La ambición del corazón es pura

Debemos cultivar la ambición del corazón. Esa que lucha por que seamos mejores personas, sin competir con nadie sino con nosotros mismos. Solo así lograremos ser felices.
La ambición del corazón es pura

Escrito por Raquel Lemos Rodríguez, 13 diciembre, 2016

Última actualización: 16 mayo, 2021

Todos sabemos lo que es la ambición. Sin embargo, es necesario aprender a diferenciar entre la que se encuentra en la mente y la que está en el corazón.

Hay un tipo de codicia que nos amarga, en la que dejamos que nuestra felicidad dependa de los bienes materiales, las posesiones y las riquezas que poseamos. Esta pretensión no nos interesa, pues no nos aporta nada bueno. La verdadera ambición, la más pura, tiene que nacer del corazón.

¿Dónde está tu ambición, en tu mente o en tu corazón?

¿Eres ambicioso de mente o de corazón? Para reflexionar sobre esta pregunta nos apoyaremos en uno de los diálogos del libro El caballero de la armadura oxidada de Robert Fisher, en el que el mago Merlín y el caballero protagonista hablan de lo siguiente:

–Me estáis confundiendo –musitó el caballero–. Sé que las personas necesitan tener ambición. Desean ser listas y tener bonitos castillos y poder cambiar el caballo del año pasado por uno nuevo. Quieren progresar.

–Ahora estáis hablando del deseo del hombre por enriquecerse –dijo Merlín–; pero si una persona es generosa, amorosa, compasiva, inteligente y altruista, ¿cómo podría ser más rica?

–Esas riquezas no sirven para comprar castillos y caballos –dijo el caballero.

–Es verdad –Merlín esbozó una sonrisa–, hay más de un tipo de riquezas, así como hay más de un tipo de ambición.

A mí me parece que la ambición es la ambición. O deseas progresar o no lo deseas.

–Es más complicado que todo eso –respondió el mago–. La ambición que proviene de la mente te puede servir para conseguir bonitos castillos y buenos caballos.

Sin embargo, solo la que proviene del corazón puede darte, además, la felicidad.

–¿Qué es la ambición del corazón? –le cuestionó el caballero.

Caballero con armadura y espada, simbolizando la ambición en un libro

La ambición del corazón es pura. No compite con nadie y no hace daño a nadie. De hecho, le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo.

–¿Cómo? –preguntó el caballero esforzándose por comprender.

–Es aquí donde podemos aprender del manzano. Se ha convertido en un árbol hermoso y maduro que da generosamente sus frutos a todos.

Cuantas más manzanas recoge la gente –dijo Merlín– más crece el árbol y más hermoso deviene.

–Pero –objetó el caballero– si me pasara el día regalando manzanas no podría tener un elegante castillo y no podría cambiar el caballo del año pasado por uno nuevo.

–Vos, como la mayoría de la gente, queréis poseer muchas cosas bonitas, pero es necesario separar la necesidad de la codicia.

La codicia no es positiva

Hemos crecido en una sociedad que nos ha impuesto el pensamiento que tenía el caballero. Uno que tira hacia la felicidad efímera, la posesión, y la acumulación de “riqueza” (o mejor dicho, bienes materiales), aunque luego no se sepa muy bien qué hacer con todo ello.

Por esto mismo, muchas veces no nos damos cuenta de que actuamos movidos por la codicia, y que esto no tiene por qué ser positivo en todos los escenarios por igual.

Hay que tener en cuenta que no es lo mismo querer crecer, avanzar y superarse a uno mismo, mediante la destrucción de las barreras que limitan y el crecimiento interior, para ser mejor persona y gozar de bienestar, que intentar ser superior a los demás por competencia.

El ego es uno de los causantes de la insatisfacción y el sufrimiento. De esa voz sibilina que nos susurra que quizás no tenemos suficiente esto o aquello, o que no somos suficientemente esto o aquello para disfrutar de la vida.

Para evitar que esto siga así, debemos hacer un alto y replantearnos nuestros hábitos de consumo (de contenido, de ropa, etc.), nuestras carencias, nuestros pensamientos en el día a día… Pues así podremos ir identificando -poco a poco- qué es lo que nos está haciendo daño, y luego comenzar un diálogo interno que nos permita identificar nuestras verdaderas necesidades. 

La ambición no es lo mismo que codicia
Saber diferenciar entre ambición y codicia es fundamental.

La ambición del corazón no hace daño

A veces, anhelamos más de lo que en verdad necesitamos y, si nos mirásemos los pies, descubriríamos grandes riquezas. Creemos que tenemos que movernos constantemente en búsqueda de aquello que nos falta, como si no tuviéramos varias cosas ya en nuestro poder. Sin embargo, si nos parásemos por un momento descubriríamos que esto no tiene sentido.

Cada vez que nos sintamos así, deberíamos hacer pausas instrospectivas y así descubrir lo que ya tenemos, lo que podemos ofrecer al mundo, y aquello que nos puede permitir crecer sin esa angustia por lo que supuestamente aún no tenemos.

Evitemos codiciar por maña. Evitemos convertirnos en esclavos del ego y la irracionalidad. Evitemos codiciar para superar a otros. Evitemos competir para hacer daño.

Abracemos la idea de que, si bien podemos buscar algo más allá para nuestro crecimiento personal de manera puntual, eso no significa que seamos insuficientes en el proceso.

La verdadera ambición del corazón no hace daño a nadie, ni compite con nadie, porque no le hace falta.