Talasofobia o miedo al océano: causas y cómo superarlo

Edith Sánchez·
06 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico Leonardo Biolatto al
04 Noviembre, 2020
Si una persona sufre de talasofobia, lo más importante es tener en cuenta que se trata de un problema para el que existen soluciones. Lo habitual es que con el tratamiento adecuado se disipe ese miedo irracional.

La talasofobia es un miedo desmesurado e irracional al océano y a los cuerpos de agua extensos. De una manera más concreta, no es a la concentración a lo que se le teme como tal, sino a su amplitud, a su oscuridad y a lo que pueda contener.

Es obvio que cualquier persona llegue a sentirse intimidada ante el océano o concentraciones de agua similares, en especial si rara vez tiene contacto con estos o no divisa tierra a su alrededor. Sin embargo, en quienes sufren talasofobia esto se convierte en terror.

Una persona con este padecimiento no piensa que el mar es una masa de agua frente a la que se deben tener precauciones. Quienes atraviesan esta fobia sienten que el mar o los sitios similares son los lugares más aterradores del planeta. Por eso los evitan y pueden entrar en pánico frente a ellos.

¿Cómo identificarla?

Las personas que han nacido y crecido lejos del mar experimentan un temor natural cuando están en el océano. Sin embargo, también sienten curiosidad y, a medida que se van familiarizando, disipan muchos de sus temores.

En alguien con talasofobia, los temores tienen que ver con los siguientes aspectos:

  • Miedo a que aparezca algún animal peligroso cuando está en el océano.
  • Temor a que alguna persona emerja del agua y le cause un daño.
  • Miedo a que se forme un remolino debajo del agua y este lo arrastre mar adentro.
  • Temor inespecífico a peligros que puedan esconderse bajo las aguas, como alguna sustancia tóxica o algo desconocido.

Aunque esta fobia no constituye un trastorno como tal, según el Manual diagnóstico y estadístico de psiquiatría (DMS-5) los síntomas coinciden con los de las llamadas fobias específicas. Dichos síntomas comprenden los siguientes:

  • Agitación y nerviosismo, incluso cuando se piensa en el mar.
  • Mareo, aturdimiento y náuseas cuando se ve una masa de agua amplia y extensa.
  • Elevación del ritmo cardiaco y de la frecuencia respiratoria.
  • Dificultad para respirar y sudor.
  • Ansiedad y sentimiento de despersonalización con sensación de fatalidad inminente.
  • Deseo de escapar, así como evitación de cualquier aproximación al océano.
Persona frente al océano con miedo.
El miedo al océano es más que el temor natural que puede tenerse frente a grandes masas de agua desconocidas.

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Posibles causas de la talasofobia o miedo al océano

El miedo irracional al océano y a las concentraciones extensas de agua puede tener su origen en tres posibles causas: experiencias previas, educación o genética. Veamos cada una de ellas:

  • Experiencias previas: si una persona ha tenido experiencias desagradables o traumáticas con el agua, es posible que desarrolle talasofobia. Un suceso inesperado o que se haya interpretado como peligroso pueden desencadenar ese efecto.
  • Educación: si las personas cercanas tienen talasofobia o una percepción fóbica del océano, es posible que esto se internalice y se adopte como propio. Escuchar historias escabrosas al respecto también contribuye a ello, en especial en la infancia.
  • Genética: las personas que tienen antecedentes familiares de este tipo de fobia son más propensas a desarrollarla en algún punto de sus vidas.

¿Cómo se diagnostica?

No existe una prueba o un examen específico para diagnosticar este tipo de fobia. Se establece que el problema está presente a partir de la evaluación de los síntomas que presenta la persona. Hay pruebas informales en internet que pueden sugerir la presencia de este trastorno.

El diagnóstico formal lo puede dar un médico, un psicólogo o un psiquiatra. Por lo general, se aplica un cuestionario básico. También es posible que se muestren imágenes de amplias masas de agua para observar la reacción.

La talasofobia es diferente a la hidrofobia, que es el miedo irracional a entrar en contacto con el agua. También se diferencia de la batofobia, que es un temor exagerado a las aguas profundas, sean extensas o no.

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Cómo tratar la talasofobia

Por fortuna, la talasofobia puede tratarse de manera eficaz y existen varios caminos para hacerlo. La terapia cognitivo-conductual es una de las mejores opciones de tratamiento. Este método se enfoca en transformar las conductas y las emociones asociadas por otras más adaptativas.

Hay una modalidad de este corte que suele tener muy buenos resultados y es la terapia de exposición. Consiste en poner al paciente en contacto con aquello a lo que le teme durante un tiempo suficiente como para que la ansiedad disminuya de forma natural. Se lleva a cabo de forma gradual.

Otra opción interesante es la desensibilización sistemática. En este caso se motiva al paciente para que aprenda y desarrolle conductas no ansiosas frente a aquello que le provoca miedo. Tanto en este caso como en el anterior, muchas veces se echa mano de la realidad virtual.

Cuando el origen de la fobia es una experiencia traumática, puede ser muy eficaz una terapia EMDR. Esta es una técnica neurológica en la que se acude a los movimientos oculares, la estimulación auditiva y el tapping o pequeños golpes en las rodillas para generar una respuesta fisiológica que ayude a superar el trauma.

Pequeña persona frente al océano.
Existen alternativas terapéuticas para la talasofobia. La elección dependerá del profesional que aborde el trastorno.

Complicaciones de la talasofobia o miedo al océano

La talasofobia, como cualquier otro miedo irracional, puede llegar a condicionar de manera significativa la vida de una persona. En algunas ocasiones se afectan otros aspectos de la personalidad, lo que es muy inconveniente. Las principales complicaciones son las siguientes:

  • Aislamiento y soledad: en algunas circunstancias el temor irracional lleva a una sensación general de incompetencia que se traduce en aislamiento progresivo y evitación de situaciones sociales.
  • Ataques de pánico: estos miedos irracionales pueden desembocar en ataques de pánico, los que son repentinos y muy intensos, al punto en que bloquean la capacidad para actuar o reaccionar.
  • Depresión: es habitual que las personas que sufren de fobias también presenten síntomas de depresión.
  • Uso de psicoactivos: algunas personas podrían acudir al alcohol o a otros psicoactivos para regular o intentar disipar el miedo irracional que sienten.

¿Cómo prevenir las fobias?

La mejor manera de prevenir la talasofobia y cualquier otra fobia es impidiendo que los miedos tomen ventaja. Si se ha vivido una experiencia traumática con el agua o con cualquier otro objeto, lo indicado es tratar la situación cuanto antes para que no tenga mayores consecuencias.

Si la fobia ya está instalada, no hay que atormentarse. Lo correcto es buscar ayuda profesional cuando la persona desee o esté lista para superar el problema.

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