Nuestros padres nunca se van, se vuelven invisibles y duermen junto al corazón

Perder a un padre causa un dolor muy fuerte, pero las huellas que dejan en nuestra vida son sanadoras y sirven para enseñarnos que siempre estarán a nuestro lado.
Nuestros padres nunca se van, se vuelven invisibles y duermen junto al corazón

Escrito por Génesis Romero

Última actualización: 22 febrero, 2022

Nuestros padres nunca se van; se instalan en nuestra vida y dejan una huella imborrable en el corazón. Cada experiencia vivida queda guardada en nuestra memoria. Recordamos su risa y su voz. Y eso solo nos lleva a pensar cuánto nos hacen falta.

Tenemos presente sus consejos, sus abrazos y el apoyo que siempre nos brindaron. La fe que mantuvieron intacta en cada uno de nuestros sueños; incluso cuando nadie más creía en ellos y las probabilidades de lograrlo eran pocas. No hay dudas de que este vínculo viene cargado de un amor para toda la vida, a pesar de que hayan tenido que partir.

Lo único palpable es lo que nos rodea en el presente, pero además de cada foto que congeló nuestros mejores momentos, a papá y a mamá los sentimos en cada latido del corazón.

Recuerdo de boda, anciano

Nuestros padres nunca se van

Con el tiempo, papá y mamá se vuelven invisibles, pero están presentes en cada instante importante de nuestra vida. Fueron los encargados de protegernos desde nuestra niñez y, aunque no tenían un manual para ser perfectos, hicieron todo lo que estaba a su alcance por darnos amor y garantizar nuestro bienestar.

Son numerosas las situaciones que atravesamos juntos, que sirvieron de lección y aprendizaje tanto para ellos como para nosotros. Los recuerdos no paran de llegar, como marcas de enseñanzas sembradas en nuestro ser. Indudablemente, hay formas muy variadas en las que nuestros padres están presentes.

Aunque fallezcan, nuestros padres nunca se van. Se quedan como seres inmortales en nuestro corazón; su compañía permanece intacta. Y es que no se podía esperar menos al tratarse de nuestro principal modelo a seguir. Eran los guías en cada paso que dimos, señalando el camino que ellos creían mejor para nosotros, para alcanzar una vida plena y llena de felicidad.

Madre e hija se abrazan, refugio

Sus brazos, el lugar más seguro

En los momentos de duda, papá y mamá estaban ahí, poniendo sus ojos sobre nuestras opciones para ayudarnos a decidir. Frente al miedo, sus abrazos eran el mejor refugio. Cuando sentíamos dolor, nada se podía comparar con sus cuidados. Tampoco había cariños más medicinales que los de ellos. 

Sí, nuestros padres son héroes y heroínas, incluso después de haber partido. Porque durante todo el tiempo que vivimos juntos, se encargaron de protegernos, pero también nos dejaron las mejores herramientas para enfrentarnos a la vida.

Nos prepararon para crear nuestra propia historia y nos demostraron cómo el tiempo pasa mientras que el cuerpo cambia y envejece. Un día, sin tomar notas exactas de aquel momento, cambiaron un poco nuestros roles y nosotros los empezamos a cuidar. Sus palabras eran cada vez más sabias, sus silencios también eran necesarios para comunicarnos algo.

Les retribuimos todo el amor que pudimos hasta el último día y ahora estamos cargados de memorias muy especiales. Quedamos con un sabor agrio, con el dolor de la despedida y con la melancolía en niveles elevados. Pero también heredamos una sensación fascinante: la de habernos sentido amados de manera incondicional.

Ahora, la nostalgia nos visita de manera espaciada. Cada lugar, olor y sabor nos recuerda a ellos de manera inesperada.

Así, una vez más, sabemos que nuestros padres nunca mueren. Están a nuestro lado aunque no los podamos ver, se quedan dormidos junto al corazón, con sus consejos y moralejas de vida.

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