En tus peores momentos sabrás quién merece estar en los mejores

11 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por Raquel Aldana
Esas personas que nos ayudan a no caer en los momentos complicados, las que nos ofrecen su tiempo y su cariño sin pedir nada a cambio son también con las que compartir las celebraciones cuando alcancemos nuestras metas.

El tiempo es el mejor regalo que podemos hacer a quienes queremos. De ahí que sea importante saber a quién y de qué manera les dedicamos esos momentos, esos ratos llenos de amor, amistad, complicidad, apoyo o diversión.

Además, también agradecemos a quienes nos conceden parte del suyo, especialmente si lo hacen porque les apetece y sin pedir nada a cambio porque saben que lo necesitamos. De hecho, este agradecimiento es aún mayor cuando las personas que nos importan comparten con nosotros instantes en los que anhelamos su compañía.

Es maravilloso contar en la vida con personas que están ahí cuando necesitamos que precisamente lo estén, cuando nos sentimos escuchados y apoyados, arropados por su apoyo y cariño. Profundicemos.

Nuestras PERSONAS, con mayúsculas y en primer lugar

Amigas abrazándose y apoyándose

Estas mismas personas que nos sujetan nos mantienen cerca por el simple hecho de que no nos quieren tener lejos, incluso cuando no somos la mejor compañía, ya que portamos un virus muy contagioso: el del desánimo.

La desesperanza es un agente patógeno que, cuando nos cala hasta los huesos, es muy complicado de espantar.

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Además, son las únicas personas que pueden ser conscientes de lo que nos ha costado alcanzar nuestras metas.

Esas personas son las que nos han escuchado cuando nuestros ojos estaban empañados de lágrimas, las que han parado los golpes que nos hemos intentado dar a nosotros mismos por temor a que nos hiciéramos un daño aún más profundo.

Así, los momentos difíciles son la mano de ese dibujante realista que retrata el grado en el que le importamos a las personas que apreciamos.

En los momentos complicados, el apoyo nos empuja

El grado de automatización que existe en nuestras vidas es muy grande. Si contáramos el número de tareas que realizamos sin pensar, nos quedaríamos asombrados. Nos levantamos, nos metemos de cabeza en la ducha, nos secamos, vestimos, desayunamos. Así nos podemos pasar todo el día sin darnos cuenta.

Sin embargo, si por algo se caracterizan los malos momentos es porque esta automatización se desconecta. Ya no somos tan hábiles ni tan capaces o al menos así lo pensamos. Así, lo sencillo se vuelve complicado porque se convierte en una pared con muchas dificultades para escalar.

Ante este continuo ejercicio de esfuerzos, el hecho de que haya a nuestro alrededor personas que estén dispuestas a apoyarnos hace estas tareas más fáciles.

La PRESENCIA no requiere de grandes gestos ni de visitas de cortesía, se trata de una compañía, unas palabras de ánimo, un poco de aliento.

No es fácil apoyar a alguien en un mal momento

Mujer triste con los ojos cerrados

La tristeza no hace a las personas agradables o atractivas. Quizás les inspire para escribir o pintar cuadros, pero hace que se vuelvan más introvertidas, que se aíslen y se refugien en ocasiones en sí mismas.

Su mirada se vuelve hacia el interior y solamente parecen conectar con nosotros cuando compartimos su foco de atención.

Se vuelven exigentes, pensando que el mundo y las personas les deben una. Es muy fácil que, en caso de frustración, la descarguen con quien puedan, a falta de poder pedirle cuentas al destino.

Por otro lado, su desánimo se traduce en una falta de atención a las necesidades y los problemas de los demás. Puede incluso que, aunque no pase desapercibido, la amargura que en ese momento sienten les llene de tal forma que les impida ser empáticos con los demás.

Celebrar los buenos momentos es agradecer

Si entregar el tiempo y compartirlo es hacer un regalo, invitar a una celebración es una forma de agradecimiento.

Un símbolo de reconocimiento a las personas que en la sombra siempre han estado ahí y no nos han permitido tirar la toalla en los momentos en los que la tentación podía ser muy grande.

Celebrar, pese a todo lo bueno que simboliza, no está especialmente bien considerado socialmente. Es como si por el hecho de compartir nuestra alegría por un logro nos conformáramos con él.

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La celebración está asociada a la falta de prudencia y de seriedad. Al descontrol de los instintos y de las emociones.

Muchas veces ni siquiera alzamos los brazos por miedo a molestar al vecino, pues parece que celebrando le pasamos nuestra alegría por la cara.

De esta manera, cuando reprimimos la alegría estamos castigándonos a nosotros mismos, aun habiendo conseguido un gran logro con esfuerzo.

Las celebraciones son necesarias porque la vida y los amigos, los de verdad, siguen siendo igual de dignos y valiosos que entonces.

  • A. Oramas Viera, S. Santana López, V.Barrenechea. El bienestar psicológico, un indicador positivo de la salud mental. Revista cubana de salud y trabajo. 2006
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  • F. Requena. Redes de amistad, felicidad y familia. Revista española de investigaciones sociológicas.