3 consejos para superar el hambre emocional

30 Enero, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga deportiva Gloria Redondo Rincon
Comer es una actividad muy placentera que genera sensaciones de alivio y bienestar. Sin embargo, también es frecuente recurrir a la comida como una forma de calmar el estrés. ¿Cómo solucionar el hambre emocional?

A muchas personas, especialmente a las que sufren de ansiedad, les interesa saber cómo superar el hambre emocional. Si no se trata debidamente, esta condición puede ocasionar varios problemas de salud a quien lo padece.

Con el término «hambre emocional» nos referimos a la conducta de comer para calmar los nervios. Es diferente del hambre fisiológica, es decir, cuando se come para satisfacer una necesidad básica y permitir que el cuerpo pueda funcionar correctamente.

Comer es una actividad muy placentera, pero no es la manera idónea de resolver los problemas emocionales. En este sentido, consumir alimentos poco saludables entre horas es un billete seguro hacia el sobrepeso. Además, representa un alivio inmediato ante la ansiedad, pero no resuelve la situación que la genera.

Por todo ello, a continuación veremos cómo detectar este fenómeno y presentaremos unos sencillos consejos para superar el hambre emocional.

¿Hambre emocional o hambre fisiológica?

No siempre es fácil distinguir cuándo el impulso de comer viene por el hambre emocional, pero existen una serie de síntomas que ayudan a salir de dudas. En primer lugar, el hambre emocional aparece cuando la persona está pasando por una situación estresante. No se da a ciertas horas del día como el hambre fisiológica, sino que se puede experimentar en cualquier momento de la jornada.

Otra forma de saber que estamos ante un caso de hambre emocional es la preferencia por los alimentos dulces o grasientos. Por el contrario, cuando alguien tiene hambre fisiológica, busca cualquier alimento o nutriente para saciarla.

Por último, las emociones que se producen antes y después de comer son diferentes. Según un estudio publicado por la revista Acta de Investigación Psicológica, el hambre emocional se relaciona con emociones desagradables como tristeza, sensación de vacío o desesperanza. Por su parte, el hambre fisiológica no va asociada a ninguna emoción.

Los riesgos del sedentarismo no son solo físicos, sino también mentales.

Cómo superar el hambre emocional

Una vez que se tiene claro cuándo se pasa por un episodio de hambre emocional, el siguiente paso es poner un límite y no sucumbir ante la necesidad de comer alimentos poco saludables. A continuación, veremos cómo se puede lograr.

1. Pon fuera del alcance cualquier alimento tentador

Es muy fácil ceder ante el hambre emocional si existe disponibilidad y accesibilidad de los alimentos que causan ese deseo. Por el contrario, si consumir esos alimentos supone que la persona tiene que realizar un esfuerzo por conseguirlos, es menos probable que se consuman.

La solución más drástica es cortar de raíz y no comprar ningún alimento procesado, pero no es necesario llegar a esos extremos para superar el hambre emocional. Basta con ponerlos lejos del alcance o de la vista, como en un estante alto.

2. Calma el estrés con otras alternativas más adecuadas

El origen del hambre emocional es el estrés ante un evento o una situación de incertidumbre. Esto significa que, si se ataca directamente al origen del hambre, con toda probabilidad se dejará de sentir esa necesidad imperiosa de comer.

Existen muchas formas de calmar la ansiedad que además aportan otros beneficios a la persona. Por ejemplo, se ha demostrado en un estudio reciente que realizar al menos 30 minutos de actividad física al día es una manera eficaz de combatir el estrés.

El deporte y la vida activa constituyen la mejor manera de superar el hambre emocional. Pero no solo eso, sino que aporta otros muchos beneficios que influyen de manera positiva en el bienestar físico y mental.

3. Establece una relación sana con la comida

Tal y como se dijo en el apartado anterior, el hambre emocional es una consecuencia directa del estrés. Sin embargo, la relación no es tan sencilla como parece, ya que en muchas ocasiones lo que genera el estrés son las emociones negativas y pensamientos que se experimentan después de comer. Es decir, la relación causa-efecto se transforma en un círculo vicioso más difícil de romper.

Mujer que disfruta de un desayuno saludable durante el invierno.

En estos casos, es muy importante relativizar y no dar más importancia de la necesaria a los pensamientos y emociones negativas. No pasa nada por comer «alimentos basura» esporádicamente. Torturarse o culparse por ello es una conducta tóxica y dañina para uno mismo, que solo alimenta el estrés.

Supera el hambre emocional y vive más feliz

A todos nos gusta disfrutar de una buena comida, y no existe nada de malo en ello. No obstante, la buena alimentación es un pilar fundamental de la salud, y hay que cuidarla y controlarla para mantener la calidad de vida.

El hambre emocional es un fenómeno habitual cuando se está pasando por un periodo de estrés. No es algo de lo que haya que avergonzarse, sino ser valiente de reconocerlo y hacer un esfuerzo por superarlo. Después de todo, «de lo que se come, se cría».

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