Obesidad

24 Agosto, 2020
La obesidad es una enfermedad crónica que se puede desarrollar por una combinación de factores genéticos, ambientales y psicológicos. Su falta de control puede desencadenar otras patologías como la hipertensión arterial, diabetes y enfermedades cardíacas.
Obesidad


La obesidad se ha convertido en un problema de salud pública en el mundo. De acuerdo con entidades como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), tan solo en Estados Unidos afecta a más de 39,8% de los adultos y un 18,5% de niños y adolescentes.

Esta condición está relacionada con otras afecciones, conocidas conjuntamente como síndrome metabólico. Quienes lo padecen tienen un riesgo elevado de enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y problemas de colesterol y triglicéridos. ¿Cuáles son sus causas?

Aunque los patrones alimentarios y el sedentarismo tienen mucho que ver con el aumento de peso, no son la única causa de la obesidad. En la actualidad muchas investigaciones han podido determinar otros factores vinculados con la aparición de esta enfermedad.

¿Qué es la obesidad?

La obesidad es un trastorno complejo que se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa corporal. No se debe confundir con el sobrepeso, que significa pesar demasiado. Las personas pueden tener un peso por encima de lo normal debido a la masa muscular, el exceso de agua o la acumulación de grasa.

Sin embargo, en el caso de la obesidad las consecuencias sobre la salud son peores, ya que se duplica el riesgo de enfermedades del corazón, hipertensión arterial, diabetes y otras afecciones crónicas. Para determinar si una persona tiene obesidad se suele emplear la medida del índice de masa corporal (IMC).

Esta divide el peso de una persona en kilogramos, por el cuadro de su altura en metros. Así, una persona cuyo peso es normal tiene un IMC de 18.5 a 24.9; alguien con sobrepeso tiene un IMC de 25 a 29.9 y los pacientes obesos tienen un IMC de 30 a 39.9 o más.

Ahora bien, el IMC no es el único método para diagnosticar de forma definitiva la obesidad, pues algunas personas tienen un IMC alto debido a su masa muscular y no al exceso de grasa. En estos casos, el médico puede sugerir algunas pruebas complementarias.

La obesidad se ha convertido en un problema de salud pública en el mundo. Debido a su relación con otras enfermedades, puede afectar considerablemente la calidad de vida de quienes lo padecen.
6 tipos de obesidad y sus causas

“No sé qué hacer para adelgazar”, “mi familia come el doble que yo y están flacos”, “no puedo parar de comer”, ¿te suenan estas frases? Tal vez tú mismo has pronunciado alguna. Seguro que las has escuchado todas, pero ¿tendrán…

Causas de la obesidad

Muchas personas consideran que la obesidad surge por la falta de fuerza de voluntad; sin embargo, esto no es del todo cierto. Si bien la acumulación de grasa es la consecuencia de malos hábitos alimentarios y del estilo de vida, muchos pacientes obesos tienen dificultades para controlar su apetito debido a factores biológicos como la genética y las hormonas.

En otras palabras, hay personas que simplemente son predispuestas a tener obesidad. De hecho, este problema puede tener otras causas médicas, como el síndrome de Prader-Willi, el síndrome de Cushing y otros trastornos. No obstante, muchos de estos factores pueden superarse con cambios en los hábitos diarios y comportamientos.

En general, las causas más frecuentes de la obesidad incluyen:

  • Mantener una alimentación pobre en nutrientes y rica en grasas y calorías.
  • Llevar un estilo de vida sedentario (inactividad física).
  • No tener una buena calidad de sueño, ya que conduce a cambios hormonales que aumentan la sensación de hambre y la tendencia a consumir alimentos ricos en calorías.
  • Padecer hipotiroidismo.
  • Tener síndrome de ovario poliquístico.
  • Envejecer, lo cual hace la tasa metabólica más lenta, aumentando el peso.
  • Aumento de peso en el embarazo.

Factores de riesgo

La combinación de factores genéticos, ambientales y psicológicos pueden elevar el riesgo de padecer obesidad. Sin embargo, la mayoría de los casos tienen que ver con mantener una dieta poco saludable y vivir en el sedentarismo. Para ser más específicos, los factores de riesgo incluyen:

  • Genética: algunos componentes genéticos inciden en la cantidad de grasa corporal almacenada o la manera en que se distribuye dicha grasa. Los genes también tienen que ver en la eficiencia del metabolismo.
  • Mala alimentación: una dieta basa en alimentos procesados, comidas rápidas, azúcares y otros alimentos poco saludables y cargados de calorías puede conducir a la obesidad.
  • Sedentarismo: la falta de actividad física impide que el organismo queme las calorías de forma eficiente. Además, es más fácil ingerir más calorías de las que se queman cuando no se hace ningún tipo de ejercicio.
  • Estilo de vida en familia: en muchos casos la obesidad afecta a todos los miembros de la familia. Esto no solo se debe a los componentes genéticos, sino también al estilo de vida que se comparte en familia.
  • Factores psicológicos: la ansiedad, el estrés y la depresión pueden influir en el aumento de peso. Esto ocurre, sobre todo, cuando la persona maneja sus emociones comiendo en exceso.
  • Consumo de ciertos medicamentos: cierta variedad de medicamentos pueden provocar aumento de peso cuando no se compensan con otros hábitos saludables como la dieta y el ejercicio. Esto incluye: antidepresivos, anticonvulsivos, antipsicóticos, esteroides, píldoras anticonceptivas, entre otros.
  • Edad: la obesidad se puede desarrollar a cualquier edad, inclusive en la infancia. Sin embargo, el riesgo es mayor en la edad adulta y vejez, ya que los cambios hormonales y del estilo de vida alteran las funciones del metabolismo.
  • Embarazo: muchas mujeres no consiguen bajar de peso tras atravesar el embarazo. Algunas, inclusive, tienden a subir kilos excesivamente después del nacimiento del bebé.
  • Falta de sueño: una mala calidad de sueño puede conducir a cambios hormonales que aumentan el apetito.
  • Dejar de fumar: si bien abandonar el hábito de fumar tiene muchos beneficios, en algunos pacientes puede conducir al sobrepeso y obesidad. Es importante vigilar este proceso para evitar este tipo de consecuencias.

Síntomas

El síntoma más evidente de la obesidad es el aumento de peso (un IMC de 30 o más). No obstante, este viene acompañado con otras manifestaciones clínicas que suelen reducir significativamente la calidad de vida. Las más comunes son:

  • Dolor en las articulaciones y espalda
  • Dificultades para dormir o apnea de sueño
  • Problemas para respirar o sensación de ahogo, incluso en reposo
  • Sudoración excesiva e intolerancia al calor
  • Problemas ortopédicos como lumbalgia y agravamiento de la artrosis
  • Infecciones en los pliegues cutáneos
  • Fatiga prolongada
  • Ansiedad y depresión
  • Oscurecimiento de algunas partes del cuerpo (acantosis nigricans)
  • Edemas y várices en las extremidades inferiores
  • Aparición de estrías
Obesidad del tipo II.
Además de producir un aumento notorio del peso corporal, la obesidad puede empeorar las dolencias articulares y lumbares. Asimismo, produce dificultades en la respiración y fatiga prolongada.

Complicaciones

La obesidad puede acarrear graves complicaciones cuando no se le brinda un tratamiento oportuno. Debido a la alta proporción de grasa corporal, los huesos y órganos internos quedan expuestos a muchos problemas. De hecho, desde hace muchos años este trastorno se relaciona con graves enfermedades como:

  • Diabetes tipo 2
  • Enfermedades cardiovasculares
  • Ciertos tipos de cánceres, como de mama, colon y endometrio
  • Enfermedades de la vesícula
  • Trastorno del hígado graso
  • Colesterol y triglicéridos altos
  • Apnea del sueño y problemas respiratorios
  • Artritis y osteoartritis
  • Problemas de fertilidad
  • Disfunción eréctil y problemas de salud sexual
  • Depresión

Diagnóstico

Aunque de cierto modo ha causado controversia, la forma más frecuente de determinar si una persona tiene obesidad es calculando su índice de masa corporal (IMC). Esta medida es un cálculo aproximado del peso de una persona en relación con su altura.

Así, se determina que alguien tiene obesidad cuando su IMC es de 30 o más. Si este alcanza los 40, se diagnostica obesidad severa. Otras pruebas que pueden ayudar en el diagnóstico son:

  • Medidas del grosor del pliegue cutáneo
  • Comparaciones entre la cintura y la cadera
  • Pruebas de detección, como la ecografía, la tomografía computarizada (TC) y las imágenes de resonancia magnética (IRM)
  • Análisis de sangre para examinar los niveles de colesterol y glucosa
  • Pruebas de función hepática
  • Exámenes de la tiroides

Durante el proceso de diagnóstico, el profesional también puede revisar los antecedentes médicos para determinar el historial del peso, los hábitos de ejercicio y patrones alimentarios. Asimismo, puede tener en cuenta los antecedentes médicos familiares para saber si existe la predisposición a este trastorno.

Tratamiento

Los pacientes que tienen obesidad pueden notar una mejora importante en su salud con tan solo reducir un nivel mínimo de su peso. Por eso, el objetivo principal del tratamiento es ayudar a alcanzar y mantener un peso saludable.

Así pues, las medidas para combatir la obesidad deben ser integrales y multidisciplinarias, centradas en mejorar las conductas alimentarias y el estilo de vida. Junto a este tipo de estrategias, y de acuerdo al nivel de obesidad, puede ser necesario el uso de fármacos o intervenciones quirúrgicas como la cirugía bariátrica.

Dieta saludable

Controlar la cantidad de calorías ingeridas al día y adoptar patrones de alimentación saludables son factores claves a la hora de hacerle frente a la obesidad. Si bien existen métodos para bajar de peso rápidamente, el adelgazamiento lento y gradual se considera la forma más efectiva y segura de lograr un peso sano y equilibrado.

Por lo tanto, es primordial evitar las populares dietas “milagro”, ya que son restrictivas y no ayudan a mantener un peso sano a largo plazo. De hecho, muchas conllevan a deficiencias nutricionales, debilitamiento y un aumento de peso tras volver a la dieta habitual.

La alimentación para combatir la obesidad puede variar en cada persona, de acuerdo a la edad, estado de salud actual, hábitos y muchos otros factores. Sin embargo, a nivel general, se recomienda basar las comidas en alimentos sanos como:

  • Frutas y vegetales frescos
  • Cereales integrales
  • Pescados y carnes magras
  • Frutos secos y semillas
  • Aceite de oliva o girasol
  • Lácteos bajos en grasa
  • Leches vegetales
  • Legumbres

Por otro lado, es fundamental limitar o evitar aquellos alimentos que tienen un alto contenido de hidratos de carbono simples, azúcares, grasa y otros elementos dañinos. Esto incluye:

  • Comida chatarra y procesada
  • Carnes embutidas
  • Pan y productos de bollería industrial
  • Cereales de desayuno
  • Refrescos y gaseosas, incluyendo las versiones “light”
  • Productos enlatados
  • Comidas ricas en sodio
Mejorar los hábitos alimentarios es una de las claves para obtener éxito en el tratamiento de la obesidad. Es importante limitar el consumo de procesados y aumentar la ingesta de alimentos de alta calidad nutricional. Asimismo, se deben empezar a controlar las calorías ingeridas.

Ejercicio físico

Adoptar una rutina de ejercicio físico es una parte fundamental del tratamiento para hacerle frente a la obesidad. La actividad física adaptada a las capacidades de cada persona puede contribuir de forma favorable a disminuir el exceso de peso. Además, también minimiza el riesgo de enfermedades asociadas, como el síndrome metabólico.

Ahora bien, los pacientes obesos no pueden pretender adoptar una rutina de alto impacto físico de la noche a la mañana. Debido a su condición, las rutinas deben implementarse de manera gradual y moderada, preferiblemente apoyadas por un entrenador profesional.

Consejos:

  • Iniciar la práctica de actividad física por lo menos 150 minutos por semana.
  • Incrementar la duración e intensidad de los ejercicios de manera progresiva, a medida que mejore el estado físico.
  • Hacer actividades como caminar a paso rápido, andar en bicicleta, nadar o bailar.
  • Seguir una rutina de entrenamiento en casa o en el gimnasio.
  • Hacer ejercicios de tonificación, fuerza y equilibrio.

Terapia psicológica

Las sesiones con el psicólogo pueden resultar claves a la hora de luchar para alcanzar el objetivo de superar este trastorno. El profesional puede ayudar a diseñar estrategias para dar un mejor manejo al estrés y ansiedad, que suelen ir ligadas a la mayor parte de los casos de obesidad.

Por otro lado, la consejería y los grupos de apoyo pueden ayudar a identificar aquellos hábitos poco saludables que inciden en el aumento de peso. Asimismo, contribuyen a corregir las conductas que conllevan a comer en exceso.

Tratamiento farmacológico

Gran parte de los resultados del tratamiento para la obesidad dependen de una dieta saludable y ejercicio regular. No obstante, en algunos casos los medicamentos con receta para adelgazar pueden ser de gran ayuda.

Ahora bien, es primordial considerar que estos medicamentos deben usarse en conjunto con la dieta y un buen estilo de vida, ya que no sustituyen estos hábitos. Si no se hacen cambios significativos en las rutinas, es poco probable que den buenos resultados.

El tratamiento farmacológico tendrá dos objetivos principales; en primer lugar, tratar las comorbilidades relacionadas con la obesidad, como por ejemplo la presión arterial alta, dolores articulares, diabetes, entre otros.

Por otro lado, los especialistas sugerirán algunos fármacos para tratar la acumulación de grasa en sí misma, pues en ocasiones los cambios en los hábitos diarios no son suficientes para hacerle frente. Estos fármacos pueden ser:

  • Orlistat (Xenical)
  • Liraglutide
  • Bupropion (naltrexona)

Precaución: el consumo de estos medicamentos puede acarrear ciertos efectos secundarios. Por eso, es primordial contar con la supervisión de un médico.

Los medicamentos para adelgazar deben tomarse bajo supervisión médica, ya que suelen producir efectos secundarios. Lo ideal es recurrir a ellos solo cuando la dieta y el ejercicio no dan buenos resultados.

Tratamiento quirúrgico de la obesidad

El tratamiento quirúrgico para combatir la obesidad, mejor conocido como cirugía bariátrica, agrupa una serie de procedimientos cuyo objetivo es lograr una pérdida de peso significativa y sostenida. Para su realización es importante que los pacientes se comprometan a cambiar su estilo de vida.

Estos tipos de cirugía consisten en técnicas restrictivas, mixtas o malabsortivas. En otras palabras, funcionan al limitar la cantidad de alimentos que una persona puede comer, o al impedir que el cuerpo absorba los alimentos y calorías. De hecho, muchas veces hacen ambas cosas.

Por lo anterior, los pacientes deben cambiar sus hábitos alimentarios, ya que de lo contrario pueden desarrollar enfermedades. A menudo, estas cirugías se realizan en pacientes obesos con un IMC de 40 o más. También en aquellos con un IMC de 35 a 39.9 que tienen otros problemas de salud. Es necesario que la persona pierda un poco de peso antes de la cirugía.

Los procedimientos que se hacen actualmente incluyen:

  • Gastrectomía tubular (restrictiva).
  • Bypass gástrico (mixta).
  • Cruce duodenal o derivación bilio-pancreática (mixta, pero con predominio del componente malabsortivo).

Por tratarse de una cirugía gastrointestinal mayor, la cirugía bariátrica puede conducir a ciertas complicaciones o efectos secundarios. Inclusive, esto se da hasta un 10% de los casos. Las más frecuentes son: la ruptura de la línea de grapado, dehiscencia de sutura, úlceras, sangrado, estenosis de la ostomía gástrica y tromboembolismo pulmonar.

Pronóstico

Existe un estrecho vínculo entre la obesidad y el síndrome metabólico. Los estudios han demostrado que tanto la presión arterial alta, como el colesterol y la diabetes pueden aumentar debido al exceso de peso. Por lo anterior, la reducción de peso puede ser clave para salvar la vida de los pacientes con obesidad severa.

Dichos pacientes tienen altas probabilidades de padecer un colapso cardiorrespiratorio y otras complicaciones graves. Sin embargo, el pronóstico de la reducción de peso es bastante bajo y cerca de un 90% de los pacientes recuperan el peso perdido después de un tiempo.

En particular, el pronóstico es menos favorable para aquellos que sufrieron obesidad infantil. La obesidad que inicia en la juventud suele ser más grave y difícil de tratar, pues suele estar ligada a trastornos emocionales no controlados.

A diferencia de la desnutrición, la obesidad ha recibido menos atención. Sin embargo, en los últimos años ha sido reconocida como un problema de salud pública, relacionado con un aumento de la mortalidad y morbilidad. Debido a esto, el estado y muchas entidades sanitarias han multiplicado sus esfuerzos para promover la práctica de hábitos saludables.

Prevención

Todas las personas tienen cierto riesgo de padecer obesidad. Por eso, independientemente de la predisposición que se tenga, lo más recomendable es tomar medidas para evitar un aumento de peso poco saludable. En general, las medidas preventivas contra la obesidad son las mismas para adelgazar:

  • Hacer ejercicio físico regular
  • Mantener una dieta saludable
  • Manejar el estrés y la ansiedad
  • Consumir abundante agua y líquidos saludables
  • Limitar el consumo de comidas procesadas
  • Controlar el peso regularmente
  • Ser constante con la práctica de hábitos saludables
  • Identificar y evitar desencadenantes de ansiedad por la comida.

Más allá de las cuestiones estéticas, mantener un peso saludable es sinónimo de salud. Debido a esto, es importante diseñar un completo plan para combatir el exceso de peso y las afecciones relacionadas. Buscar ayuda profesional es determinante para evitar la obesidad.