¿Cuáles son las emociones básicas?

Paul Ekman catalogó a finales del siglo XX 6 tipos de emociones básicas. Hoy te exponemos cuáles son y sus características.
¿Cuáles son las emociones básicas?
Elena Sanz

Revisado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz el 10 noviembre, 2021.

Escrito por Josberth Johan Benitez Colmenares, 10 noviembre, 2021

Última actualización: 10 noviembre, 2021

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que desarrollamos de manera automática frente a eventos determinados. Están condicionadas por muchos factores, como por ejemplo tu entorno cultural, tu personalidad o tus experiencias pasadas. A pesar de esto, varios autores han catalogado algunas emociones básicas o universales que comparten todos los seres humanos.

Por supuesto, no existe un solo modelo que intenta explicar cuáles son las emociones primarias. Uno de los primeros y más famosos es el de Paul Ekman. Ekman catalogó en su momento un total de 6 emociones primarias, aunque en estudios posteriores amplió este número. Hoy te enseñamos este modelo y cuáles son las características de cada emoción.

Las emociones básicas o universales

Tal y como señala Ekman en sus trabajos, cada emoción se caracteriza por distinciones únicas y compartidas. En el primer caso, rasgos como sus manifestaciones fisiológicas y los eventos que las anteceden permiten diferenciarlas. A pesar de esto, comparten características como una ocurrencia inesperada, corta duración, inicio rápido y coherencia entre las respuestas.



Ten en cuenta que las emociones no son entes individuales. Forman parte de lo que se conoce como estados emocionales, los cuales permiten crear conexiones entre varias de ellas. A pesar de que las emociones son automáticas (no las puedes forzar o desarrollar a voluntad), Ekman propone la conciencia emocional como un método para controlarlas.

Con estas reflexiones como antesala, te presentamos las 6 emociones básicas que según el autor comparten todos los seres humanos.

1. Ira

Las emociones básicas incluyen la ira
Por más que se intente evitar, la ira es una emoción básica que solo puede controlarse. Se presenta de forma natural desde la infancia temprana.

Aunque a veces tratemos de ocultarla o menospreciarla, la ira es una emoción universal. También es una de las emociones primarias más poderosas que existen. La ira se manifiesta a través de sentimientos como la irritabilidad, la frustración, la hostilidad o el resentimiento.



Esta emoción desencadena una serie de reacciones fisiológicas internas y externas que permiten diferenciarla. Por ejemplo, cuando estás iracundo, tu presión sanguínea se eleva, tu ritmo cardíaco aumenta y el cuerpo produce adrenalina. Esto último es interesante, y es lo que ha llevado a asociar esta emoción con un mecanismo de defensa (respuesta de lucha y huida natural).

En cuanto a sus respuestas externas, destacamos el ceño fruncido, la postura rígida, el aumento del tono de voz, el enrojecimiento del rostro, la mirada penetrante y las acciones violentas como golpes. La ira es una manifestación natural, incluso podemos catalogarla como saludable. Cuando se desarrolla de forma descontrolada puede ser peligrosa para los demás o para el propio individuo.

2. Sorpresa

La sorpresa es otra de las emociones básicas definidas por Ekman. La desarrollamos ante situaciones inesperadas o imprevistas, y no siempre se relaciona con un aspecto positivo. De hecho, existen tres posibles manifestaciones de esta emoción: neutral, agradable y desagradable.

Esta distinción es muy importante, ya que la mayoría de las personas la asocian con la alegría o la felicidad. Sin embargo, un evento inesperado que ocasione desagrado o miedo también es una manifestación de sorpresa. Entre sus características fisiológicas externas destacamos:

  • Elevación de las cejas.
  • Apertura total de los párpados.
  • Caída leve de la mandíbula.
  • Reacción gestual que acompaña la situación (puede ser un espasmo, un salto, un grito o demás).

Esta emoción se caracteriza por ser la más corta de todas. Por lo general la manifiestas durante una fracción de segundos, luego de los cuales desarrollas sentimientos complementarios (alegría, miedo y demás). Por todo esto, es una de las emociones básicas menos potentes.

3. Disgusto

También se cataloga en ocasiones como asco. Se trata de una reacción de repulsión que se cree que evolucionó como un mecanismo para preservar la salud del ser humano. Por ejemplo, algunos autores afirman que desarrollamos disgusto como un mecanismo para evitar enfermedades. Se distingue a través de las siguientes manifestaciones:

  • Reacción automática de alejarse del objeto o de la situación que genera disgusto.
  • Arcadas o vómitos.
  • Arrugar el rostro.

Puede ocasionarte disgusto algo que ves, que hueles o que pruebas; también, y en menor medida, que tocas o que escuchas a la distancia. También puedes sentir disgusto al evocar situaciones hipotéticas en tu mente, como por ejemplo la muerte o la podredumbre.

Esta sensación puede durar solo unos segundos o prolongarse durante varias horas. La emoción puede ser la puerta de entrada a otras, como por ejemplo la ira. Por ejemplo, la ira puede desarrollarse ante una situación de disgusto moral (acciones reprobables o malvadas, como maltratar a un animal).

4. Tristeza

La tristeza es un estado emocional que se caracteriza por una sensación de decaimiento. Esta sensación con frecuencia se acompaña de apatía anímica, desinterés, dolor y desesperanza. Por lo general, se trata de una emoción transitoria, aunque en manifestaciones prolongadas puede derivar en depresión. Se distingue por lo siguiente:

  • Bajo nivel de energía.
  • Necesidad de apartarse de los demás.
  • Malestar emocional.
  • Sensación de vacío o de inutilidad.
  • Episodios de llanto.

Puedes desarrollar tristeza por muchas razones: la ausencia de un placer, el duelo por un ser querido, la sensación de culpa, el fracaso o la frustración, la soledad, la injusticia y muchas más. Aunque es una de las emociones básicas más fuertes, también es una de las más fáciles de ocultar. No ocurre esto con la ira o la alegría, por ejemplo.

5. Felicidad

Las emociones básicas incluyen la felicidad
La felicidad es tan deseada que, al menos en la sociedad actual, es considerable la inversión de tiempo y recursos para estar la mayor parte del tiempo alegres.

La alegría es el antónimo de la emoción anterior. En algunos contextos se describe como disfrute o felicidad. En todo caso, hacen referencia a la misma sensación: una en que sientes una fuerte dosis de satisfacción, bienestar y gratificación. Entre sus manifestaciones fisiológicas mencionamos:

  • Sonrisas o expresiones faciales relacionadas con la dicha.
  • Postura corporal relajada, suelta y expresiva.
  • Tono de voz agudo, rápido y alto.

La felicidad es un estado transitorio, de manera que no suele durar mucho tiempo. Se puede desarrollar, al igual que todas las demás, por cosas que te suceden en el momento; pero también por eventos que recuerdas en tu mente. Es una de las emociones básicas más deseadas por las personas.

6. Miedo

A veces denominado temor, el miedo es la última de las 6 emociones básicas. El miedo evolucionó como una herramienta de supervivencia, una para enfrentar el peligro y preservar la integridad del ser humano. En este sentido, el miedo es una emoción perfectamente racional.

El miedo se caracteriza por un aumento de la frecuencia cardíaca, por la rigidez de los músculos, por la necesidad de protegerse, huir o evadirse de la situación (cerrar los ojos, en este último caso). No todos lo experimentan de la misma manera, ya que existen diferentes grados de sensibilidad. En general, los miedos irracionales se catalogan como fobias.

Los últimos trabajos de Ekman atisbaban al desprecio como la séptima emoción universal. Sin embargo, las seis anteriores se catalogan entre las más estudiadas y aceptadas por los expertos. Van mucho más allá de la división de buenas y malas emociones, ya que todas se consideran naturales y completamente válidas de manifestar.

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  • Ekman, P. An argument for basic emotions. Cognition & emotion. 1992; 6(3-4): 169-200.
  • Oaten, M., Stevenson, R. J., & Case, T. I. Disgust as a disease-avoidance mechanism. Psychological bulletin. 2009; 135(2): 303.