Drusas en los ojos: qué son y cómo afectan la vista

Las drusas en los ojos pueden alterar la visión central o de los detalles. También se asocian a degeneración macular. Por eso es importante detectarlas. Te lo explicamos.
Drusas en los ojos: qué son y cómo afectan la vista
Leonardo Biolatto

Escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto el 29 diciembre, 2020.

Última actualización: 29 diciembre, 2020

Las drusas en los ojos son depósitos de residuos que se acumulan porque el cuerpo no es capaz de eliminarlos. Según en qué zona aparezcan estos acúmulos reciben el nombre de drusas maculares o drusas del nervio óptico.

Lo cierto es que son un fenómeno frecuente que se asocia a la edad. El problema es que, si son de gran tamaño o numerosas, la visión se puede ver afectada. Sobre todo la central. Por eso en este artículo te explicamos todo lo que debes saber sobre esta situación.

¿Qué son las drusas en los ojos?

Las drusas en los ojos, según explica un artículo publicado en Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología, son acúmulos de aminoácidos, hierro, calcio y ácidos ribonucleicos. El hecho de que contengan calcio hace que sean más opacas e impidan el paso de la luz hacia la retina.

Suelen tener un color amarillento. No se conoce muy bien su patogénesis, pero se sabe que las drusas maculares son más frecuentes a medida que envejecemos. No obstante, las del nervio óptico no parecen estar asociadas a este hecho.

Incluso, las drusas del nervio óptico (DNO) pueden aparecer en niños. Según explica un estudio publicado en Anales de Pediatría, en infantes no suelen causar síntomas, pero a veces provocan disminución de la agudeza visual.

¿Por qué se generan?

Como hemos mencionado, no se conoce muy bien por qué se producen las drusas en los ojos. Según explica la American Academy of Ophthalmology, la mayoría de los casos de drusas maculares están relacionados con la edad.

Por eso suelen aparecer en personas mayores de sesenta años. En estos casos, cuando los depósitos alcanzan un gran tamaño, se asocian a la degeneración macular del envejecimiento.

Además, se han detectado ciertos factores que pueden propiciar la aparición de drusas en los ojos. Parece que son más frecuentes en la raza caucásica. Del mismo modo, los niveles altos de colesterol en sangre o el tabaco pueden actuar como factor de riesgo. Por último, tener antecedentes familiares también incrementa la probabilidad.

Examen para detectar drusas en los ojos.
La acumulación de estas sustancias de desecho puede localizarse en la mácula o en el nervio óptico.

Tipos de drusas en los ojos

Las drusas en los ojos se pueden clasificar en diferentes tipos, según a qué edad aparecen, su evolución y los riesgos que conllevan. Un estudio publicado en Sociedad Española de Retina y Vítreo coloca en primer lugar a las drusas duras. Estas suelen localizarse entre el epitelio pigmentario de la retina y la membrana de Bruch. Se consideran un signo normal del envejecimiento.

Las drusas blandas se localizan en el mismo lugar que las duras. Sin embargo, sí se asocian a un mayor riesgo de desarrollar problemas oculares. Por eso se recomienda hacer seguimiento cada seis meses.

Las drusas en los ojos de tipo cuticular son más pequeñas y mayores en número. Tienden a confluir entre sí, por lo que se agrupan dando lugar a otras más grandes. Aparecen en personas jóvenes y se recomienda observarlas cada año.

Las drusas reticulares, a diferencia del resto, se localizan en el espacio subretiniano. Contienen una mayor proporción de colesterol. Este tipo supone un riesgo para la formación de lesiones neovasculares y para que aparezca degeneración macular.

Síntomas y diagnóstico de las drusas en los ojos

Las drusas en los ojos pueden producir o no síntomas. Esto depende, sobre todo, de cuántas haya y del tamaño que alcancen. Cuando hay signos es frecuente que se pierda la visión central o que aparezcan luces intermitentes en el campo de visión.

Algunas personas experimentan visión borrosa. También es posible que haya oscurecimiento, manchas negras en el campo visual o problemas al pasar de un entorno luminoso a uno más oscuro.

Para diagnosticarlas, además de la clínica, es esencial realizar un examen ocular. Lo que se hace es observar el fondo de ojo para poder comprobar el estado de la zona en torno a la retina.

Otras pruebas más específicas son la tomografía de coherencia óptica y la angiografía con fluoresceína. La primera es una técnica no invasiva que permite explorar la mácula y el nervio óptico. Se utilizan ondas de luz para obtener imágenes en corte transversal de la retina.

La angiografía con fluoresceína consiste en inyectar un contraste (fluoresceína) en una vena. Este contraste se difunde por el organismo y llega a los vasos sanguíneos de los ojos. Mediante una cámara especial se toman imágenes de los mismos. Así se aprecia si existe alguna lesión en ellos.

Otra prueba que también suele emplearse es el test de la rejilla de Amsler. Este permite evaluar la visión central. Cuando está alterada se orienta hacia un posible problema macular.

Complicaciones

Al igual que sucede con la sintomatología, las complicaciones de las drusas en los ojos van a depender, sobre todo, del número y el tamaño de las mismas. Es decir, cuántas más haya y de mayor tamaño, es más frecuente que aparezcan alteraciones en la visión.

Una de las primeras complicaciones es la atrofia del tejido retiniano. Esto perjudica a la visión central. Pero el trastorno más destacado es la degeneración macular. Es una enfermedad degenerativa que, al producirse en la mácula, también altera el campo visual central. Del mismo modo, se pierde la capacidad de observar los detalles.

Las drusas del nervio óptico, como explica un estudio publicado en los Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología, pueden dar lugar a defectos campimétricos severos.

Fondo de ojo para detectar drusas.
El fondo de ojo es la prueba inicial para buscar drusas. Luego se complementa con otros métodos.

¿Se pueden prevenir o tratar las drusas en los ojos?

Como hemos visto, gran parte de las drusas en los ojos se asocian al envejecimiento. Sin embargo, también comentamos al principio que ciertos factores, como el tabaco o el colesterol, pueden propiciar su aparición.

Por eso, llevar una vida sana, con una dieta equilibrada e incluyendo ejercicio diario es clave. De esta forma se consiguen mejorar tanto los niveles de colesterol como de glucosa en sangre, lo que protege la retina. También se recomienda utilizar gafas de sol para evitar que se produzca daño a consecuencia de la radiación ultravioleta.

El tratamiento en sí depende del tipo de drusas y de su progresión. Por ejemplo, en el caso de las blandas se recomienda comenzar un tratamiento para evitar la degeneración macular. Los medicamentos más utilizados son los fármacos antiangiogénicos que impiden la formación de nuevos vasos en torno a la retina.

Esto es beneficioso, ya que los vasos que se suelen formar son más débiles y frágiles. Por eso es frecuente que se rompan o que el líquido pase a través de ellos, provocando pequeñas hemorragias o edema en torno a la mácula.

Las drusas cuticulares y las reticulares también deben ser tratadas con antiangiogénicos. Por el contrario, en el caso de las duras lo único que se recomienda es un control rutinario, ya que ningún tratamiento parece ser eficaz.

Lo más importante que hay que tener presente sobre las drusas en los ojos es que, para poder detectarlas y tratarlas antes de que produzcan alteraciones graves de la visión, es esencial acudir al oftalmólogo.

Muchas de ellas aparecen con la edad, pero pueden tratarse para evitar que progresen. Por eso, si se detectan drusas en los ojos es esencial acudir a todos los controles que se recomiendan. En general, es suficiente con ir cada seis meses o un año.

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