Ácido láctico, ¿amigo o enemigo?

El ácido láctico es un compuesto orgánico resultante de la fermentación láctica de la glucosa. Hoy veremos si es beneficioso o perjudicial para nuestro organismo.
Ácido láctico, ¿amigo o enemigo?

Escrito por Antonio Reyes

Última actualización: 08 marzo, 2022

El ácido láctico o lactato es un compuesto orgánico derivado del metabolismo anaerobio (sin oxígeno) de nuestras células. Frecuentemente se lo ha relacionado con diversas enfermedades o situaciones patológicas, como la acidosis láctica. Hoy vamos a ver si realmente es perjudicial para el organismo o si, en cambio, puede ser beneficioso en algunos contextos.

Ácido láctico: ¿qué es?

Para entender qué es el ácido láctico, debemos comprender qué le sucede a la glucosa que obtenemos a través de la descomposición de los hidratos de carbono que ingerimos con nuestras comidas.

Esta glucosa se transforma en ácido pirúvico o piruvato; a su vez, el piruvato entra en el ciclo de los ácidos tricarboxílicos (o ciclo de Krebs) para formar NADPH. Este será utilizado para obtener ATP, que es el combustible que nuestras células utilizan como fuente de energía.

Todo este proceso se realiza en presencia de oxígeno. Cuando no hay oxígeno, el piruvato sigue la ruta de la fermentación láctica y se convierte en ácido láctico o lactato.

Esta situación es beneficiosa, porque es una fuente alternativa de energía para nuestros músculos en condiciones muy exigentes, en las que el aporte de oxígeno es insuficiente. Realmente, no es que se cambie la forma de obtener energía, sino que se suman nuevos recursos.

Ácido láctico y ejercicio

Durante el ejercicio físico intenso, como hemos dicho, el tejido muscular comienza a utilizar otros combustibles. Uno de ellos es el obtenido a partir del lactato, que permite mantener una actividad física exigente durante un mayor período de tiempo.

Sin embargo, es un combustible que se agota rápidamente, lo que explica que los esfuerzos muy intensos no puedan mantenerse durante mucho tiempo.

Intensidad para hipertrofiar.

¿Amigo o enemigo?

Un acúmulo excesivo de ácido láctico produce acidosis, una situación no deseable por el organismo en la que baja el pH. Cuando baja el pH, muchas proteínas y enzimas no pueden realizar sus funciones de forma adecuada.

Como consecuencia de esto, pueden producirse daños en los tejidos del cuerpo. Por lo tanto, por lógica podríamos pensar que el ácido láctico es perjudicial para el organismo.

Sin embargo, no debemos confundir el ácido láctico generado en situaciones patológicas con el ácido láctico que se produce como combustible alternativo en nuestros músculos. Este ácido láctico muscular está en su forma reducida, el lactato, que es menos dañina para los tejidos.

Además, el ácido láctico frecuentemente se había asociado con la génesis de las agujetas y los calambres musculares, pero esto está totalmente desmentido. Las agujetas se producen por microrroturas en las fibras del músculo, y los calambres se producen por sobresfuerzo.

¿Cuándo es patológico?

La acumulación de ácido láctico producirá acidosis cuando se genere una cantidad importante, que pueda alterar el funcionamiento de los tejidos. Un ejemplo típico de esto son las situaciones de extrema gravedad, como el estado de shock.

En estos casos, el organismo no es capaz de perfundir bien nuestros tejidos con oxígeno y nutrientes. Por ello, todas las células del cuerpo comienzan a obtener energía por la vía alternativa de la fermentación láctica. Se producirá así un acúmulo masivo de ácido láctico y acidosis, lo que contribuye al daño y a la disfunción multiorgánica que, si no es tratada, acabará con la muerte del paciente.

Otra situación en la que el incremento de los niveles de lactato es patológica es el síndrome coronario agudo, que incluye a los conocidos (y temidos) infartos de miocardio.

Un infarto puede ser consecuencia del ácido láctico ante condiciones patológicas.

En situaciones en las que aumenta la demanda de oxígeno del tejido muscular del corazón (el miocardio) y el aporte energético está reducido por la oclusión de una arteria coronaria, las células del miocardio comenzarán a utilizar esta vía de la fermentación para obtener energía.

Esto llevará, nuevamente, a la acidosis láctica. Esta última provocará una necrosis de las células del músculo cardíaco, lo que se convierte en la génesis del infarto agudo de miocardio.

Conclusión sobre el ácido láctico

En definitiva, el lactato que resulta de la actividad física habitual no debería preocuparnos. De hecho, se trata de un mecanismo del músculo para adaptarse a la actividad física exigente y mejorar el rendimiento.

No obstante, la acumulación de ácido láctico por situaciones como las expuestas previamente sí deben preocuparnos, aunque son evitables manteniéndonos saludables y practicando deporte de forma habitual.

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