cierto es que en la mayoría de los casos no significan nada grave. Es decir, son algo benigno y autolimitado a esas etapas del desarrollo.

Síntomas relacionados

Los dolores de crecimiento en niños suelen responder a unas características específicas. Según explican los especialistas de la Clínica Mayo, es típico que aparezca una sensación de palpitación en las piernas.

Esta sensación o dolor afecta a la parte delantera de los muslos, por detrás de las rodillas o las pantorrillas. Lo habitual es que sucede en las dos piernas a la vez. Además, es intermitente y no tiene por qué presentarse todos los días.

Es posible que se acompañe de cefalea o molestias abdominales. La mayoría de los niños suelen experimentarlos al final de la tarde o durante la noche. En algunos casos, el paciente se despierta debido al dolor. Por eso no descansa de forma adecuada.

Niño que duerme bien.
El descanso nocturno puede interrumpirse por los dolores de crecimiento, lo que afectará el rendimiento escolar.

¿Cuál es la causa de los dolores de crecimiento en niños?

Por desgracia, los dolores de crecimiento en niños aún son de causa desconocida. De hecho, a pesar de ser tan frecuentes, no hay ninguna evidencia científica de que el desarrollo mismo cause el dolor.

Como es más frecuente durante la noche, se piensa que podría haber relación con el síndrome de las piernas inquietas. Este es un trastorno que consiste en una necesidad incontrolable de mover las piernas, debido a una sensación de incomodidad. También se vincula a actividades intensivas durante el día con las piernas, como correr o saltar.

Diagnóstico y tratamiento

No existe ninguna prueba específica que permita diagnosticar los dolores de crecimiento en niños. Lo más orientativo para el médico es la historia clínica, la definición de los episodios y la edad del niño.

No obstante, es posible que se realicen una serie de métodos complementarias para descartar que haya alguna patología causante de base. Las más empleadas son las radiografías y los análisis de sangre.

Mediante la radiografía se puede comprobar el estado de los huesos. Así, se localizar o descartar alguna fractura o lesión. El análisis de sangre revela parámetros alterados que orienten hacia otra causa.

Tampoco existe ningún tratamiento concreto para paliar las molestias. Lo que se suele recomendar es esperar, ya que tienden a desaparecer en cuestión de 1 o 2 años. Además de mitigarse de forma progresiva.

Estilo de vida y remedios caseros

Según explica una publicación de la Clínica Cleveland, los dolores de crecimiento en niños pueden aliviarse con algunas medidas sencillas. Parece que realizar masajes suaves sobre las extremidades puede mejorar las molestias.

También es importante tratar de calmarlos durante los episodios agudos. Por ejemplo, abrazándolos o meciéndolos. Realizar estiramientos durante el día podría ayudar a prevenir la aparición del problema en la noche.

Algunos médicos recomiendan emplear mantas térmicas sobre los músculos que más duelan. Lo ideal es colocarlas una hora antes de que vaya a dormir el niño y retirarla durante el descanso.

En algunos casos, si el dolor persiste, puede ser beneficioso darle al niño medicamentos analgésicos. Por ejemplo, fármacos como el ibuprofeno. No obstante, hay que usarlos con cuidado y consultando siempre con el pediatra.

Posibles condiciones relacionadas con el dolor de crecimiento en niños

Si bien es cierto que los dolores de crecimiento en niños son algo habitual, siempre es importante descartar que la molestia no obedezca a otras causas o patologías. Por ejemplo, a la artritis juvenil.

También podría ser importante descartar afecciones como el lupus, la esclerodermia o los tumores. El diagnóstico diferencial debe realizarse en función de todos los síntomas que presente el niño y sus antecedentes familiares.

Por otra parte, se suele investigar si el niño presenta algún trastorno del crecimiento. Por ejemplo, una aceleración o un enlentecimiento. En el primer caso, puede haber un tumor en la pituitaria que genere un exceso de hormona de crecimiento. El crecimiento lento también suscita sospechas sobre alteraciones hormonales o factores genéticos.

Niña con dolor en rodilla.
El dolor en las rodillas es la localización habitual de las molestias de crecimiento en los pequeños.

¿Cuándo debo visitar a un médico?

Lo ideal es consultar siempre con el pediatra cualquier duda que surja al respecto. No obstante, está especialmente indicado si el dolor persiste por la mañana o si interfiere con las actividades cotidianas. Por ejemplo, si impide descansar y esto afecta a su rendimiento o a sus relaciones.

Lo mismo sucede con otros síntomas, como el enrojecimiento de alguna zona, la fiebre, la fatiga constante o la debilidad. No debe subestimarse la cojera y las erupciones cutáneas.

Es importante descartar que exista otra patología que pueda estar causando esas molestias. Además, hay que tener presente que los niños no fingen esos dolores.