Psicopatía infantil: entender el trastorno

Si tu hijo permanece aislado, manifiesta poca empatía, es impulsivo y no siente culpa, entre otros rasgos puede estar desarrollando psicopatía infantil. Es el momento de actuar para mejorar su adaptación social.
Psicopatía infantil: entender el trastorno

Última actualización: 15 abril, 2022

El trastorno de psicopatía infantil se caracteriza por la falta de empatía y la inexistencia del sentimiento de culpa ante un acto que daña física o psicológicamente a otra persona.

Este problema también es conocido como trastorno antisocial de la personalidad. Lo cual sienta como base de la afectación el hecho de que el niño no se esté relacionando adecuadamente a nivel social.

Las causas pueden tener un componente genético, aunque también se ha percibido que determinadas lesiones en el lóbulo frontal del cerebro, así como experiencias traumáticas pueden derivar en este trastorno. Así lo evidencia este artículo publicado en la Revista de Derecho Penal y Criminología.

Es necesario tener en cuenta que la psicopatía no describe tal cual a ese ser demente, violento y criminal que las películas suelen enseñar. Simplemente se podría tratar de una persona con falta de empatía o escasa sensibilidad.

Puños de un niño en la mesa

La psicopatía en la niñez

Es necesario comprender que, aunque desarrollar una psicopatía en la niñez puede causarles una gran preocupación a los padres, hay que eliminar la idea de que los hijos, debido al trastorno, vayan a convertirse en asesinos de película.

Es necesario que un profesional realice un seguimiento si se observa que el niño presenta ciertos síntomas. Como en todas las enfermedades, se necesita un buen diagnóstico y una correcta evaluación del caso concreto.

Si no se lleva de la manera adecuada, podrían desencadenarse complicaciones que supongan un riesgo para la persona. Por ello, a continuación, hablamos sobre determinados síntomas que suelen darse en niños con tendencia a la psicopatía infantil.

Síntomas básicos de la psicopatía infantil

1. Falta de emociones

Los niños que desarrollan este trastorno, difícilmente expresarán emociones, en contraste con aquellos que están sanos, en los que estas emociones son muy evidentes. Si un niño exterioriza poco este tipo de respuestas al ambiente, puede ser señal de una psicopatía.

Además, como se ha mencionado anteriormente, tienden a sentir poca empatía, como señala este estudio publicado en el Anuario de psicología jurídica en el año 2005. Esto significa que presentan una importante dificultad a la hora de identificar e interpretar las emociones de los demás.

A consecuencia de ello, en la mayor parte de los casos, estos niños desarrollan una gran insensibilidad. Por lo que no sienten culpa, ni remordimiento a raíz de realizar malas conductas.

De este modo, pueden exteriorizar y mostrar su curiosidad y falta de empatía, por ejemplo, maltratando animales. Incluso, en ciertos casos, pueden llegar a la mutilación o a matar alguno. Es importante consultar cada síntoma o comportamiento que el niño lleve a cabo con un profesional.

2. Falta de remordimiento

De forma habitual, cuando a un niño se le explica que ha hecho algo mal, siente algún tipo de remordimiento. Los niños no nacen sabiéndolo todo y, en ocasiones, se equivocan. Por eso, hay que enseñarles con paciencia y constancia, poco a poco, comportamientos sociales y de buena educación.

Sin embargo, como bien evidencia el artículo ya mencionado de la Revista de Derecho Penal y Criminología, en los niños que desarrollan trastorno antisocial de la personalidad, esto no suele ocurrir. Ello se debe a que no son capaces de sentir culpa por lo que hacen. No pueden sentir el dolor de la otra persona o tenerle compasión porque es algo que no entienden; incluso cuando se trata de sus seres más cercanos.

En este sentido, como venimos diciendo, la violencia no tiene por qué ejercerse únicamente de modo físico, sino que también puede tratarse de actos psicológicos o verbales.

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Niño con la cara seria

Causas de la psicopatía infantil

A continuación enumeramos una serie de causas que se cuentan entre los antecedentes de las conductas antisociales.

  • Rechazo de los padres o del entorno escolar. Ello produce merma en la autoestima e inestabilidad emocional. Como tienen propensión a ser menos sociales, los niños acaban aislados y, en respuesta, desarrollan odio e ira hacia los demás. Si ello se acompaña de ridiculización o humillación por sus pares, derivaría en sentimientos de venganza.
  • Maltrato y abuso infantil. Esto provocaría lesiones cerebrales y distorsión en el desarrollo psicológico, que introduce la violencia como solución de los problemas. Entre las afectaciones estaría un déficit en el procesamiento emocional, en lo que respecta al condicionamiento al miedo, percepción del dolor y reconocimiento de ira y miedo. El niño abusado disminuye su empatía, la confianza en sí mismo y la seguridad.
  • Exposición a eventos traumáticos. Ello afecta las estructuras cerebrales y los sistemas neurobiológicos. La influencia de los eventos traumáticos se puede ver modulada por una predisposición genética.
  • Bajos niveles de la ezima MAO, que provocan mayor sensibilidad a los eventos negativos con aumento de las conductas agresivas.

La psicopatía se desarrolla de distintas maneras según las personas, pero existe -como lo afirma esta investigación– una tendencia a creer que la predisposición de los factores neurológicos se potencian con las variables del entorno, provocando en los sujetos “una serie de deficiencias estructurales que dificultan el procesamiento emocional, su capacidad de socialización y por consiguiente aprenderán a desarrollar conductas antisociales como un mecanismo de defensa y supervivencia a un entorno hostil.”

Diagnóstico y tratamiento

Tal y como ocurre con los trastornos mentales en general, la psicopatía no presenta una causa única y específica. Si una persona desarrolla la enfermedad, es posible que se deba a una combinación de factores.

A día de hoy existen determinadas tecnologías con las que se pueden detectar con relativa sencillez algunos síntomas físicos. Esto es gracias al constante avance en tecnología, ciencia y medicina.

Así, por ejemplo, se pueden identificar ciertos rasgos psicopáticos mediante un estudio denominado tomografía por emisión de positrones (PET), como muestra este artículo publicado en la Revista Neurología, Neurocirugía y Psiquiatría.

Por supuesto, las terapias psicológicas son muy recomendadas. Según evidencia esta investigación llevada a cabo por profesionales de la Universidad de la Frontera, Chile, las terapias orientadas al insight, es decir, darse cuenta, y las cognitivo-conductuales parecen ser efectivas. En este sentido, ambas trabajan con los rasgos característicos del trastorno.

Asimismo, el apoyo familiar, en especial, el apoyo de los progenitores también es de gran relevancia. Estos supondrán el mayor punto de soporte para el pequeño, que necesitará sentir su amor y acompañamiento para enfrentarse, de la mejor forma posible, al trastorno.