Sobrepensamiento: ¿por qué es perjudicial?

Para evitar el sobrepensamiento no hay que dejar de pensar, sino cambiar el contenido de la mente. Te enseñamos algunas estrategias útiles.
Sobrepensamiento: ¿por qué es perjudicial?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales.

Última actualización: 13 mayo, 2022

Darle vuelta a una asunto significa desarmarlo, analizarlo, pensar en alternativas y ponerle un moño a modo de solución. Este proceso, en apariencia sencillo, puede derivar en aquello que se conoce como sobrepensamiento.

Tal como su nombre lo anticipa, se trata de rondar el asunto sin fin, rumiar una situación, al punto de que aquello que podíamos tener bajo control y mirar con cierta claridad, se vuelve un bucle sin fin. Veamos cómo desactivarlo.

¿A qué se refiere el sobrepensamiento?

El sobrepensamiento es un tipo de pensamiento que se convierte en rumiante, se repite una y otra vez, según el cual la búsqueda de una solución acaba convirtiéndose en problema. Ese flujo de pensamientos se presenta como una situación difícil de controlar para quien lo vive, por lo que afecta su bienestar y autoestima.

Nos lleva a pensar sobre situaciones futuras que quizás no sucedan nunca. Nos sobrepreocupamos y se dispara nuestra ansiedad. Puede empezar con una preocupación específica, pero acaba atando muchos temas y situaciones.

Veamos un ejemplo: Ana piensa “tengo que tener lista la presentación a tiempo porque si no lo hago mi jefe me va a llamar la atención como la otra vez. Aunque quizás también me diga que la presentación está lista, pero que debería haber trabajado más sobre…”.

En esta catarata mental, cumplir con el objetivo de entregar un trabajo a tiempo termina pasando a segundo plano. Además, aquello que era posible (finalizar la presentación) se va a realizar a un costo muy alto. Quizás, sin la eficiencia o la calidad con la que se hubiese realizado, puesto que Ana está estresada.

Aprender a parar a tiempo nos permite usar el pensamiento a nuestro favor y ordenarnos, en lugar de distorsionar los hechos y la realidad. Cuando no, esa escalada de pensamientos nos paraliza y abruma.

Sobrepensamiento en el trabajo.
En lo laboral es muy factible que el sobrepensamiento aparezca y entorpezca las acciones destinadas a una tarea.


Consecuencias del sobrepensamiento

Sin dudas, el sobrepensamiento provoca agotamiento físico y mental, ya que nos dirige a una dinámica que va de la mano de la emoción y la conducta. Es decir, el pensamiento negativo (por ejemplo, el fracaso ante determinada situación) lleva a tristeza y malestar. Y luego a una conducta de igual índole. Esta dinámica se vuelve cíclica y refuerza aquello que creíamos al inicio.

Entre las principales consecuencias encontramos las siguientes.

  • Afecta la percepción del problema, ya que no lo soluciona, sino que lo magnifica.
  • Aumenta la ansiedad y el nerviosismo.
  • Experimentamos emociones negativas (ira, miedo, tristeza) en torno al asunto.
  • Baja nuestra autoestima, ya que nos sentimos incapaces, superados por la situación, vulnerables.
  • Nos impide conectarnos con el presente y disfrutar de él.
  • Lleva a que nos perdamos oportunidades de mejora y crecimiento, puesto que nos paraliza y nos deja en la inacción.
  • Dificulta la toma de decisiones.

El gran inconveniente del sobrepensamiento es que se encuentra en la base de otros problemas mayores, como lo son el trastorno de ansiedad y la depresión.



¿Cómo evitarlo?

Algunas de las acciones que pueden ayudarnos a interrumpir el bucle de pensamientos son las siguientes.

  1. Practicar relajación y meditación. Desde mindfulness hasta técnicas de respiración. Realizar ejercicio físico, aunque sea unos 30 minutos diarios, también libera estrés.
  2. Tratar de entender qué hay detrás de los pensamientos. ¿Miedo a lo que digan? ¿Temor a quedar en ridículo? En el fondo de esos pensamientos hay ideas de nosotros mismos que aprendimos a partir de las experiencias, pero que se pueden cambiar.
  3. Aprender a identificar el momento en que comienzan los pensamientos. Al hacerlo, podemos reconocer que la ansiedad está próxima a aparecer e implementaremos medidas para no darle lugar. Así, en lugar de pasar todo el día rondando al asunto, podemos decidir ocuparnos de él y luego continuar con otro plan. Por ejemplo, salir a dar una vuelta.
  4. Pedir consejo. Llegamos a estas emociones luego de pensar una y otra vez sobre lo mismo. Por eso, cuando empieces a sentirte abrumado, puedes preguntarle a alguien qué haría en tu situación o cómo la resolvería.
  5. Imaginar qué le dirías a otro. Con relación al punto anterior, intenta proyectar qué conversación tendrías con alguien que te plantea el mismo problema. ¿Qué consejo le darías?
  6. Reemplazar un tipo de pensamiento por otro. Cuando creas que no podrás hacerlo, cuando te encuentres invalidándote, ten a mano un listado de recuerdos gratos y triunfantes.
Amigas hablan sobre el sobrepensamiento.
Hablar con otro para poner perspectiva a la cuestión es importante, ya que a veces no entendemos qué nos pasa.

Los pensamientos no son la realidad

Es importante recordar que todo aquello que pensamos no es la realidad ni lo que va a pasar. Son ideas, interpretaciones y apreciaciones de lo que creemos que podemos hacer o que podría suceder.

Es necesario separar a quien piensa de su pensamiento. No somos aquello que pensamos, pero acabaremos convirtiéndonos en eso si no buscamos una solución.

Pensar en exceso nos deja prisioneros de la mente, de escenarios hipotéticos. Así, lejos de prepararnos para la situación y encontrar recursos y tranquilidad, nos cargamos de miedo y angustia. Por eso hay que aprender a salir de ese bucle y pasar a un modo reflexivo.

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