¿Es tu hijo un niño mimado?

Hay prácticas que, como padres, debemos evitar para no malcriar a nuestros hijos. Conoce cuáles son los comportamientos de un niño mimado y cómo corregir tal conducta en el próximo artículo.
¿Es tu hijo un niño mimado?
Bernardo Peña

Revisado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña.

Última actualización: 04 abril, 2022

Malcriar a un hijo puede hacer que se vuelva un niño mimado, que no respete las normas, que haga lo que quiera y que no asuma sus propias responsabilidades. Todo esto puede implicar graves consecuencias en su vida adulta.

Por este motivo, hoy vamos a hablar de algunas conductas propias de este tipo de infantes, las cuales nos ayudarán a saber si tenemos que tomar algunas medidas específicas con nuestros hijos.

Profundicemos.

Comportamientos de un niño mimado

El círculo de las rabietas

Comportamientos de un niño mimado

 

Las rabietas son un recurso al que acude cualquier niño mimado, pues sabe que en la mayoría de los casos tiene todas las de ganar. Más que nada, porque juegan con esa vergüenza que le hacen sentir al adulto y, también, con la culpa.

Pongamos un ejemplo:

Un niño está en el supermercado con su padre y quiere que este le compre un chocolate. El padre le dice que “no”. El niño insiste y como ve que no va a conseguir lo que quiere, se lanza al suelo y empieza a gritar y a patalear.

El padre le riñe, nota las miradas de las demás personas del supermercado y se empieza a sentir culpable. La cara se le pone roja de la vergüenza y como ya no puede más, le dice al niño: “Sí, toma tu chocolate, pero no vuelvas a armar un escándalo”.

¿Qué ha ocurrido aquí? El niño ha conseguido manipular a su padre haciéndole sentirse culpable y avergonzado. Al mismo tiempo, el padre ha perdido su autoridad pues ha cedido ante la actitud del hijo.

Como el padre sabe que cuando el niño recibe lo que quiere, se comporta, es probable que empiece a consentirle en todos sus caprichos solo para evitar una discusión.

Y, por lo tanto, esa rabieta mal canalizada puede comenzar a repetirse por años, incluso irse intensificando en etapas claves como la adolescencia. Así que no lo dudes, el mejor camino para evitar que se extienda esta conducta es actuar cuanto antes por el bienestar y en pro de la salud emocional de todos.

Te invitamos a que leas: Cómo educar niños difíciles

La falta de límites en el hogar

El hecho de que existan límites en el hogar no significa que los padres sean duros, que vayan a dañar emocionalmente a sus hijos o que estos no les vayan a querer. Todo lo contrario. Los niños necesitan respetar a las figuras de autoridad que hay a su alrededor.

No obstante, para que surtan efecto tenemos que llevarlos a término hasta las últimas consecuencias. No vale poner un límite y permitir que se sobrepase ante una circunstancia como la anteriormente mencionada.

Los padres tienen que ser firmes en las decisiones que tomen. Si en un momento flaquean, todo se irá al traste. Por ello, si ponemos un límite como, por ejemplo, “hoy no se compra chocolate”, es que hoy no se compra y punto. Pase lo que pase, sin importar los lloros, las rabietas e incluso la vergüenza que podamos sentir.

Un niño mimado tiene que saber que los adultos hablan en serio. Tiene que aprender a aceptar un “no” por respuesta, aunque eso derive en chillidos y un llanto desconsolado en público.

Además, cuando existen límites desde un principio, desobedecer o incluso mostrar hostilidad hacia los progenitores es algo que no suele darse. Por ello, tenemos que imponer límites cuanto antes.

Un niño mimado no nace, se hace

Un niño mimado no nace, se hace

Un niño mimado no nace siendo así. Es la conducta de los progenitores, la permisividad del egoísmo que presenta y su actitud desafiante lo que provoca que el infante vaya actuando cada vez peor.

Terminará insultando a sus padres, controlándoles y ejerciendo un poder que no tendría que tener. No sabrá valorar lo que tiene y acabará deseando más y más para satisfacer sus necesidades y deseos.

Como padres responsables no podemos ceder a todos los caprichos de los hijos y tampoco debemos intentar suplir la falta de tiempo de calidad con bienes materiales. Esta actitud se revierte y afianza la tendencia a la insastifacción permanente de los niños. Esto luego puede convertirse en un vacío lleno de inseguridades y capaz de generar, tanto en el niño como el adulto, una crisis de ansiedad.

Un niño mimado puede convertirse en una persona adulta muy desagradable, tóxica para los demás y, sobre todo, para sí misma. Los niños necesitan límites, que los padres actúen como padres, no como amigos, y que nunca permitan faltas de respeto ni manipulación.

La recompensa

Hay niños que se acostumbran a cumplir con sus actividades a cambio de algo. Incluso su buen comportamiento en sociedad son capaces de intentar negociarlo con sus progenitores si eso le trae una recompensa. Esta conducta no es casual y, aunque cueste admitirlo, casi siempre es producto de la forma como se relacionan con los padres.

A veces en la necesidad imperante de que nuestro hijo nos haga caso podemos vernos tentados a ofrecerle algo que desee sin hacer conciencia del antivalor que estamos enseñando con ello.

Una cosa es premiarlos por un logro y otra sobornarlos con un fin. Es sumamente importante que como adultos responsables aprendamos a distinguir uno de otro y los animemos a hacer las cosas con los argumentos correctos. Al final los niños se sentirán contentos y orgullosos de sus actos.

Los padres deben tomar cartas en el asunto

Todo lo que hagamos para evitar que los pequeños se conviertan en niños mimados les ayudará a ser mejores personas en un futuro. De esta forma, sabrán mantener relaciones saludables con los demás.

Tengamos siempre en cuenta que la educación se adquiere en casa. Si el niño se acostumbra a conseguir todo lo que quiere no desarrollará ningún tipo de tolerancia a la frustración y sus caídas serán mayores cuando se enfrente al mundo real.

En este sentido, evitemos a toda costa ser esos padres que le damos todo hecho a nuestros hijos por creer que así lo estamos haciendo bien. Mejor, involucrémoslos desde pequeños en actividades del hogar que vayan acorde a su edad.

Saberse con responsabilidades desde muy chicos los ayudará a aprender a través de la disciplina la importancia de la corresponsabilidad en las relaciones. Al tiempo que es un ejercicio de empatía que le permite ponerse en el lugar del otro y desde ahí entender la necesidad de cooperación para que las cosas funcionen mejor en casa.

Brindémosles una buena educación que les dé herramientas para desenvolverse en la sociedad de manera sana y asertiva.

Te podría interesar...
6 pasos para sanar las heridas emocionales de la infancia
Mejor con Salud
Leerlo en Mejor con Salud
6 pasos para sanar las heridas emocionales de la infancia

Curas las heridas emocionales que se originaron en la infancia nos ayudará a avanzar en nuestra vida. En este artículo os contamos cómo hacerlo.