¿Qué es la proyección y cómo podemos controlarla?

Las personas que no reconocen sus proyecciones pueden terminar perjudicando su salud mental. Además, acaban por tener dificultades en sus relaciones interpersonales. ¿En qué consiste este mecanismo?
¿Qué es la proyección y cómo podemos controlarla?
Andrés Carrillo

Escrito y verificado por el psicólogo Andrés Carrillo.

Última actualización: 09 abril, 2022

Entre los mecanismos de defensa del inconsciente, planteados por Anna Freud, nos encontramos con la proyección. Se trata de traspasar la responsabilidad de nuestras acciones a otras personas o situaciones. Pero, para entenderlo mejor, debemos saber que su función es protectora.

Pese a que en un principio puede parecer algo negativo, en realidad este mecanismo busca mantener nuestro bienestar psicológico. Es decir, en la medida que los seres humanos logran evadir la culpa de una manera «justificada» se sienten mejor con ellos mismos.

La curiosa paradoja de estos sistemas de protección es que, en su afán por defender a la persona, terminan por evitar que tenga acceso a la realidad. Por lo tanto, con el tiempo lo perjudican. Dicho de otro modo, alguien que sea incapaz de responsabilizarse de sus decisiones, difícilmente podrá cambiar sus comportamientos negativos.

La proyección como mecanismo de defensa psicológico

¿Qué es la proyección? En el sentido más estricto, podemos establecer que se trata de atribuirle a los demás el origen de nuestros conflictos. En efecto, de eso se trata este mecanismo de defensa. Sin embargo, existen algunos aspectos que es necesario aclarar. Por ejemplo, la proyección no ocurre en toda clase de conflictos.

Uno de los aspectos que dificulta que la persona se dé cuenta de sus proyecciones es que no suceden en todos los casos. Es decir, algunas veces acepta la responsabilidad de ciertos problemas de su vida, como aquellos que considera inofensivos. Entre tanto, es incapaz de reconocer la responsabilidad en los conflictos graves.

De acuerdo con lo anterior, las personas no suelen aceptar que están proyectando sus conflictos más significativos. Una justificación podría ser, «yo puedo aceptar cuando me equivoco, no necesito que me lo digan».

La mayoría de la gente piensa que puede hacerse responsable de sus conflictos, pero en realidad existe un proceso de selección arbitrario, en el cual el implicado escoge de cuáles problemas se hace responsable y de cuáles no. En este sentido, aquellos conflictos que lo superan son proyectados al exterior.

La proyección como mecanismo de defensa psicológico
La proyección, a pesar de ser un mecanismo de defensa psicológico, puede perjudicar a la persona al impedir que se responsabilice de sus acciones.

Algunos ejemplos cotidianos de proyección

En la vida cotidiana podemos observar diversas situaciones que responden al efecto de la proyección como mecanismo de defensa. Por ejemplo, en los conflictos de parejas. La razón de esto es que los sentimientos intensos, como el amor o el apego afectivo, suelen ser detonantes de frustración cuando las cosas no van bien.

Las frustraciones de la vida no siempre son manejadas de la forma correcta. De hecho, algunas personas nunca enfrentan sus frustraciones. Por consiguiente, las proyectan hacia el exterior. Otro buen ejemplo pueden ser las quejas recurrentes respecto al trabajo.

Es habitual que algunos trabajadores se quejen de forma constante de sus compañeros, de sus jefes o de su trabajo en general. Sin embargo, en realidad la causa de su incomodidad radica en otros motivos, como pueden ser las escasas habilidades sociales, la falta de preparación para cumplir con algunas funciones, etcétera. 

Esta situación también es habitual en el área académica. Tal es el caso de los estudiantes que reprueban una materia y que proyectan la responsabilidad en el profesor de la cátedra. Algo semejante ocurre en otras áreas de la vida, la proyección es un mecanismo natural de la psique humana.

¿Cómo puedo evitar este comportamiento?

A pesar de ser algo normal, es importante aprender a evitar algunas proyecciones para que no terminen por afectar la salud mental. Ante todo, hay que evitar juzgarnos cuando percibimos que estamos proyectando un problema en otros. Es decir, entender que no somos malas personas por eso.

En cualquier caso, la clave para prevenir estos comportamientos es no negarnos a ellos. Así, y aunque suene extraño, somos menos propensos a proyectar nuestros conflictos en el exterior. En este sentido, lo ideal es reconocer y aceptar la responsabilidad de nuestras acciones.

Shakespeare dijo una vez «Estudiarse así mismo, es el arte más difícil». Vaya que tenía razón. A veces, las emociones sesgan nuestra capacidad de raciocinio y nos dificultan hacer una evaluación objetiva de nuestro comportamiento. En definitiva, debemos mantenernos alerta para evitar que las proyecciones se perpetúen.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Cómo hemos visto, no resulta sencillo detectar las proyecciones en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, esto no implica que debamos hacer caso omiso de ellas. Lo ideal será asistir a consulta psicológica cuando los conflictos sean demasiado intensos.

Por ejemplo, tener la sensación de que la mayoría de las personas están en nuestra contra es una clara señal de que debemos buscar ayuda profesional. El psicólogo es quien está capacitado para brindar las herramientas terapéuticas requeridas en estos casos. 

¿Cómo puedo evitar este comportamiento?
Cuando la proyección afecta distintos ámbitos de nuestra vida, lo mejor es buscar ayuda psicológica para afrontarlo.

¿Cómo identificar la proyección en nuestra vida?

Ahora que hemos visto de qué se trata esta reacción de defensa, es momento de aprender a identificarlo en la vida. Es decir, reconocer en qué ámbitos solemos presentarlo. Una buena idea puede ser preguntarnos si las cosas que nos molestan de los demás en realidad no nos parecen tan desagradables en nosotros mismos.

A veces, proyectamos en los demás el enojo que somos incapaces de validar en nuestra propia persona. En otras palabras, cuando hacemos algo inapropiado lo justificamos, pero nos parece mal cuando otras personas hacen exactamente lo mismo.

Es necesario aceptar que las cosas que nos desagradan de otros pueden ser un fiel reflejo de aquello que no somos capaces de reconocer en nosotros. Por ejemplo, criticar a alguien que se realizó una cirugía estética – afirmando que es vanidoso -, cuando en realidad deseamos acceder a la misma intervención. 

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