Hemodiálisis: todo lo que debes saber

La hemodiálisis es un tratamiento esencial para mantener vivos a los pacientes con enfermedades renales crónicas que no tienen acceso a trasplantes. Te contamos más sobre esta intervención.
Hemodiálisis: todo lo que debes saber
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 22 febrero, 2021.

Última actualización: 22 febrero, 2021

La hemodiálisis es una terapia de sustitución renal que tiene como finalidad suplir de manera parcial la falta de funcionamiento de los riñones. Durante este proceso, se bombea la sangre a través de un filtro conocido como dializador, el cual está situado fuera del organismo del paciente. El mismo actúa como un «riñón artificial».

Este tratamiento permite filtrar las toxinas y el agua de la sangre, como hacían los riñones cuando estaban sanos. Por desgracia, la expectativa de vida de los pacientes con enfermedad renal crónica en hemodiálisis (HD) sigue siendo muy corta, comparándola con la población general. Si quieres saberlo todo al respecto, sigue leyendo.

Tipos de acceso en la hemodiálisis

Cuando se produce un fallo renal grave que impide el funcionamiento del órgano, este debe sustituirse. Para muchas personas, el trasplante de riñón es la mejor de las opciones, pero a veces no es posible o no hay donantes suficientes. En estos casos, se recurre a la diálisis peritoneal y la hemodiálisis.

En la hemodiálisis, la sangre es bombeada a través de tubos blandos hacia un equipo con un filtro, conocido como «dializador». Este deja pasar los desechos, las toxinas y el líquido adicional, pero retiene los elementos necesarios para el funcionamiento del organismo, como células sanguíneas y nutrientes.

Los desechos son trasladados a un líquido de limpieza (dialisato) y la sangre purificada vuelve al organismo del paciente. Este proceso puede durar de 4 a 6 horas y se repite hasta 4 veces por semana, en la medida de lo posible. Según la National Kidney Foundation, se registran diversas vías de acceso en la hemodiálisis.

Tipos de acceso en la hemodiálisis
La hemodiálisis es un tratamiento médico que se realiza en pacientes con fallo renal grave.

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1. Fístula

Es la opción más recomendada de forma general. Las fístulas son conexiones anormales entre 2 partes del cuerpo, en este caso, de forma intencionada. Aquí se realiza una conexión entre una vena y una arteria con la intención de crear un gran vaso sanguíneo que soporte las agujas necesarias para realizar la hemodiálisis.

La fístula tarda entre 3 y 4 meses en estar lista. Por ello, se debe realizar este procedimiento mucho antes de comenzar el tratamiento propiamente dicho. Información publicada en Texas Heart Institute expone que esta vía de acceso manufacturada se puede usar por muchos años.

2. Injerto

Si los vasos sanguíneos no son son aptos para una fístula, se realiza un injerto. En él, se unen una arteria y vena del brazo con un tubo plástico, de material sintético y colocado por completo bajo la piel. Suele estar listo para el uso tras 3 semanas, pero dura menos que el abordaje anterior.

3. Catéter

Nunca se usa como un acceso permanente, a menos que la fístula o el injerto sean inviables en su totalidad. En este caso, se coloca un catéter en la vena del cuello o debajo de la clavícula para un uso transitorio, hasta que cualquiera de los 2 métodos previos esté listo para su uso.

¿Por qué se realiza una hemodiálisis?

Coincidiendo con información de la Clínica Mayo, existen muchos factores que se deben discutir antes de comenzar una hemodiálisis. Entre ellos, se encuentran los siguientes:

  • Salud general.
  • Función renal.
  • Signos y síntomas.
  • Calidad de vida del paciente.
  • Preferencias personales.

Más allá de esto, se recomienda su puesta en práctica en aquellos pacientes con insuficiencia renal crónica. La biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos recoge algunos de los signos más comunes de este cuadro clínico:

  • Inapetencia.
  • Sensación de malestar.
  • Dolores de cabeza.
  • Náuseas.
  • Pérdida de peso injustificada.

La diabetes y la hipertensión arterial son 2 de las causas más comunes de la insuficiencia renal, pero existen otras muchas más. El médico evalúa el grado de compromiso de los riñones en base a la tasa de filtración glomerular, que estima la cantidad de sangre que pasa por cada glomérulo por minuto. El valor normal es de 90 a 120 mL/min/1.73 m2.

Si esta tasa de filtración glomerular es demasiado baja y los síntomas incapacitantes, se recurre a la hemodiálisis.

Riesgos y efectos secundarios de la hemodiálisis

Según una publicación en Kids Health, algunas personas notan cuando entra el acceso vascular en su cuerpo. Por todo lo demás, se trata de un procedimiento indoloro. Aun así, existen algunos riesgos asociados a la hemodiálisis. Entre ellos, se pueden listar los siguientes:

  • Infecciones: el hecho de que se estén introduciendo agentes externos 3 o 4 veces a la semana al torrente sanguíneo implica ciertos riesgos. Si no se higieniza el material de forma adecuada, es fácil que aparezcan infecciones.
  • Presión arterial baja: este evento es muy común en los pacientes diabéticos que se someten a una hemodiálisis.
  • Anemia: más que por la hemodiálisis como tal, la falta de funcionalidad renal suele ser motivo de anemia. Esto se debe a que los riñones no sintetizan suficiente eritropoyetina, una hormona que fomenta la producción de glóbulos rojos.
  • Picazón: sobre todo presente durante y después del tratamiento.
  • Problemas del sueño, ansiedad, depresión y otros trastornos emocionales asociados al proceso y la propia enfermedad.
Riesgos y efectos secundarios de la hemodiálisis
Las personas que se someten a hemodiálisis tienen un alto riesgo de infecciones, hipotensión y problemas emocionales.

Vivir con la hemodiálisis

Muchas personas pueden someterse a hemodiálisis 3 veces por semana en un centro habilitado. No obstante, en los casos más graves, se realiza una sesión diaria desde casa, un poco más corta. Entre los tratamientos, ciertos cambios en los hábitos diarios pueden ayudar a que los resultados sean aún mejores.

Comer bien

Para que la hemodiálisis funcione, es necesario tener un buen estilo de vida a nivel nutricional. Esto implica no consumir líquidos de más ni de menos, al igual que controlar la ingesta de sales minerales, grasas y proteínas diarias.

Tomar los medicamentos recetados

A menudo, se requieren medicamentos para controlar la presión arterial del paciente y generar glóbulos rojos. Por ende, es necesario seguir a rajatabla los calendarios de medicación, pues la hemodiálisis por sí sola no puede con todo el peso de la patología.

Organizar las cosas con antelación

Salir de viaje o ir de vacaciones puede ser una tarea imposible durante una hemodiálisis. Es necesario tener en cuenta que este tratamiento no conoce de excepciones y que, como mínimo, ocupa unas 12 horas semanales de la vida del paciente.

Apoyo médico en la hemodiálisis

La hemodiálisis es una responsabilidad importante, pero el paciente no tiene que afrontarla solo. Un equipo de médicos y profesionales preparados acompañarán al enfermo en todo momento con el fin de que su vida sea lo más digna y placentera posible a pesar de los fallos renales crónicos.

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