¿Es tu hijo un niño mimado?

Hay prácticas que, como padres, debemos evitar para no malcriar a nuestros hijos. Conoce cuáles son los comportamientos de un niño mimado y cómo corregir tal conducta en el próximo artículo.
¿Es tu hijo un niño mimado?
Bernardo Peña

Revisado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña.

Última actualización: 24 noviembre, 2022

Malcriar a un hijo puede hacer que se vuelva un niño mimado, que no respete las normas, que haga lo que quiera y que no asuma sus propias responsabilidades. Todo esto puede implicar graves consecuencias en su vida adulta.

Por este motivo, hoy vamos a hablar de algunas conductas propias de este tipo de infantes, las cuales nos ayudarán a saber si tenemos que tomar algunas medidas específicas con nuestros hijos.

Profundicemos.

9 comportamientos de un niño mimado

Los niños mimados o consentidos suelen presentar problemas de conducta debido a un exceso de indulgencia por parte de los padres o cuidadores principales. En estos casos, el infante tiende a desarrollar una actitud egoísta, controladora y de grandiosidad.

Para comprenderlo mejor, veamos a continuación los comportamientos más comunes en estos niños.

1. Tiene rabietas constantes

Comportamientos de un niño mimado

Las rabietas son un recurso al que acude cualquier niño mimado, pues sabe que en la mayoría de los casos tiene todas las de ganar. Más que nada, porque juegan con esa vergüenza que le hacen sentir al adulto y, también, con la culpa.

Pongamos un ejemplo:

Un niño está en el supermercado con su padre y quiere que este le compre un chocolate. El padre le dice que “no”. El niño insiste y como ve que no va a conseguir lo que quiere, se lanza al suelo y empieza a gritar y a patalear.

El padre le riñe, nota las miradas de las demás personas del supermercado y se empieza a sentir culpable. La cara se le pone roja de la vergüenza y como ya no puede más, le dice al niño: “Sí, toma tu chocolate, pero no vuelvas a armar un escándalo”.

¿Qué ha ocurrido aquí? El niño ha conseguido manipular a su padre haciéndole sentirse culpable y avergonzado. Al mismo tiempo, el padre ha perdido su autoridad pues ha cedido ante la actitud del hijo.

Como el padre sabe que cuando el niño recibe lo que quiere, se comporta, es probable que empiece a consentirle en todos sus caprichos solo para evitar una discusión.

Y, por lo tanto, esa rabieta mal canalizada puede comenzar a repetirse por años, incluso irse intensificando en etapas claves como la adolescencia. Así que no lo dudes, el mejor camino para evitar que se extienda esta conducta es actuar cuanto antes por el bienestar y en pro de la salud emocional de todos.



2. Intenta controlar a los adultos

Por su parte, un niño mimado intentará tener el control de los demás para obtener los beneficios que desea. Para ello, puede adoptar una variedad de comportamientos, cuyo fin es salirse con la suya.

Por ejemplo, algunos pueden hacer berrinches hasta obtener lo que desean (como en el ejemplo anterior); otros pueden enfrentarse directamente a los adultos dándole ordenes explícitas; o también pueden ignorar o quitarles el habla a sus cuidadores hasta que se cumpla lo que quiere.

3. No colabora con las tareas domésticas

Un niño mimado tampoco colaborará con ninguna tarea del hogar, ni siquiera querrá ayudar a recoger sus juguetes. 

Aunque a la mayoría de los niños no le gusta limpiar u ordenar, lo ideal es que, pasados los primeros años de vida, estén dispuestos a ayudar con las tareas más pequeñas, que estén acorde a su edad y desarrollo evolutivo.

Por ejemplo, entre los 6-7 años, ya puede hacer su cama, organizar su escritorio, preparar su mochila, pasar la aspiradora y quitar el polvo de los muebles.

Recordemos que, si hemos acostumbrado a nuestros hijos a que se lo hagamos todo, no verá la necesidad de hacer nada por su cuenta.

4. Avergüenza a sus padres en público

Los niños mimados también tienden a avergonzar a sus padres en público y una de las razones principales es para que le presten atención o le proporcionen lo que demandan. 

Las formas de avergonzar a sus padres son variadas, pero las más comunes son las pataletas, la desobediencia y la burla.

5. Siempre está insatisfecho

Un niño mimado nunca está satisfecho y esto se debe, en gran parte, a que no ha aprendido a ser agradecido con lo que tiene. Por tanto, siempre querrán más, sea lo que sea (dulces, juegos, ropa, salidas, etc.).

Por lo general, esta actitud se ve reforzada cuando lo padres acostumbran a darle cosas para calmarse. Evitando así, la oportunidad de que el niño aprenda a autorregularse y a canalizar sus propias emociones.

6. Desafían constantemente

Otro comportamiento bastante común en los niños mimados es la conducta desafiante, la cual va más allá de las rabietas y pataletas.

En este caso, la conducta desafiante incluye:

  • Hacer caso omiso a las reglas o normas.
  • Discutir constantemente con los padres.
  • Molestar a los otros a propósito y usar palabras para hacer daño.
  • Echarle la culpa los demás de los propios errores.
  • Frecuente irritabilidad.
  • Resentimientos hacia los demás y búsqueda de venganza.

7. Desobedecen a las figuras de autoridad

La desobediencia es otra característica de los niños mimados, pues siempre hacen lo que ellos desean. Y si sus deseos van contra la norma, entonces la pasan por alto.

8. No son altruistas

Compartir las pertenencias personales no es esperable en edades tempranas y eso está bien. Sin embargo, a partir de los 4 o 5 años, es más frecuente que los niños empiecen a compartir sus juguetes o comida con los demás sin que otros se lo pidan.

En cambio, un niño mimado siempre se mostrará renuente a compartir algo que es suyo o ayudar a alguien que lo necesite.

9. Recurres al soborno para controlarlo

El comportamiento desafiante y la desobediencia lleva a muchos padres a utilizar el soborno para llegar a acuerdos con sus hijos. Pues, cualquier petición se convierte en un drama y en un conflicto en donde los más pequeños siempre salen ganando.

Entonces, adoptan el soborno como una estrategia errónea para recuperar el control de sus hijos. Por ejemplo, diciéndoles “si te comes toda la comida te compro un juguete nuevo“.

A la larga, esta “solución” no hace más que empeorar el problema.

¿Por qué tu hijo es un niño mimado?

Ya lo dijimos con anterioridad, los niños mimados son producto de la excesiva indulgencia de los padres; la cual suele manifestarse de la siguiente manera:

La falta de límites en el hogar

El hecho de que existan límites en el hogar no significa que los padres sean duros, que vayan a dañar emocionalmente a sus hijos o que estos no les vayan a querer. Todo lo contrario. Los niños necesitan respetar a las figuras de autoridad que hay a su alrededor.

No obstante, para que surtan efecto tenemos que llevarlos a término hasta las últimas consecuencias. No vale poner un límite y permitir que se sobrepase ante una circunstancia como la anteriormente mencionada.

Los padres tienen que ser firmes en las decisiones que tomen. Si en un momento flaquean, todo se irá al traste. Por ello, si ponemos un límite como, por ejemplo, “hoy no se compra chocolate”, es que hoy no se compra y punto. Pase lo que pase, sin importar los lloros, las rabietas e incluso la vergüenza que podamos sentir.

Un niño mimado tiene que saber que los adultos hablan en serio. Tiene que aprender a aceptar un “no” por respuesta, aunque eso derive en chillidos y un llanto desconsolado en público.

Además, cuando existen límites desde un principio, desobedecer o incluso mostrar hostilidad hacia los progenitores es algo que no suele darse. Por ello, tenemos que imponer límites cuanto antes.



Un niño mimado no nace, se hace

Un niño mimado no nace, se hace

Un niño mimado no nace siendo así. Es la conducta de los progenitores, la permisividad del egoísmo que presenta y su actitud desafiante lo que provoca que el infante vaya actuando cada vez peor.

Terminará insultando a sus padres, controlándoles y ejerciendo un poder que no tendría que tener. No sabrá valorar lo que tiene y acabará deseando más y más para satisfacer sus necesidades y deseos.

Como padres responsables no podemos ceder a todos los caprichos de los hijos y tampoco debemos intentar suplir la falta de tiempo de calidad con bienes materiales. Esta actitud se revierte y afianza la tendencia a la insatisfacción permanente de los niños. Esto luego puede convertirse en un vacío lleno de inseguridades y capaz de generar, tanto en el niño como el adulto, una crisis de ansiedad.

Un niño mimado puede convertirse en una persona adulta muy desagradable, tóxica  para los demás y, sobre todo, para sí misma. Los niños necesitan límites, que los padres actúen como padres, no como amigos, y que nunca permitan faltas de respeto ni manipulación.

La recompensa

Hay niños que se acostumbran a cumplir con sus actividades a cambio de algo. Incluso, son capaces de intentar negociarlo con sus progenitores si eso le trae una recompensa. Esta conducta no es casual y, aunque cueste admitirlo, casi siempre es producto de la forma como se relacionan con los padres.

A veces en la necesidad imperante de que nuestro hijo nos haga caso podemos vernos tentados a ofrecerle algo que desee sin hacer conciencia del antivalor que estamos enseñando con ello.

Una cosa es premiarlos por un logro y otra sobornarlos con un fin. Es sumamente importante que como adultos responsables aprendamos a distinguir uno de otro y los animemos a hacer las cosas con los argumentos correctos. Al final los niños se sentirán contentos y orgullosos de sus actos.

Los padres deben tomar cartas en el asunto

Todo lo que hagamos para evitar que los pequeños se conviertan en niños mimados les ayudará a ser mejores personas en un futuro. De esta forma, sabrán mantener relaciones saludables con los demás.

Tengamos siempre en cuenta que la educación se adquiere en casa. Si el niño se acostumbra a conseguir todo lo que quiere no desarrollará ningún tipo de tolerancia a la frustración y sus caídas serán mayores cuando se enfrente al mundo real.

En este sentido, evitemos a toda costa ser esos padres que le damos todo hecho a nuestros hijos por creer que así lo estamos haciendo bien. Mejor, involucrémoslos desde pequeños en actividades del hogar que vayan acorde a su edad.

Saberse con responsabilidades desde muy chicos los ayudará a aprender, a través de la disciplina, la importancia de la corresponsabilidad en las relaciones. Además, es un ejercicio de empatía que le permite ponerse en el lugar del otro y desde ahí entender la necesidad de cooperación para que las cosas funcionen mejor en casa.

Brindémosles una buena educación que les dé herramientas para desenvolverse en la sociedad de manera sana y asertiva.

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