Autoexigencia: ¿cómo afecta a los deportistas?

La autoexigencia es un arma de doble filo para los deportistas. Por un lado puede ser una ayuda para progresar y seguir esforzándose. Por otro, puede ser una fuente de presión que mine el rendimiento deportivo.
Autoexigencia: ¿cómo afecta a los deportistas?
Gloria Redondo Rincon

Escrito y verificado por la psicóloga deportiva Gloria Redondo Rincon.

Última actualización: 23 junio, 2022

Si hay una cualidad que afecta a la mente de los deportistas, tanto para bien como para mal, es la autoexigencia. Por un lado, puede ser una ayuda para mejorar y no conformarse con lo que se tiene, pero cuando no se sabe gestionar es una fuente de preocupación y autosabotaje.

En términos generales no está mal ser autoexigente con uno mismo. Los deportistas profesionales se caracterizan precisamente por buscar la mejora continua e investigan para dar la mejor versión de sí mismos. Sin embargo, hay que tener cuidado, pues la excesiva autoexigencia no aporta nada bueno. De hecho, los deportistas que más bloqueos mentales sufren son aquellos que son más exigentes con ellos mismos.

Entender cómo la autoexigencia afecta de manera positiva a la mente de los deportistas es una lección valiosa que permitirá aplicarla a nuestro favor, y así aumentar el rendimiento. Por ello, a continuación profundizaremos en este tema.

Aprende que no todos los momentos son buenos

Chica cansada por el consumo de licor en los días previos al entreno.
La autoexigencia puede ser un obstáculo para un atleta.

La autoexigencia puede aportar cosas positivas, si se hace tanto de manera correcta como en el momento adecuado. Es una trampa muy habitual ser demasiado exigente con uno mismo en los momentos en los que peor está. Pero con esto solo se consigue aumentar los niveles de frustración.

Los momentos para exigirse son aquellos en los que el deportista se encuentra en condiciones físicas y mentales de hacer un esfuerzo extra. El mejor momento es antes de salir a competir o después de un descanso. Por el contrario, exigirse al final es complicado, ya que en ese momento hay que aguantar el ritmo sin aumentarlo.

Si se aprende a gestionar los momentos para autoexigirse también se dosifica el esfuerzo de una manera mucho más inteligente. Es imposible pretender tener un esfuerzo máximo mantenido durante toda la actividad física, sino que lo realista es distribuir toda la capacidad en función del momento, y así evitar fatigarse de manera prematura.

La autoexigencia produce diversas emociones

Las creencias derivadas de una intensa autoexigencia despiertan diferentes emociones. Pensamientos como “tienes que ser mas fuerte“, “si no quedas primero, la competición está perdida” o “descansar no está permitido” no dejan indiferente al deportista. Su fuerte sentido de la obligación está relacionado con emociones secundarias, generalmente negativas.

La presión que el deportista se pone a sí mismo es un factor bien descrito generador de emociones negativas. Esto es lo que afirma un estudio realizado por la Universidad de Autónoma de Baja California. Además, otra fuentes de exigencia que generan incomodidad son aquellas que vienen desde la familia y el entrenador.

Al final, son el núcleo de personas más cercano al deportista las que pueden potenciar la autoexigencia sobre el atleta. Es normal que las expectativas exigentes acaben agobiando a la persona, principalmente por el deseo de cumplirlas. Por ello, parte del trabajo de saber gestionar la autoexigencia pasa por trabajar con los entrenadores y familia.

No por mucho autoexigirse se avanza más rápido

Una creencia muy extendida en el mundo del deporte es que a mayor autoexigencia, más progresos es posible hacer. Esta idea no solo es equivocada, sino que puede llegar a ser muy perjudicial.

Es cierto que para avanzar y aprender hay que trabajar, pero la relación entre esfuerzo y avances no es lineal. Cuando se llega a un límite el seguir esforzándose lo único que se produce es que aumente el riesgo de sobreentrenamiento.

El sobreentrenamiento es un estado con síntomas similares a los de una gripe causado por un volumen de entrenamiento que excede las capacidades de la persona. Este estado es reversible, el descanso es la mejor cura, pero aún así llegar hasta ahí no es deseable pues supone un parón en el rendimiento.

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La exigencia no implica mejoría en los resultados deportivos.

Controla la autoexigencia y no dejes que ella te controle a ti

Saber controlar la autoexigencia es quizás una de las tareas más difíciles que tiene que aprender un deportista. Es habitual que la persona se vea arrastrada por esta actitud y que al final le acabe perjudicando, en lugar de beneficiar.

Aprender a gestionarla pasa por reevaluar las creencias que tiene uno respecto al rendimiento. No por entrenar todos los días al máximo de las capacidades se va a progresar mejor. En este sentido es mejor ir más despacio pero consolidando avances. En el deporte y en la vida las cosas que más merecen la pena son aquellas que más cuestan conseguir.

Por último, cabe mencionar que la autoexigencia afecta a la mente de los deportistas, pero es cada uno quien decide cómo quiere que le afecte, si de una manera positiva o negativa.

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