¿Qué es la motivación extrínseca y cómo puede afectar al comportamiento?

La motivación es el motor que nos mueve a hacer cosas. Pero esa fuerza no siempre tiene el mismo origen. Por eso hablamos de motivación intrínseca y extrínseca.
¿Qué es la motivación extrínseca y cómo puede afectar al comportamiento?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales.

Última actualización: 04 diciembre, 2022

La motivación es el motor de nuestras acciones; aquello por lo que sentimos entusiasmo de emprender proyectos o de iniciar actividades. Como constructo psicológico, se define como «el conjunto de procesos implicados en la activación, la dirección y la persistencia de la conducta».

Sin embargo, no siempre tiene el mismo origen. De ahí que se distinga una motivación extrínseca y una intrínseca. La diferencia básicamente es lo que mueve a la persona a hacer determinada cosa. ¿Quieres saber más al respecto?

¿Qué es la motivación extrínseca?

Si pensamos en identificar las diferencias entre motivación intrínseca y extrínseca, nos preguntamos por su origen; aquí de lo que se trata es que sea interno o externo.

En el caso de la motivación extrínseca, el hecho de iniciar determinada actividad o realizar un proyecto se relaciona con el reconocimiento externo, es decir, la obtención de alguna recompensa o refuerzo.

Por el contrario, la motivación intrínseca tiene que ver con aquellas cosas que nos movilizan a nivel interno. Por ejemplo, la propia satisfacción, la necesidad de autorrealización, entre otras cosas.

Ryan y Deci relacionan tres condicionantes personales con la motivación intrínseca; el sentimiento de autonomía, la percepción de competencia y la necesidad de apoyo emocional y de relaciones interpersonales. La persona «activa» cuando lo quiere y lo desea, está bajo su control y también tiene capacidad de autorreforzarse.

Siguiendo con la motivación extrínseca, al ser algo que no está «dentro de uno», depende de otra persona o del ambiente. Dicho de otro modo, no es algo que podamos controlar.

Por ello, también está asociada a técnicas de modificación de conducta, como por ejemplo el condicionamiento operante. En este caso, de lo que se trata es de conseguir que una persona realice (o deje de realizar) determinados comportamientos con base en un refuerzo o recompensa.

Asimismo es importante considerar que la motivación no es algo estable ni siempre igual, sino que puede ir cambiando a lo largo del tiempo. Los factores contextuales, sociales, culturales y económicos tienen influencia en ambos tipos, quizás con mayor énfasis en la motivación extrínseca.

¿Qué se valora?, ¿qué se premia?, ¿qué es interesante? Cada vez que se refuerza determinada actuación, enviamos mensajes implícitos (y no tanto) acerca de dichos interrogantes.

¿Dónde podemos ver la motivación extrínseca?

La motivación extrínseca se asocia mucho a los salarios
Por lo general, la motivación extrínseca se asocia con factores relacionados a la vida laboral, de la que se desprende el salario.

La motivación extrínseca está presente en distintos ámbitos de la vida, tanto laborales y académicos como relacionales, entre otros. Veamos algunos ejemplos:

  • El salario es una motivación extrínseca por excelencia. Trabajamos a cambio de un pago para poder vivir, pagar cuentas y darnos nuestros gustos.
  • También se emplea la motivación extrínseca en los programas de fidelidad a los clientes. Por ejemplo, el cliente que más compra, el cliente premium o el que tiene la tarjeta black, es el que accede a mayores descuentos, beneficios en los locales comerciales, atención inmediata, entre otras recompensas.
  • En el ámbito laboral, además del salario, encontramos motivación extrínseca en las oportunidades de ascenso y promoción. También determinados beneficios son un incentivo para atraer o conservar el talento en las organizaciones.

¿Qué tan efectiva es la motivación extrínseca?

La motivación extrínseca es positiva cuando se emplea de forma adecuada. En este sentido, no se trata de reforzar siempre, ni de cualquier modo, sino de elegir el cuándo y el cómo.

También es importante considerar que los refuerzos no tienen porqué ser materiales (de hecho, suelen ser los menos recomendados) y optar por los sociales o los simbólicos, como el reconocimiento o una experiencia.

Al emplear un refuerzo o una recompensa, conviene considerar su temporalidad; que sea inmediato, especialmente cuando se aplica con niños y niñas. De este modo, es posible establecer la conexión entre lo que se realiza y la recompensa.

Es importante saber que no es necesario recompensar todas y cada una de las acciones de otras personas. En ese caso, el refuerzo deja de ser «lo excepcional» y pasa a ser lo cotidiano, por lo que pierde un poco su importancia o interés.



Posibles desventajas

La motivación extrínseca, a base de reforzadores, puede ser contraproducente en determinadas situaciones. Uno de los ámbitos en el que más se está cuestionando su utilidad es en el de la crianza.

Por ejemplo, suele decirse que cuando los adultos cuidadores otorgan recompensas a los niños que se comportan bien, podrían estar fomentando cierta dependencia o preocupación por la recompensa más que por el hecho positivo que se intenta promover (ser respetuoso, comportarse, etcétera).

Sin embargo, también es importante no perder de vista que los refuerzos deben aplicarse en su justa medida y en el momento indicado. Moverse en los extremos nunca ha sido positivo y, en este caso, el problema no es el reforzador en sí, sino el exceso.

Es importante educar con refuerzos, pero deben estar en sintonía con la conducta y ser proporcionales.

Por otro lado, también se ha mencionado que la motivación extrínseca puede tener efectos contrarios sobre la intrínseca, disminuyéndola. La persona, al motivarse o al «necesitar» el premio o el refuerzo, dejaría de hacer sus acciones per se.

Es decir, la brújula que orienta para hacer o no hacer tiene que ver con el afuera, y no con la satisfacción o el interés propio. De nuevo, debe quedar claro que no se trata de demonizar la motivación extrínseca, sino de aprender a ser un buen uso de ella.



Etapas de la motivación extrínseca

La motivación extrínseca depende de varios factores
A medida que pasa el tiempo, la motivación extrínseca puede cambiar sus características en un mismo individuo.

Deci y Ryan desarrollaron las diferentes etapas de la motivación extrínseca, entendiendo que la misma es dinámica y cambiante. De este modo, puede haber una transición desde una motivación extrínseca hacia una intrínseca.

Es decir, que alguien que empezó motivado por algo externo, puede luego desarrollar una motivación interna. Las etapas propuestas son las siguientes:

  1. Motivación externa. La persona está motivada por lo que espera recibir de su ambiente o del afuera.
  2. Motivación introyectada. En esta etapa, si bien existe un interés por recibir algo, se empieza a experimentar cierta satisfacción interna. Aún en esta etapa, no tiene control sobre ello.
  3. Motivación regulada por identificación. Aquí la persona continúa realizando determinada actividad con el foco puesto en la recompensa. Sin embargo, empieza a tener más control sobre ella y una mayor autonomía sobre sus decisiones.
  4. Motivación por integración. Esta es la última etapa, en la que hay un predominio de la motivación intrínseca, aunque no puede considerarse plenamente como tal. Aquí se puede identificar como propio el interés por realizar determinada actividad, es decir, como algo interno.

La motivación como base para el ejercicio de la autonomía

Finalmente, puede decirse entonces que trabajar la motivación extrínseca puede ser una buena herramienta para incitar a las personas a realizar determinadas actividades. Intrínseca o extrínseca, la motivación tiene ese «poder de movimiento».

Sin embargo, como ya aclaramos, se trata de saber hacer un buen uso de ella, incluso también puede funcionar de manera paralela a la intrínseca. De lo que se trata es de no perder de vista que uno de los objetivos de la motivación es que la persona pueda ejercitar su autonomía.

Por ello, cuando detectamos que el fin último de una actividad es solo conseguir un premio, es posible que debamos repensar el modo en que estamos motivando.

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