Enfermedad de Lyme

Edith Sánchez·
09 Febrero, 2021
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico José Gerardo Rosciano Paganelli al
24 Diciembre, 2018
Las garrapatas se adhieren a los pliegues del cuerpo y a veces no se ven porque su tamaño es menor al de una cabeza de alfiler.

La enfermedad de Lyme es una enfermedad bacteriana trasmitida por las garrapatas de patas negras. Estas también son conocidas como garrapatas venado o garrapatas de los ciervos. Sin embargo, los venados y los ciervos no son los únicos reservorios animales, también lo son los ratones, las ardillas, los mapaches y otros mamíferos pequeños.

Las garrapatas se infectan con la bacteria Borrelia burgdorferi y luego la transmiten al ser humano mediante la picadura. Llegado a este punto, cabe destacar que para que la enfermedad se transmita, la garrapata debe permanecer en el cuerpo en un tiempo aproximado de 24 a 36 horas.

Si la enfermedad de Lyme no es diagnosticada a tiempo, puede ocasionar varios problemas de salud. En cambio, si se detecta y trata de forma rápida es posible curarla por completo.

Aunque la mayoría de las personas que son picadas por una garrapata no contraen la enfermedad de Lyme, es importante atender a las medidas de prevención.

Etapas de la enfermedad de Lyme

Lo que marca la diferencia entre una etapa y otra es la cantidad de tiempo que ha permanecido la garrapata adherida al cuerpo. Esto, a su vez, determina el grado de diseminación de la bacteria Borrelia burgdorferi en el organismo.

Las tres etapas son las siguientes:

  • Etapa 1 o enfermedad de Lyme temprana y localizada. En esta fase, la bacteria aún no se ha diseminado.
  • Etapa 2 o de diseminación temprana. Cuando la bacteria comienza a diseminarse, lo cual ocurre de 36 a 48 horas después de la picadura.
  • Etapa 3 o de diseminación tardía. Corresponde a la fase en la cual la bacteria se ha diseminado por todo el cuerpo.

Síntomas iniciales

La enfermedad de Lyme genera una importante variedad de síntomas.
El malestar general suele ser uno de los primeros síntomas de la enfermedad.

Los síntomas iniciales de la enfermedad de Lyme aparecen algunos días después de haber contraído la infección. En algunos pacientes estos síntomas tardan algunas semanas en aparecer. El cuadro clínico podría confundirse con una gripe. Por lo general, incluye otros síntomas tales como:

  • Cefalea.
  • Mialgias.
  • Dolores articulares.
  • Rigidez en el cuello.
  • Fiebre con escalofríos.
  • Malestar general y fatiga.
  • Ganglios linfáticos inflamados.

También es usual que aparezca un sarpullido rojo y plano, o un poco elevado, en el sitio donde se produjo la picadura. En el centro de la lesión se ve una zona más clara. La apariencia es como la del ojo de un buey. Esta erupción se denomina eritema migrans, y puede comenzar a aparecer en distintas zonas del cuerpo. Dura 4 semanas o más, si no se trata.

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Síntomas de diseminación temprana y tardía

De acuerdo con la evidencia científica hasta la fecha, los síntomas iniciales pueden aparecer y desaparecer. Si la enfermedad de Lyme no se trata, comienza a originar serios problemas de salud.

Cuando se llega a la etapa 2, o de diseminación temprana, es usual que aparezcan otros síntomas como:

  • Debilidad.
  • Dolor en el tórax.
  • Dificultad para respirar.
  • Parálisis en los músculos de la cara.
  • Rigidez y dolor en la zona del nervio.
  • Palpitaciones irregulares del corazón.

Cuando la enfermedad de Lyme alcanza la fase 3 podrían presentarse síntomas más severos o complicaciones, como las siguientes:

  • Artritis. Se manifiesta con dolores en las articulaciones inflamadas, en especial en las rodillas.
  • Problemas neurológicos. Incluyen meningitis, parálisis de Bell (músculos faciales) y dolor o entumecimiento en las extremidades. También suelen aparecer dificultades cognitivas y problemas para dormir.
  • Problemas cardíacos. Aparecen latidos irregulares, que por lo general desaparecen a los pocos días.

En algunos casos también aparecen síntomas severos. Estos incluyen inflamación de los ojos, hepatitis y fatiga extrema. Tales dificultades surgen meses o incluso años después de haber contraído la infección.

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Diagnóstico y pronóstico de la enfermedad de Lyme

La enfermedad de Lyme puede diagnosticarse por métodos moleculares.

Las técnicas moleculares como ELISA constituyen una potente herramienta diagnóstica de la enfermedad de Lyme.

Lo más habitual es que el diagnóstico se haga a partir de un examen de sangre llamado prueba ELISA para la enfermedad de Lyme. Sin embargo, es posible que en la etapa temprana de la enfermedad el resultado sea negativo, pese a que la infección esté presente. Lo mismo ocurre si se administran antibióticos en las fases iniciales.

En muchos casos el médico hace el diagnóstico basándose en los síntomas. Estos, unidos a la presencia del paciente en zonas donde haya estado expuesto a garrapatas, permiten diagnosticar la enfermedad de Lyme. En las fases tardías se ordenan otros exámenes como el electrocardiograma, la resonancia magnética, la ecocardiografía y la punción raquídea.

Si el tratamiento se inicia en las fases tempranas tiene un excelente pronóstico. Cuando la enfermedad está más avanzada el paciente puede seguir presentando síntomas, a veces muy severos. En una minoría de casos, algunos síntomas como la artritis o las alteraciones del ritmo cardíaco se vuelven crónicos.

Se recomienda que ante la sospecha de la enfermedad se acuda lo antes posible al médico. Por lo que hemos visto, es mejor que la patología sea diagnosticada y tratada a tiempo, para que así pueda mejorar su pronóstico.

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