9 errores que cometes al limpiar con lejía

Afecciones respiratorias, quemaduras oculares e irritación en la piel es parte de lo que puedes sufrir por limpiar con lejía de la forma equivocada. Aprende de los errores más frecuentes con esta sustancia.
9 errores que cometes al limpiar con lejía

Escrito por Andrea de los Angeles Salas Suarez, 30 abril, 2021

Última actualización: 30 abril, 2021

Existen diferentes productos para la higiene de la casa y una buena opción es limpiar con lejía o lavandina. Desde hace más de 100 años, en la mayoría de los hogares es usada como un poderoso desinfectante y blanqueador por excelencia. Se trata de un componente químico que resulta de diluir el hipoclorito de sodio en agua.

La lejía es capaz de desaparecer las manchas, el sarro, los gérmenes, las bacterias y los malos olores. Sin embargo, pese a sus grandes beneficios, a diario se cometen equivocaciones que impiden aprovecharla por completo y ponen en peligro la salud de quien limpia o de toda la familia.

Errores que debes evitar al limpiar con lejía

Este producto es irritante y corrosivo, así que en este artículo descubrirás en qué estás fallando y cuál es la mejor manera de utilizarla para evitar los riesgos. ¡Sigue leyendo!

1. No verificar la concentración de hipoclorito

Si nunca prestas atención a las etiquetas de los productos que usas, debes saber que leerlas es fundamental. Además de corroborar la fecha de vencimiento, sabrás si es viable utilizarlos para desinfectar.

La concentración requerida es de entre 5 % y 6 %. En este sentido, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) advierte que en el mercado se consiguen otros tipos de lejías blanqueadoras o destinadas solo al lavado de ropa colorida.

Productos de limpieza.
Los productos de limpieza para el hogar deben tener un etiquetado que especifique su modo de uso y las precauciones a tomar.

2. Mezclar con otros productos

Jamás combines la lejía con otros químicos, como limpiadores de pocetas, alcohol, amoníaco, peróxido de hidrógeno, vinagre, ácido muriático o sulfúrico. Si lo haces, se producirá la emisión de gases de cloro o ácido hipocloroso; podrían causarte quemaduras o afecciones respiratorias.

La precaución es esencial, debido a que es posible que no hagas una mezcla intencional, pero algunos elementos que usas, al interactuar con la lejía terminan por desencadenar reacciones. Esto pasa con el limoneno, una sustancia con olor a frutas cítricas que se encuentra en ambientadores, artículos de limpieza y de higiene personal.

3. No diluirla en agua

¡No hay dudas! Con lo único que puedes mezclar la lejía es con agua. No solo es una opción, sino que se trata de una regla que permite prevenir daños en tu salud sin perder la acción deseada.

La proporción depende de la concentración, pero por lo general, se diluye media taza de lejía en cuatro litros de agua. De esta forma, si quieres emplearla para lavar la ropa, añades cuatro cucharadas a un litro de agua, revuelves, remojas la prenda y enjuagas.

Los especialistas recomiendan disponer de la cantidad indicada porque más de la cuenta no te dará mejores resultados, pero sí te expondrá a un peligro. Además, toma en cuenta la temperatura del agua: fría o a temperatura ambiente es lo adecuado.

Caliente no, pues el hipoclorito se evapora muy rápido cuando es sometido al calor. En consecuencia, pierde su poder desinfectante y no querrás que eso suceda.

4. Utilizar igual agua para limpiar con lejía por varios días

Un error que comete más de uno es preparar agua con lejía para que rinda por varios días. Lo cierto es que, al cabo de unas horas, la lavandina pierde sus propiedades a causa de la evaporación.

Además, adquiere un olor muy desagradable. Así que lo mejor es prepararla cada vez que la necesites y con la cantidad requerida.

5. Pensar que su función es limpiar

Una cosa es limpiar y otra desinfectar. La lavandina tiene una función desinfectante, por lo que es indispensable que comiences tu rutina de aseo con agua y jabón para recoger el polvo, limpiar la suciedad y remover los desechos.

6. Hacer gárgaras o tomarla

La lejía sirve para eliminar bacterias de los objetos, la ropa, el piso y las superficies; no del cuerpo humano. Este químico no actúa para combatir virus ni resolver ningún problema de salud.

Muchos desconocen esta verdad. Los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de los Estados Unidos, a través de una encuesta realizada a mediados de 2020, halló que un tercio de los encuestados participó en prácticas de alto riesgo no recomendadas con la intención de prevenir la transmisión viral, incluido el uso de lejía en productos alimenticios.

7. Ducharse con lejía

Otra práctica que debes descartar es bañarte con lejía, pues no se trata de un jabón de baño, sino que más bien, es un químico irritante al contacto con la piel y te llevará a sufrir enfermedades dermatológicas.

Te preguntarás por qué si te das un chapuzón en una piscina, cuya agua contiene lejía o cloro, no pasa nada. La respuesta es sencilla: la concentración es mínima.

8. Limpiar con lejía las verduras o frutas

Las verduras y frutas suelen ser porosas. Entonces, si aplicas mucha lejía para lavarlas es posible que penetre su interior o que las deje impregnadas.

Si les temes a los alimentos contaminados por virus o bacterias, lo más adecuado es que uses vinagre con agua para eliminarlos. Remójalos durante unos minutos y listo.

Sin embargo, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición sugiere sumergirlas durante 5 minutos en agua potable con una cucharadita postre de lejía (4,5 mililitros) por cada 3 litros de agua, para luego enjuagarlas con agua abundante. Resalta la importancia de asegurarse que sea apta para la desinfección de agua de bebida.

9. Emplear la lejía para todo

Cada artículo, mueble, tela o accesorio de tu hogar está fabricado con materiales distintos, con características particulares. Por ende, no puedes limpiar con lejía todo lo que está a tu paso.

Por ejemplo, el acero inoxidable, algunos plásticos y el aluminio no son amigos de la lavandina, que es corrosiva para ese tipo de superficies.

Si quieres desinfectarlos, existen otros químicos que te ayudarán. De esta forma, conocer bien los productos válidos para limpiar cada cosa es básico para que permanezcan en buen estado y para alargar su vida útil. De su correcto mantenimiento y limpieza depende la duración de todos tus bienes.

Consejos para limpiar con lejía

Ya conociendo los errores comunes al limpiar con lejía, te comentamos algunos consejos que serán útiles para controlar los riesgos del producto. ¡Apréndelos!

Protégete con guantes

Utiliza guantes para evitar la resequedad, las alergias, dermatitis o irritación en las manos. Al terminar el aseo, recuerda lavarlos muy bien en la parte exterior e interior.

Asea en espacios ventilados

Procura no inhalar los gases que se liberan al limpiar con lejía. Trata de hacerlo siempre en un área ventilada y pasa el menor tiempo expuesto a estos vapores dañinos. Abre las ventanas y las puertas para que circulen las corrientes de aire.

¡Deja que haga efecto!

Seguir todos los pasos para trabajar de la mejor manera con lejía, pero removerla enseguida, es como no hacer nada. Para desinfectar de una manera eficaz es fundamental que rocíes o impregnes el objeto con la mezcla de lavandina y dejes reposar por un par de minutos.

Lejía al alcance de un niño.
La lejía no puede quedar al alcance de los niños, ya que es muy peligrosa. Debe ser guardada en un lugar seguro.

Las precauciones al limpiar con lejía nunca están de más

Limpiar con lejía suele resultar muy provechoso, siempre que lo hagas de la forma más segura. Además, su almacenamiento es un punto de atención. Recuerda mantenerla siempre fuera del alcance de los niños y de las mascotas, en una repisa alta, de difícil acceso para ellos. Es preferible que la guardes en un sitio al que no lleguen los rayos del sol.

Por otra parte, jamás deseches el agua con lejía o cualquier otro producto químico de limpieza que uses sobre las plantas, pues estarás envenenándolas. Las consecuencias serán evidentes en la variación del color de sus hojas, al igual que en su crecimiento.

Si al limpiar con lejía notas alguna reacción, aunque sigas todos los protocolos de seguridad, ¡detente! Puede que seas alérgico a sus componentes. Consulta siempre a un médico y, para evitar problemas, usa materiales caseros para desinfectar, como el vinagre o el limón.

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