Aprende la técnica del semáforo para el control de emociones

La técnica del semáforo busca enseñar a los niños a detenerse y pensar antes de reaccionar en determinadas situaciones. ¿Cómo funciona? ¡Descúbrelo!
Aprende la técnica del semáforo para el control de emociones
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales.

Última actualización: 13 agosto, 2022

La técnica del semáforo se ha convertido en un recurso útil para enseñar a los niños a gestionar sus emociones, sobre todo en situaciones de conflicto como las rabietas o las discusiones con hermanos y cercanos.

¿Cuántas veces un juego o una broma acaba en una pelea o una rabieta descontrolada? Esto sucede porque a los menores les cuesta controlarse y su cerebro sufre un «arrebato» emocional. Incluso, es un problema que también pueden experimentar los adultos. Veamos en detalle en qué consiste esta técnica y cómo puede ayudar.

¿En qué consiste la técnica del semáforo?

La técnica del semáforo se orienta a la gestión de las emociones en los niños y las niñas. En particular, busca que puedan aprender a reconocerlas y a aceptarlas para poder vivirlas y procesarlas.

Sin embargo, toma como punto de partida que —en edades tempranas— los menores no son capaces de autorregularse y detenerse a tiempo. Su cerebro está «colapsado» y, por ello, muchas situaciones terminan en un estallido emocional.

Usando a las emociones como un termómetro, la técnica del semáforo busca trabajar el autocontrol y la regulación para poder interpretar qué nos quieren decir dichos sentimientos y qué podemos hacer al respecto.

De ahí la importancia de no subestimarlas ni evitarlas. Al hacerlo, no las eliminamos; solo postergamos su expresión para otro momento. En este sentido, si bien puede no gustarles sentir enojo o tristeza, es necesario que no sientan miedo de vivir estas emociones; debemos enseñarles a que las vean como «amigas» que traen un mensaje.

¿En qué consiste la técnica del semáforo?
La técnica del semáforo se ha convertido en un recurso para ayudar a los niños a comprender y gestionar sus emociones.


¿Cómo aplicar la técnica del semáforo?

Para aplicar la técnica del semáforo con los niños y las niñas, se recomiendan los siguientes pasos:

  • En primer lugar, se puede imprimir, dibujar o recortar una imagen de un semáforo. Esto se puede evaluar de acuerdo con la edad del pequeño.
  • A continuación, hay que explicarle cómo funciona un semáforo. El color verde es el que le da el paso a una persona, es decir, aprueba su conducta. Por lo tanto, representa el comportamiento positivo o deseado. El color amarillo es aquel que advierte que es necesario «ir frenando»; nos pone en alerta sobre una situación que está por venir. Por último, el color rojo representa «alerta total», implica detener y frenar el vehículo; es decir, interrumpir la conducta.
  • En algunos casos, si queremos enriquecer aún más la técnica, podemos señalar al lado de cada color algunas soluciones o medidas posibles. Las mismas pueden surgir a partir de una «lluvia de ideas». Así, evaluamos cuál es la mejor forma de actuar ante determinadas situaciones.
  • La técnica del semáforo puede ser «guiada» —o no—, según la edad. Por ejemplo, si vemos que está a punto de pelear con su hermanito por un juguete, podemos decir «amarillo»; en otros momentos, ya de más grandes, son capaces de decírselo a sí mismos. El objetivo es que, de manera progresiva, sean capaces de mirarse a sí mismos y elegir qué camino tomar.

Orientar y acompañar es clave

Más allá de la conducta del niño , tiene que haber un «correlato» parental. En este sentido, si no ha conseguido controlarse y llegó el punto del «rojo», hay que ayudarlo a restablecer la calma y luego guiarlo para reflexionar sobre su conducta.

«¿Qué fue lo que pasó que rompiste el juguete?» «¿Qué podrías haber hecho diferente?» «¿Eres capaz de ver las consecuencias de actuar de esa manera?»… estas también son preguntas válidas cuando la conducta fue la apropiada. De esta manera, le enseñamos al niño a ver tanto los resultados positivos como negativos.

En síntesis, la educación emocional es mucho más que desactivar un conflicto a tiempo. En sí, es un aprendizaje para toda la vida con los siguientes beneficios:

  • Aporta habilidades sociales y emocionales.
  • Favorece un desarrollo saludable.
  • Permite establecer vínculos de calidad.
  • Ayuda en el control de impulsos.
Madre enseña a su hijo
El acompañamiento de los padres y cuidadores es clave a la hora de aplicar la técnica del semáforo.


Somos el ejemplo más cercano

Cuando hablamos de enseñar a los niños a regular sus emociones, también podemos pensar en otra faceta que se presenta al mismo tiempo, la de aprender. Es preciso admitir que los adultos también debemos ser capaces de pensarnos en lo que sentimos, aceptarlo y buscar la respuesta más acertada.

Anticiparnos al amarillo, detenernos en el rojo y actuar en el verde. Los chicos y chicas nos miran todo el tiempo y mucho de lo que hacen es porque nos imitan. Por otro lado, también tenemos que saber que debemos validar sus emociones; aceptar y permitir que expresen lo que sienten, aunque ello no significa que estemos de acuerdo.

Esto implica que, en ocasiones, es necesario poner límites y hacer respetar ciertas normas. En este sentido, es importante que podamos establecer esas reglas con anterioridad. Por supuesto, la técnica del semáforo no es «una fórmula mágica». Requiere de práctica, de constancia y de paciencia.

Hay que aceptar que los niños y las niñas no siempre podrán controlarse y que, a veces, lo conseguirán con más o menos facilidad. En este caso, hay que respetar sus tiempos y procesos, y mostrarnos disponibles para ayudarlos a mejorar la próxima vez.

Por último, esta estrategia es una de las tantas que existen para trabajar sobre el mundo emocional. Hay que estar atentos para encontrar la herramienta más adecuada en cada caso, de acuerdo a la personalidad y a la edad. Por ejemplo, a algunos les resulta útil «el frasco de la calma», con el que encuentran papelitos con consejos o soluciones.

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