Infección puerperal: un riesgo después del parto

05 Febrero, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador
La infección puerperal es una patología cada vez menos común tras el embarazo, pues se aplican antibioterapias preventivas en los casos de parto en riesgo.

La infección puerperal (o maternal sepsis en inglés) es polimicrobiana y sucede en la madre durante el puerperio, es decir, a los pocos días de dar a luz. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, de cada 1000 nacimientos, 11 mujeres sufren infecciones que les causan la muerte o les acercan a ella.

El motivo de la infección puerperal es que colonias bacterianas comensales o simbiontes del tracto vaginal se infiltran en tejidos internos y se diseminan, como consecuencia del estrés fisiológico durante el parto. Si quieres saber más sobre esta grave situación médica continúa leyendo.

Síntomas de la infección puerperal

La infección puerperal era algo común hace años. De todas formas, gracias al uso eficaz de antibióticos y a la higienización del material durante el parto, esta condición es cada vez más rara en países de alto ingreso. Algunos de los signos de la misma son los siguientes:

  • Escalofríos y sentimiento de malestar generalizado.
  • Dolor en el abdomen bajo.
  • Descarga vaginal maloliente.
  • Sangrado vaginal.
  • Mareos y desmayos.

Tal y como indica el Manual MSD, todos estos signos clínicos se suelen acompañar de fiebre intensa (a las 24-48 horas posparto), cefaleas y anorexia. En casos más graves también se pueden registrar taquicardias, leucocitosis (aumento de los glóbulos blancos en la sangre) e inflamación de las paredes pelvianas.

Control de embarazo para reducir la infección puerperal.
Las infecciones puerperales se relacionan con las características del parto y las condiciones de higiene.

Posibles complicaciones

Una infección puerperal descontrolada puede provocar que microorganismos colonicen la sangre y se multipliquen en otros órganos. Esto se denomina bacteriemia, lo que constituye un cuadro severo que pone en peligro la vida de la paciente.

La septicemia suele ser la respuesta inmune (igual de descontrolada) a la infección sistémica. Esta desemboca en un shock séptico que causa la muerte en el 40 % de los casos.

Para saber más: Infecciones frecuentes durante el embarazo

Causas de la infección puerperal

La infección sucede cuando bacterias comensales o simbiontes del tracto vaginal aprovechan para infiltrarse en las heridas posparto de la madre. Tienden a ser polimicrobianas, es decir, con diversas especies presentes. Entre ellas encontramos las siguientes:

  • Cocos grampositivos: estreptococos del grupo B, estreptococos del grupo A (GAS), Staphylococcus epidermidis y especies de Enterococcus.
  • Anaerobios: que crecen en ausencia de oxígeno, como cepas de los géneros Bacteroides y de Prevotella.
  • Bacterias gramnegativas: Gardnerella vaginalis, Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae y Proteus mirabilis.

Las bacterias pueden impregnar los instrumentos quirúrgicos durante el parto e ingresar en los tejidos profundos de la madre en el procedimiento. Por otro lado, el agente causal puede haber entrado de forma normal al organismo (boca-nariz), pero aprovecha el estado inmune debilitado para multiplicarse.

Una tercera opción, la más común de todas, es que las bacterias que se encuentran en el tracto vaginal entren en tejidos internos por las heridas producidas durante el parto.

Prevalencia y factores de riesgo

Tal y como indican estudios del portal PubMed, en los países de alto ingreso se dan solo 0,1 a 0,6 casos de infección puerperal por cada 1000 nacimientos. De forma global, se estima un número mucho más alto, de 11 cada 1000.

La probabilidad de sufrir este cuadro clínico también depende mucho del método por el que se haya realizado el parto. Las estadísticas se reparten de la siguiente forma:

  • Partos por vía vaginal: incidencia de 1 al 3 %.
  • Cesáreas programadas: 5 al 15 %.
  • Cesáreas no programadas: 15 al 20 %.

Esto no significa que una cesárea no programada vaya a causar una infección puerperal 1 de cada 4 veces. Utilizando antibióticos de amplio espectro se puede evitar el sobrecrecimiento de las colonias bacterianas, incluso antes de que aparezcan signos clínicos graves.

Entre los factores de riesgo encontramos los siguientes:

  • Partos largos.
  • Cesáreas que se complican.
  • Hemorragias posparto.
  • Vaginosis bacteriana.
  • Edad materna joven.
  • Retención de fragmentos placentarios en el útero.

Diagnóstico

En general, se trata de un diagnóstico por descarte. Después de las primeras 24 horas tras el parto, debe sospecharse una infección puerperal cuando no hay causas evidentes para una fiebre de más de 38 °C sostenida en la madre por 2 días.

Si se descartan otras patologías, se realizan cultivos de sangre y orina para saber hasta dónde han llegado las bacterias. Por otro lado, rara vez se realizan análisis de muestras del cuello uterino, pues se da por hecho que estará contaminado con microorganismos.

Tratamiento de la infección puerperal

El tratamiento de la infección puerperal se basa en la inyección intravenosa de antibióticos de alto espectro. Estos fármacos suelen ser clindamicina más gentamicina, con o sin ampicilina. Tal y como indican estudios científicos, se recomienda el abordaje intravenoso hasta que la mujer sea afebril durante 48 horas seguidas.

En el caso de restos de tejido en el útero se recurre a un legrado con el fin de sacar los desechos de él. Así se evita que las bacterias proliferen nuevamente cuando se termine el tratamiento antibiótico.

Cesárea programada en una embarazada.
Las cesáreas presentan más riesgo de derivar en infección puerperal que los partos vaginales naturales.

Prevención

Prevenir o minimizar los factores predisponentes a la infección es esencial. Según el portal NSW Goverment Health, una correcta higiene durante este delicado período es esencial para el bienestar de la madre. Entre los consejos a seguir encontramos los siguientes:

  • Duchas diarias, con el fin de mantener el perineo limpio.
  • Higienizar y secar el área del perineo para que las bacterias del recto no se puedan expandir a la zona vaginal.
  • No utilizar tampones hasta que un médico lo indique.
  • Lavarse las manos con jabón durante al menos 15 segundos antes de entrar en contacto con ningún instrumento de índole maternal.

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La infección puerperal es un problema geográfico

A día de hoy, la infección puerperal es una patología de la que no hay que preocuparse casi nunca. Si los profesionales médicos perciben riesgo de que suceda, se procede a antibioterapia preventiva, la que reduce en un 75 % las probabilidades.

Por desgracia, no todas las áreas geográficas pueden decir lo mismo. En los países con menos estructuras de salud pública la mortalidad de madres recién paridas aumenta drásticamente, pues la falta de medios hace que una infección descontrolada sea mucho más frecuente.

  • Maternal sepsis, OMS. Recogido a 13 de enero en https://www.who.int/reproductivehealth/maternal-sepsis/en/
  • Endometritis puerperal, MSDmanuals. Recogido a 13 de enero en https://www.msdmanuals.com/es-co/professional/ginecolog%C3%ADa-y-obstetricia/atenci%C3%B3n-posparto-y-trastornos-asociados/endometritis-puerperal
  • van Dillen, J., Zwart, J., Schutte, J., & van Roosmalen, J. (2010). Maternal sepsis: epidemiology, etiology and outcome. Current opinion in infectious diseases, 23(3), 249-254.
  • Bezares, B., Sanz, O., & Jiménez, I. (2009). Patología puerperal. In Anales del sistema sanitario de Navarra (Vol. 32, pp. 169-175). Gobierno de Navarra. Departamento de Salud.
  • Maternal sepsis (Puerperal fever) fact sheet, NSW. Recogido a 13 de enero en https://www.health.nsw.gov.au/Infectious/factsheets/Pages/maternalsepsis.aspx