Hoy decido no amargarme por nada

Decido tomar las riendas de mi vida y ponerme en primer lugar. Voy a dejar de amargarme pensando en aquello que podría haber sido y voy a disfrutar del presente.
Hoy decido no amargarme por nada

Escrito por Raquel Lemos Rodríguez, 22 octubre, 2016

Última actualización: 14 mayo, 2021

Hoy he decidido dejar de amargarme por cualquier cosa. No porque quiera evadir responsabilidades o abstraerme de la realidad, sino porque dejar de hacerlo me ayuda a fluir en la vida. En cambio, amargarme es una actitud que socava mi bienestar y desdibuja mi sonrisa.

Para llegar a esta resolución, pasó mucho tiempo. No me daba cuenta, pero hacía mucho que no le veía el lado positivo hasta a las situaciones más escabrosas. Me había acostumbrado a no buscarlo, o siquiera intentarlo. Por ello, llegó un día en el que todo se me volvió negro.

No era capaz de tomar distancia del problema que tenía ante mí. No lograba ver más allá de mi propia perspectiva. Me agobiaba por cuanto me sucedía y todo a mi alrededor me parecía una bola de nieve. De alguna manera, decidí amargarme voluntariamente.

Sí, a veces cargamos nuestra vida de negatividad sin darnos cuenta. Sin embargo, de poco nos vale echarle la culpa de nuestro malestar a lo externo, a los demás. Los únicos responsables de nuestro bienestar somos nosotros mismos.

Pregúntate: ¿Qué me ha llevado a amargarme? y reflexiona

Mujer pensando si la quieren o valoran.

 

Hay ciertas actitudes que aprendemos y que nos amargan, pero no somos conscientes de ellas hasta que alguien nos abre los ojos.

A continuación descubrirás algunas de las cosas que haces y que provocan que, ahora mismo, no seas feliz. Si te sientes identificado con ellas, es el momento de lanzarlas fuera de tu vida, empezar a trabajar en ti mismo y desarrollar fortalezas.

1. Deja de lado el “ellos son mejores que yo”

 

Compararnos con los demás es la peor de las actitudes que podemos tener para con nosotros mismos. No solamente porque siempre saldremos perdiendo, sino porque es un reflejo de la gran inseguridad que tenemos.

No somos capaces de ver las habilidades que nos hacen únicos, ni todo aquello en lo que destacamos. Contrariamente, deseamos ser como los demás, pero no nos damos cuenta de que no podemos hacer esto. Cada uno tiene su propio camino.

Aprende a verte con cariño, intenta dejar de ser perfecto. Deja de dar círculos sobre ti mismo sin posibilidad de avanzar hacia delante. Confía en ti y en lo que eres.

2. Deja el victimismo a un lado, asume la responsabilidad que tienes contigo mismo

Aunque no lo queramos reconocer, nos encanta sentirnos víctimas de las circunstancias y de los demás. De esta manera, evitamos hacer algo para cambiar lo que ocurre a nuestro alrededor y nos abandonamos a las adversidades.

Cuando hacemos esto, evitamos ser responsables de lo que nos sucede y culpamos a los que se encuentran a nuestro alrededor, en un afán por sentirnos bien con nosotros mismos. Sin embargo, tú tienes en tus manos la oportunidad de cambiar todo lo que está pasando. Solo necesitas levantarte y ponerte en acción, tomar otra vez el control de tu vida.

3. Olvídate del “los demás son más importantes que yo”

Si este pensamiento ha rondado por tu mente, elimínalo ahora mismo. Nadie debería pensar que es menos que los demás, nadie tendría por qué anteponer el bienestar ajeno al propio.

Sin embargo, es algo que hacemos constantemente. Hasta que el agua nos llega a al cuello y no podemos afrontar todas las vidas de las que nos estamos haciendo cargo. Porque todos tenemos problemas y lo primero es velar por ti, para después ayudar a otros si así lo requieren y lo necesitan. ¿Quién, si no, cuidará de ti?

4. Si quieres hacer algo, hazlo hoy, incluso si tienes miedo

Dejar ir los errores del pasado es liberador.

¿Por qué postergar lo que tanto deseas hacer hoy mismo? Porque tenemos miedo, nos sentimos inseguros y porque nos han enseñado a pensar en el futuro sin disfrutar del presente.

Imagina que quieres realizar un viaje o te apetece cambiar de trabajo. Inconscientemente, tu mente empieza a imaginar lo negativo que podría ser no ahorrar ese dinero ahora o dejar ese trabajo, ¡podrías no conseguir otro! Esto provoca que, con el tiempo, te des cuenta de que no estás disfrutando de la vida como quisieras. No piensas en el presente, no estás disfrutando ni viviendo el momento. ¿De verdad sirve de algo todo esto?

Seguramente, existen muchas más maneras de amargarse la vida. Por ejemplo, continuar en esa relación que tanto daño te está haciendo, seguir aguantando a esas personas tóxicas que te rodean o negar que necesitas ayuda porque no logras superar el pasado.

Hoy, he decidido dejar de amargarme la vida y ser feliz. ¿Harás tú lo mismo o decidirás permanecer en esta situación?

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