¿Cómo afectan las grasas saturadas al corazón?

A pesar de las creencias populares, la ingesta de grasas saturadas no impacta de forma negativa en los niveles de colesterol ni en la inflamación. ¿Cómo repercute en la salud del corazón?
¿Cómo afectan las grasas saturadas al corazón?
Sául Sánchez Arias

Escrito y verificado por el nutricionista Sául Sánchez Arias el 25 diciembre, 2020.

Última actualización: 25 diciembre, 2020

Las grasas saturadas son uno de los nutrientes más demonizados de la dieta. Durante muchos años se ha afirmado que su ingesta podía perjudicar a la salud cardiovascular e incrementar el riesgo de sufrir accidentes como el infarto o el ictus. Sin embargo, los últimos estudios ponen en duda dichas afirmaciones.

Existen 2 tipos de lípidos distintos: los saturados y los insaturados. Atendiendo a su configuración espacial, podemos establecer otra clasificación en dos grupos: ácidos grasos cis y ácidos grasos trans. Son estos últimos los que pueden generar un impacto negativo sobre la salud, y no los saturados como tal. Te lo explicamos.

¿Qué son las grasas saturadas?

Los lípidos saturados son una serie de macronutrientes que se caracterizan por presentar únicamente enlaces simples en su estructura química. Normalmente se encuentran en los alimentos de origen animal y tienden a ser sólidos a temperatura ambiente.

No obstante, su punto de fusión no es alto; a medida que se calientan, se vuelven líquidos. De todos modos, este incremento de la temperatura puede generar un cambio en su configuración espacial y convertirlos en nocivos.

¿Son malas estas grasas?

En la actualidad, las investigaciones más recientes ponen en duda que las grasas saturadas sean capaces de incrementar el riesgo cardiovascular. De hecho, algunas de ellas, como las presentes en el aceite de coco, han demostrado ejercer efectos protectores sobre el corazón.

Por otra parte, durante muchos años se afirmó que la ingesta de estas grasas saturadas era capaz de alterar el perfil lipídico sanguíneo; en otras palabras, de aumentar el colesterol. Este fue uno de los motivos por el que se limitó el consumo de huevos a nivel semanal.

Pese a que siempre se creyó lo contrario, hoy se sabe que las grasas saturadas no son tan malas.

Sin embargo, se ha conseguido demostrar que dicha influencia no es tan grande como se pensaba, y que se pueden consumir huevos y lípidos sin temer por una alteración significativa del colesterol.

Incluso se pone en duda que el colesterol sanguíneo realmente sea un buen predictor de la enfermedad cardiovascular. Los estudios más recientes, como uno publicado en la revista Trends in Cardiovascular Medicine, achacan el riesgo de aterosclerosis a la oxidación de una pequeña fracción de colesterol LDL, no a la presencia de este en el suero.

De hecho, se sostiene que un buen aporte de antioxidantes es clave para prevenir variaciones en el equilibrio redox que da origen a una mayor incidencia de la aterosclerosis.

El problema de las grasas saturadas

Según lo comentado, las grasas saturadas como tales no representan un problema para la salud, salvo en una situación concreta. Ya hemos mencionado que estos lípidos pueden cambiar su configuración espacial si se someten a las altas temperaturas; esto los transforma en grasas de tipo trans, con potencial inflamatorio.

Dichos nutrientes sí que son capaces de interferir en la modulación de la inflamación del organismo. Al mismo tiempo, pueden originar también cambios en el mantenimiento del potencial redox de las lipoproteínas, lo que incrementa el riesgo de formación de placas de ateroma que obstruyen las arterias.

Por lo tanto, los alimentos con alto contenido en ácidos grasos de tipo trans sí que se consideran peligrosos para la salud cardiovascular. No obstante, la ingesta de grasas saturadas en crudo o sometidas a procesos de cocción poco agresivos no deberían generar problemas.

Las grasas saturadas, un nutriente injustamente catalogado

Las grasas saturadas son malas cuando se cocinan a altas temperaturas.

Durante muchos años se les ha atribuido a las grasas saturadas la capacidad de perjudicar la salud. Sin embargo, las investigaciones actuales han puesto en duda dicha relación y consideran estos nutrientes como beneficiosos e imprescindibles.

Todavía existen muchas incógnitas en lo que a patologías cardiovasculares se refiere. En este sentido, hay que clarificar el papel del colesterol y el riesgo que realmente generan la inflamación y la oxidación. De todos modos, se sabe a ciencia cierta que aumentar el consumo de grasas cis resulta un factor protector, del mismo modo que la actividad física regular.

Por este motivo, es recomendable dar prioridad a la ingesta de alimentos frescos frente a los procesados industriales. Estos últimos suelen contener azúcares y lípidos trans en su composición, nutrientes dañinos para la salud metabólica y para la función del corazón. Cuanto más se reduzca su consumo, mejor.

Asimismo, es esencial evitar la ingesta de tóxicos, como puede ser el alcohol. En su lugar, mejor fomentar la presencia en la dieta de frutas y de verduras con capacidad antioxidante.

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