La libertad no está fuera, sino dentro de nosotros mismos

Por muchas barreras que nos impongan desde el exterior debemos darnos cuenta de que la verdadera libertad está en nuestro interior, por lo que nadie puede vulnerarla ni arrebatárnosla.
La libertad no está fuera, sino dentro de nosotros mismos

Escrito por Raquel Lemos Rodríguez, 12 mayo, 2017

Última actualización: 21 abril, 2021

La libertad es algo que siempre estamos buscando como ideal de la felicidad, aunque aún hay varias situaciones en las que preferimos atarnos. Por ejemplo, en las relaciones de pareja en las que la dependencia emocional está cada vez más presente.

Sin embargo, hay muchos otros tipos de libertades que, aunque queramos, no podemos conseguir. Nos guste o no, vivimos en una sociedad en la que hay una serie de normas que nos coartan y nos limitan. ¿O esto es lo que queremos creer? A continuación vamos a desarrollar estas reflexiones.

La libertad está en nuestro interior

No obstante, a pesar de todo esto, hay algo de lo que todavía no nos hemos dado cuenta: la libertad, en realidad, está dentro de nosotros mismos. Y esto lo cambia todo.

Chica en la playa relajándose.

Piensa en la cantidad de veces en las que te has sentido muy bien, como en equilibrio con todo y con todos. De repente, notas cierta ligereza en tu interior, una libertad que te permite ser más espontáneo, más creativo, más “tú mismo”.

Sin embargo, sucede todo lo contrario cuando todo va mal. Cuando hay un dolor que te está amargando o una serie de problemas para los que ves una difícil solución. Entonces, te notas pesado, con una carga emocional que te limita.

Estos dos ejemplos muestran de forma clara lo que estamos denominando “libertad interior”. Porque, a veces, nos cargamos de preocupaciones, nos sumimos en el victimismo o nos atamos a una pareja. En cambio, deberíamos tomarnos la vida con mucha más calma.

La ligereza de ser libres

Experimentemos la ligereza de soltar relaciones y personas que no nos hacen sentir bien. O la maravillosa sensación de no depender ni siquiera de un trabajo.

Démonos la increíble oportunidad de hacernos responsables de nuestros actos. Debemos enfrentar los problemas con fortaleza, y no con negatividad ni abrazando el papel de víctimas.

Tenemos la oportunidad de ser libres. No obstante, cada día de nuestra vida elegimos no serlo, permitiendo que factores externos condicionen nuestra libertad interior.

La libertad, superar el ego y los miedos

El ego siempre habla primero, intentando separarte de los demás. Te lleva hasta el papel de la víctima y establece siempre diferencias según las apariencias.

Todos tenemos ego, de eso no hay duda. Pero no saber distinguirlo y permitirle que ejerza un control absoluto nos provocará, aparte de infelicidad, falta de libertad.

No obstante, además del ego, nos encontramos con otra de las grandes barreras que cada día nos recuerdan que por ahí no podemos pasar. Nos dicen que no somos suficientes o que fracasaremos porque no valemos: Estos son nuestros miedos.

Nuestra libertad termina en ese momento. Cuando, en vez de afrontar un miedo e intentar traspasarlo, lo ignoramos. O bien cuando escapamos de él como si pudiésemos huir.

No nos damos cuenta de que nuestra libertad interior no es lo que nos sucede. Tampoco es aquello que nos dice el ego o ese miedo que tanto nos echa para atrás.

Nuestra libertad está en la forma en la que le respondemos a todo eso que aflora en nuestra vida diaria. En dejar salir al exterior a quienes somos en realidad sin amedrentarnos, sin formarnos historias raras en la cabeza, simplemente, siendo.

Escuchemos a nuestra voz interior

En un mundo lleno de ruido, hemos dejado de escuchar a nuestra voz interior. Le prestamos toda nuestra atención a todas aquellas voces que vienen del exterior. Sin embargo, seguir a rajatabla lo que los demás nos dicen que debemos hacer, dejarnos llevar por la aprobación externa, será ir en contra de nuestra libertad.

Es imprescindible volver a encontrarnos con nosotros mismos. Aprender a escucharnos y dejar de atender tanto a lo que los demás dicen o hacen.

La voz interior no sabe de familias, de lo que se debe hacer, de sociedad, de cultura, de religiones, de autoridad… La voz interior solo sabe lo mejor que es para nosotros.

La libertad está en nuestro interior.

La voz interior es la intuición

Algunas personas la llaman intuición, otras instinto… Lo positivo es que, lo llamemos como lo llamemos, sepamos que hay algo ahí, dentro de nosotros mismos. Esto que nos insta a seguir un camino a veces no aprobado ni bien visto por el mundo exterior.

En nuestras manos queda elegir la libertad que nos brindará hacernos caso o continuar limitados. Lo que nos ata a estar encasillados por todas las apariencias, búsqueda de aprobación externa y miedos. Esos que intentarán que no sigamos lo que nos está dictando, en realidad, nuestro corazón.

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