¿Por qué surgen los ataques de ira y cómo gestionarlos?

La mayoría de las personas sentimos rabia o frustración en algún momento de nuestra vida. La dificultad surge cuando esas emociones se descontrolan y estallan de manera desproporcionada.
¿Por qué surgen los ataques de ira y cómo gestionarlos?
Montse Armero

Escrito y verificado por la psicóloga Montse Armero el 02 febrero, 2021.

Última actualización: 02 febrero, 2021

Los ataques de ira son la expresión más visible de la rabia y la frustración. Estos pueden suponer un auténtico problema de convivencia, ya que generan sufrimiento tanto en las personas que los experimentan como en su entorno más cercano.

Todas las personas podemos experimentar ira. Es una emoción universal innata y, tal como la catalogó el psicólogo Paul Ekman, es una de las seis emociones básicas.

El problema aparece cuando las personas sienten rabia de forma muy intensa y la forma en que la canalizan es a través de la pérdida de control. Veamos en qué consisten exactamente los ataques de ira y algunas estrategias para gestionarlos mejor.

¿Qué son los ataques de ira?

Los ataques de ira son episodios de enfado en los que las personas reaccionan de forma desproporcionada a la emoción de rabia experimentada. Se caracterizan por su inicio repentino, la pérdida de control de impulsos y la expresión de las emociones de manera violenta.

Esa violencia puede ser expresada de forma verbal, mediante gritos e insultos, aunque en muchas ocasiones también se manifiesta golpeando objetos, rompiéndolos o agrediendo el físico de un animal o una persona.

Los ataques de ira son catalogados en el “Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales” (DSM-V) como trastorno explosivo intermitente. Para cumplir los criterios diagnósticos deben darse los siguientes síntomas:

  • Arrebatos recurrentes de la conducta que manifiestan una falta de control de los impulsos agresivos. Ello incluye tanto agresiones verbales como físicas a objetos, animales o personas.
  • La reacción es bastante desproporcionada.
  • Los ataques de ira no son premeditados.
  • Los arrebatos provocan un malestar importante en la persona y afectan su rendimiento laboral, sus relaciones con otros o hay algún tipo de consecuencia legal o económica.
  • La persona es mayor de seis años.
  • Los ataques de ira recurrentes no son consecuencia de otro trastorno mental, no pueden atribuirse a otra afección médica ni son la consecuencia del consumo de alguna sustancia.
Ataque de ira manifestado en la cara.
La ira es una de las emociones básicas, pero si se sale de control acarrea graves consecuencias.

Causas de los ataques de ira

Según el DSM-V, las personas que han vivido un trauma emocional en su infancia o adolescencia tienen más riesgo de presentar ataques de ira.

El trastorno explosivo intermitente también se manifiesta de modo más frecuente entre los familiares de primer grado de las personas con ataques de ira. De hecho, en estudios de gemelos se ha demostrado una marcada influencia de la genética en la aparición del cuadro.

Tampoco podemos olvidar que la expresión desproporcionada de la ira está presente en muchos trastornos mentales, como la esquizofrenia o la depresión (Muscatello y Scudellari 2000 citado en Painuly et al 2005). Asimismo, puede aparecer en diferentes tipos de demencia, como el alzhéimer, ciertos trastornos de personalidad o en situaciones relacionadas con el consumo de sustancias, como el síndrome de abstinencia.

¿Por qué hay personas que reaccionan de forma explosiva?

Además de las causas citadas, el denominador común de todos los ataques de ira es que la persona que los experimenta percibe la situación como una ofensa humillante. Realmente siente un ataque hacia su persona o hacia los suyos y por ello reacciona de forma desproporcionada.

El factor estresante desencadenante puede ser algo que ofende su ideología, sus valores, su forma de actuar, su trabajo, su familia o incluso su equipo de fútbol. Si la persona lo percibe como ofensivo y está pasando por un momento en que su gestión de las emociones es inadecuada, el ataque de ira puede aparecer en cualquier momento.

Estrategias para gestionar los ataques de ira

Las personas que manifiestan un trastorno explosivo intermitente no están condenadas a vivirlos de forma permanente. Desde la psicología se ofrecen muchas herramientas que pueden resultar útiles a la hora de controlar los impulsos. Algunas de las más habituales son las siguientes:

  • Meditación y mindfulness: la práctica de estas técnicas pueden ayudar a distanciarse de los pensamientos más distorsionados.
  • Técnicas de relajación: herramientas como la relajación progresiva de Jacobson pueden ser técnicas eficaces para que la persona aprenda a gestionar mejor toda la parte fisiológica que se activa en un ataque de ira.
  • Ejercicio físico: la actividad física ayuda de forma muy significativa a liberar estrés. Además, aumenta el nivel de transmisores como la dopamina y la serotonina, los que favorecen el bienestar emocional.
  • Entrenamiento en habilidades sociales: mejorar la asertividad es una de las estrategias más eficaces. Ello permitirá comunicarse de forma más adecuada en situaciones en las que aparecen los ataques de ira.
  • Reestructuración cognitiva: los pensamientos distorsionados son, en muchos casos, el gran detonante que genera la reacción explosiva. Aprender a detectarlos y sustituirlos por pensamientos más funcionales puede suponer un gran cambio en la vida.
  • Inteligencia emocional: las personas con ataques de ira no gestionan bien sus emociones. Por ello, otra de las claves fundamentales para aumentar su bienestar será realizar un proceso de autoconocimiento. En este, la persona aprenderá a reconocer sus emociones, aceptarlas y dejarlas ir.
Ataque de ira en el trabajo.
Los ataques de ira en el ambiente laboral son complicados de manejar para los empleados y para los jefes también.

Si no sabes cómo gestionar tu rabia, solicita ayuda

Los ataques de ira no son fáciles de gestionar al inicio. Las personas sienten que es la única manera que tienen de expresar su rabia. Por mucho que intenten controlarse, explotan como una olla a presión.

Esto provoca mucha frustración en la persona y, en la mayoría de casos, un profundo arrepentimiento posterior. A nadie le gusta perder el control.

Si tú o alguien de tu entorno está sufriéndolos, no dudes en consultar con un especialista en salud mental. Tal y como te hemos comentado a lo largo del texto, es posible aprender a gestionar la rabia de forma mucho más adecuada.

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