4 frases que pueden arruinar a un deportista

El lenguaje es una poderosa arma de doble filo que afecta al rendimiento deportivo. Darse cuenta cuándo un mensaje es negativo evitará muchos problemas que afectan al deportista.
4 frases que pueden arruinar a un deportista
Gloria Redondo Rincon

Escrito y verificado por la psicóloga deportiva Gloria Redondo Rincon.

Última actualización: 04 septiembre, 2022

Hay ciertas frases que son capaces de arruinar la mentalidad de un deportista. El lenguaje es un arma de doble filo. Tiene el poder tanto de movilizar como de bloquear a las personas, sin embargo es habitual que este poder se subestime.

Los entrenadores deben ser conscientes del impacto que tienen sus palabras sobre sus deportistas. En ocasiones pasa que con la intención de motivarles, su discurso genera paradójicamente el efecto contrario. Este efecto no solo se debe a la frase en sí, sino en qué momento se dicen y con aspectos no verbales, como los gestos y la entonación que acompaña.

Conocer las frases que pueden arruinar a un deportista resulta de gran utilidad pues no solo permite superarlas, también evitar que su mensaje se extienda. Por todo ello, a continuación pondremos ejemplos concretos de frases que pueden arruinar a un deportista, y trataremos cómo superarlas.

1. “Estás bajando el ritmo respecto a tus compañeros”

El burnout puede ser uno de los factores de conexión entre depresión y deporte.
Las frases pueden ser un foco negativo a la hora de mejorar el rendimiento.

La comparación es una conducta habitual tanto en el deporte como en la vida. Desde un punto de vista positivo, sirve de marco para evaluarse con los iguales, y poder tener una referencia del progreso de cada uno. Pero por otro lado, también puede suponer una fuente de estrés si la persona sale siempre perjudicada de esa comparación.

Muchos entrenadores, especialmente los de los deportes colectivos, tienden a hacer comparaciones entre sus deportistas sin tener en cuenta cómo afecta esta a su mentalidad. Algunos deportistas experimentan la comparación como un reto para seguir mejorando; pero otros sienten que es un señalamiento y una llamada de atención ante un rendimiento deficitario.

También la comparación puede venir por parte del deportista. Para evitar que esta sea dañina hay que escoger un referente que sea similar a las capacidades con las que cuenta la persona. Además, la dimensión de la comparación debe ser algo que se pueda mejorar, y no un atributo estático sobre el que no existe margen de mejora.

2. “Todo el mundo espera mucho de ti en esta competición”

Es normal que antes de una competición el deportista se forme expectativas acerca del resultado que espera conseguir. Las expectativas de resultado también pueden trascender al deportista y que otras personas, como los familiares, se imaginen posibles resultados.

Esto no tiene nada de malo, pero se puede volver problemático cuando esas expectativas no se cumplen y los demás se lo hacen saber al deportista. Con esto, el atleta se puede quedar con la sensación de fracaso por no haber alcanzado la victoria, y con la sensación de haber decepcionado a aquellos que creían en él.

En este sentido, después de que en una competición no se haya tenido el resultado esperado es mejor arropar con gestos de cariño y apoyo. No hay mejor consuelo que el sentirse querido después de que las cosas no salgan como uno esperaba.

3. “Tienes que estar siempre al 100%”

Una fuente de mucho estrés psicológico en el deporte viene por las metas perfeccionistas. La frase “siempre se puede hacer un poco mejor” no es realista, pues sitúa al deportista en una carrera sin fin por alcanzar una meta que no existe.

Aún así, está muy extendida la creencia en el deporte de que siempre hay que rendir al 100%. Esta idea es irreal y frustrante a partes iguales. En cualquier momento pueden aparecer condiciones que provoquen que el deportista no pueda rendir hasta dar el máximo de sus capacidades.

Estas condiciones son tan diversas como una lesión, un resfriado o la preocupación puntual por algo que no tenga que ver con el deporte. Ignorar que existen aspectos que trascienden lo meramente deportivo es negar la realidad, y esto tiene implicaciones negativas para el deportista.

Lo más adaptativo en este sentido es aceptar que habrá momentos en los que uno pueda rendir al 100%, y otros en los que a lo mejor tiene que bajar el ritmo. Después de todo, somos seres humanos y no máquinas que tengamos que funcionar sin descanso.

4. “Las emociones en el deporte son malas, tienes que ser racional”

Si hay algo que caracteriza a los seres humanos es que somos seres emocionales. Las emociones son una parte fundamental de la vida, pero habitualmente se intenta negarlas y actuar como si solo fuésemos seres racionales.

Sin embargo, es posible utilizar el poder de las emociones para potenciar las virtudes de cada uno. Para ello, es necesario aprender a regularlas, para que sea el deportista quien tiene el control sobre ellas y no al revés.

Hay que ver a las emociones como una ayuda más que un obstáculo. Conectar con la vida emocional de cada uno y sentir las emociones en su justa medida es un buen comienzo.

Entrenar el control de las emociones es clave para una mejor calidad de vida.
Las emociones repercuten directamente sobre las expectativas deportivas.

No dejes que estas frases echen por tierra el trabajo realizado

El éxito en una competencia es la consecuencia de la suma de muchos factores. Entre ellos están los mensajes que el deportista se dice a sí mismo, o aquellos que recibe de su entorno.

Estos mensajes tienen la capacidad bien de potenciar o perjudicar el desempeño en un momento concreto. Por tanto, si queremos asegurar un buen rendimiento por parte del atleta, debemos analizar qué mensajes recibe este y cuál es impacto que tienen. Y por último pero no menos importante, cambiar los mensajes negativos que restan por otros que sumen.

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  • Pineda-Espejel, H. A., Morquecho-Sánchez, R., Fernández, R., y González-Hernández, J. (2019). Perfeccionismo interpersonal, miedo a fallar, y afectos en el deporte. Cuadernos de psicología del deporte, 19(2), 113-123.