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Enfados frecuentes: ¿qué hay detrás?

Los enfados frecuentes son un problema para quien los manifiesta y para aquellos que lo rodean. Descubre qué se esconde detrás de estos arrebatos.

Revisado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 28 noviembre, 2021

La ira es una de las emociones más intensas que podemos manifestar. Se trata de una emoción primaria, natural y que bajo ningún caso debemos reprimir. Sin embargo, cuando se padece de enfados frecuentes, la potencia de esta emoción puede llegar a límites preocupantes. Se explica de muchas formas, aunque en general pertenece al trastorno explosivo intermitente (IED).

Se trata de una alteración del comportamiento que se distingue por los arrebatos de ira ante situaciones intrascendentes. Es una reacción desproporcionada e injustificada que además no está premeditada. Es decir, quien desarrolla este comportamiento no lo controla; de manera que a los arrebatos con frecuencia le siguen una sensación de vergüenza y arrepentimiento.

Causas de los enfados frecuentes

Existen muchas hipótesis de por qué se desarrolla el trastorno explosivo intermitente. Un artículo publicado en Journal of Psychiatric Research en 2010 señala que un alto porcentaje de los pacientes que manifiestan este trastorno cuentan con un antecedente familiar.



De esta manera, los enfados frecuentes podrían tener una explicación genética. No se han identificado rasgos genéticos específicos de los arrebatos de ira, aunque los investigadores piensan que existe una interacción compleja entre diversos componentes genéticos.

Además, se piensa que las distintas manifestaciones de agresión (reactiva, proactiva, directa, indirecta) se explican a través de diferentes mecanismo neurobiológicos. Se trata de un trastorno crónico, aunque puede presentar un curso episódico (con periodos recurrentes).

Como es natural, no todos los episodios se pueden explicar a través del componente genético. Veamos algunas condiciones que pueden estar detrás de los enfados frecuentes.



Traumas infantiles

Cualquier experiencia traumática durante los primeros años de vida puede tener serias repercusiones futuras en el comportamiento.

La evidencia parece indicar una relación entre los traumas infantiles y el trastorno explosivo intermitente. Episodios traumáticos de la niñez pueden generar secuelas que surgen durante la adolescencia o adultez a través de enfados frecuentes.

No es necesario que sean eventos traumáticos mayores, incluso los más pequeños pueden desencadenar arrebatos de este tipo. El acoso escolar, la pérdida de una mascota, la mudanza a otra ciudad y la falta de afecto de los padres se puede traducir en un trastorno de la ira.

Trastornos de la personalidad

Los trastornos de la personalidad son un grupo de condiciones que se caracterizan por patrones de pensamiento, desempeño y comportamiento bastante marcados. El trastorno de personalidad antisocial, el trastorno de la personalidad obsesivo compulsivo o el trastorno narcisista de la personalidad son solo algunos ejemplos.

Los investigadores han demostrado que existe una relación entre estas condiciones y los enfados recurrentes. De hecho, es muy frecuente de que se presenten comorbilidades entre ambos. La evidencia indica que los enfados frecuentes anteceden a la aparición de estos trastornos.

Trastorno de ansiedad generalizada

Los expertos también han encontrado una relación entre el trastorno de ansiedad generalizada y los enfados frecuentes. Hasta la mitad de los pacientes desarrollan ansiedad junto con el trastorno explosivo intermitente, de manera que la comorbilidad es muy frecuente.

Es común que se asocie ambas condiciones con la etapa adolescente. Lo cierto es que pueden surgir a cualquier edad, de manera que los adultos también deben estar atentos a los signos que indican que no se tratan de casos aislados.

Trastorno de estrés postraumático

Por último, los investigadores han catalogado al trastorno de estrés postraumático entre las causas de los arrebatos de ira frecuentes. La comorbilidad da lugar a depresión, ansiedad, impulsividad e incluso ideas suicidas. Al igual que en caso anterior, se puede desarrollar a cualquier edad.

El trastorno bipolar, la esquizofrenia, el trastorno de pánico, la fobia social y otras condiciones similares también se pueden ocultar detrás del trastorno explosivo intermitente. A veces no existe ninguna relación con alguno de estos diagnósticos, sino que se explica a través de diferencias estructurales o químicas del cerebro.

Subtipos de los enfados frecuentes

No todas las manifestaciones de enfados frecuentes son iguales. En general, los episodios suelen durar máximo 30 minutos y son muy intermitentes. Es decir, una situación que provocó un arrebato de ira hoy puede que no lo haga mañana, y viceversa. Los expertos catalogan los siguientes subtipos:

  • Aquel que solo destruye propiedades.
  • En el que únicamente se amenaza a las personas.
  • El trastorno explosivo intermitente en el que se lastima solo a la persona (con y sin amenaza).
  • Aquel en el que se destruyen propiedades y se amenazan a las personas.
  • En el que se destruyen las propiedades y se lastiman a las personas.

Es poco frecuente que este trastorno se manifieste de por vida, aunque por supuesto puede ocurrir. El porcentaje de casos de este tipo aumenta en presencia de una comorbilidad. Es decir, cuando el paciente ha desarrollado algunas de las condiciones que ya hemos presentado.

Diagnóstico y tratamiento de los enfados frecuentes

Un terapeuta mental podría ayudar a manejar los enfados frecuentes.

Como puedes imaginar, el diagnóstico de los enfados frecuentes atraviesa por una serie de complicaciones. Se suele confundir con otros trastornos, como por ejemplo el trastorno negativista desafiante o el trastorno de desregulación disruptiva. También es posible que se considere un síntoma de una condición y no como un trastorno aislado.

En general, el diagnóstico del trastorno explosivo intermitente consiste en una evaluación médica del historial, exámenes que dan cuenta del estado mental y físico del paciente y el descarte de diagnósticos diferenciales. Una vez se ha catalogado esta condición, se puede proceder a su tratamiento.

Aunque el tratamiento es diferente según las características del diagnóstico, en general se opta por la terapia cognitivo conductual y la ingesta de medicamentos. Se utilizarán, entre otros, antidepresivos, ansiolíticos, anticonvulsivos y reguladores del estado de ánimo.

Es muy importante que los pacientes inicien un diagnóstico cuando sus enfados frecuentes se salgan de control. Tal y como indica la evidencia, nunca se puede prever las consecuencia legales, materiales y físicas que puede generar esta condición. El trastorno es un peligro tanto para los demás como para el propio paciente.

Debido a esto te exhortamos a que, en caso de presentar síntomas compatibles, consultes con un especialista para acceder a un diagnóstico seguro y así iniciar un tratamiento. Se trata de una condición que se puede controlar, de manera que puedes regresar a un estilo de vida normativo en el que tienes la autonomía de tus emociones.

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