He aprendido a decir "me quiero" antes de decir "te quiero"

Valeria Sabater·
03 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña al
11 Marzo, 2019
Conocerse y quererse a uno mismo son pilares fundamentales para iniciar una relación afectiva sana. Sin duda, el amor propio sienta las bases para poder crecer junto a otra persona.

“He aprendido a decir me quiero”. ¿Qué significado entraña esta frase? ¿Se trata de un acto de orgullo? ¿Podría considerarse una señal de amor propio?

Mientras la primera emoción tiene más que ver con los miedos y las inseguridades de cada uno, la segunda manifiesta sobre todo una autoestima saludable.

Además, dicha disposición cobra especial relevancia cuando nos adentramos en el terreno de las relaciones afectivas. En estos casos a veces ocurre que las necesidades individuales quedan diluidas ante los deseos del otro. Incluso llegamos a pensar que si la otra persona se encuentra a gusto, todo está bien.

Parece que nos cuesta establecer algunos límites en vínculos de este tipo. Caminamos en espacios comunes en los que se comparten numerosas vivencias. Al mismo tiempo, las renuncias personales a favor del compromiso mutuo están a la orden del día.

Sin embargo, si pretendemos mantener un cierto equilibrio, es importante que no perdamos de vista aquellos valores que nos definen. En estas circunstancias eso de “He aprendido a decir me quiero” resulta de lo más significativo. Veámoslo más despacio a continuación.

flor representando la belleza de decir me quiero

He aprendido a decir “me quiero”

Quizás en alguna ocasión al expresar “Yo no quiero esto para mí”, otra persona te haya respondido: “Eres muy egoísta”. No obstante, lejos de sentirte agraviado, toma conciencia de estas explicaciones:

El amor propio

  • El amor propio nos permite establecer una barrera de protección para atender a las necesidades que tenemos en cada momento.
  • De esta manera, es posible decir “me quiero”. Porque estamos centrados en las emociones que sentimos, apreciamos lo que somos y deseamos cuidarnos.
  • La autoestima puede fortalecerse desde la infancia. En la medida en que los padres refuerzan y valoran al niño, este construye una imagen más positiva de sí mismo y va adquiriendo mayor seguridad.
  • Aprender a escucharnos e identificar qué es lo que nos conviene son muestras de que nos queremos a nosotros mismos.
  • Si nos tenemos en cuenta, evitaremos con más facilidad el abismo de la dependencia o el sufrimiento.

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El orgullo. Una emoción diferente a la afirmación de “He aprendido a decir me quiero”

  • Una persona orgullosa se idealiza a sí misma mientras niega sus propias debilidades y carencias.
  • Busca sentirse superior a los demás como mecanismo de defensa para esconder una baja autoestima o las sensaciones de insatisfacción que experimenta.
  • Dicha actitud representa un escaso autoconocimiento y a menudo también una pobre empatía hacia los otros.
  • Quienes actúan con arrogancia lo que hacen es imponer la norma de que ‘se les respete’.
  • No obstante, en realidad son ellos quienes no se están atendiendo a sí mismos. Olvidan las emociones que de verdad sienten y las trasladan a conductas dañinas con el entorno.

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Antes de decir “te quiero”

Es frecuente que el amor llegue cuando menos se le espera. Es difícil controlar de quién nos enamoramos. Sin embargo, si es viable crear algunas condiciones previas que auguren una relaciones afectivas más sanas.

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  • Comprenderse a uno mismo. Aunque suene filosófico o trascendental, esta es la forma de saber qué es lo que queremos y nos hace felices. Si nos dejamos llevar por los otros o ponemos en manos ajenas esta responsabilidad, va a ser casi un golpe de suerte que todo encaje con lo que deseamos.
  • Aprender a conocer a los demás. ¿Cómo saber si la persona que nos atrae será capaz de construir un vínculo agradable y duradero? Desde luego que influyen múltiples factores, pero acaso en un primer momento sea útil fijarse en sus valores y estilo de vida. ¿Coinciden al menos en lo sustancial con lo que nosotros consideramos importante?
  • Experimentar el placer de estar solo antes de tener pareja. Se trata sobre todo de ser libre para disfrutar de las oportunidades que conlleva dicha situación. Si conseguimos gestionar el temor a la soledad, evitaremos construir relaciones basadas en el miedo al abandono.

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El valor de aquel que afirma “He aprendido a decir me quiero”

Parece que antes de decir “te quiero” resulta fundamental formular un “me quiero”.

¿Qué tal si intentamos detectar primero cuáles son las propias ilusiones o qué es aquello que nos viene bien? ¿Merece la pena renunciar a todo por el mero hecho de estar en una relación?

Como vemos, saber lo que significa el amor propio, así como aprender a conocernos a nosotros mismos y a los demás son algunas claves básicas para responder a estas preguntas.

Por tanto, para apostar por proyectos compartidos que promuevan el equilibrio personal de cada uno recordemos que un “me quiero” a tiempo puede ahorrarnos más de un disgusto.

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