Tratamiento de la tuberculosis

La politerapia y una buena adherencia son las bases del tratamiento de la tuberculosis. Conoce más acerca de los métodos para curar esta enfermedad que se aplican hoy en día.
Tratamiento de la tuberculosis
Nelton Abdon Ramos Rojas

Revisado y aprobado por el médico Nelton Abdon Ramos Rojas el 23 mayo, 2021.

Escrito por Marcos Pedrosa, 07 enero, 2018

Última actualización: 23 mayo, 2021

La tuberculosis ha sido una enfermedad mortal durante siglos. No obstante, con el paso del tiempo y los avances en medicina, la incidencia de la infección se ha ido reduciendo lentamente. Si te interesa saber más al respecto, sigue leyendo, pues a continuación profundizaremos sobre el tratamiento de la tuberculosis.

A finales de la década de los años cuarenta, el descubrimiento de la estreptomicina comenzó a establecer las bases para un tratamiento eficaz de la tuberculosis. Dicho tratamiento sería mejorado progresivamente gracias a los hallazgos de la isoniazida, la rifampicina y el etambutol durante los años sesenta.

Afortunadamente, el panorama continúa mejorando y la tuberculosis se ha convertido en una enfermedad tratable.

De acuerdo con lo expuesto en el informe del año 2019 de la Organización Mundial de la Salud:

“Con el diagnóstico oportuno y tratamiento con antibióticos de primera línea durante seis meses, la mayoría de las personas enfermas de tuberculosis pueden curarse y la transmisión de la infección puede frenarse”.

¿Qué es la tuberculosis?

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada fundamentalmente por la bacteria denominada Mycobacterium tuberculosis. Dicha bacteria también es conocida como el ”bacilo de Koch” y constituye, junto con las M. bovis y M. africanum, el grupo Mycobacterium tuberculosis complex.

El ser humano es el único depositario de este microorganismo; de allí que pueda ser fatal si no se pauta un tratamiento a tiempo.

La enfermedad se transmite por contacto estrecho de una persona con otra mediante la inhalación de aerosoles infecciosos. A los pacientes que eliminan bacilos en sus secreciones respiratorias se les denomina bacilíferos. 

Los índices de mortalidad más altos se encuentran principalmente en países de África y Asia, en donde las condiciones de vida son precarias. Esto se debe a la relación que existe entre los patógenos de la tuberculosis y el VIH. En este sentido, una cuarta parte de las muertes de pacientes con VIH son consecuencia de la tuberculosis.

Tratamiento de la tuberculosis

El abordaje terapéutico de la tuberculosis consta de dos tipos de fármacos, aunque para prevenir el desarrollo de resistencias suelen asociarse:

  • Los fármacos de primera línea comprenden el tratamiento de la tuberculosis por excelencia. Son isoniazida, rifampicina, rifabutina, etambutol y pirazinamida.
  • Los fármacos de segunda línea se utilizan para tratar infecciones en las que se sospecha que existe resistencia a los fármacos anteriores o cuando estos últimos dan problemas debido a la aparición de reacciones adversas. Destacan la capreomicina, la cicloserina, la estreptomicina, la claritromicina y el ciprofloxacino.

Fases del tratamiento

Fases del tratamiento de la tuberculosis
Este tratamiento suele durar, como mínimo, seis meses.

La estrategia de acción más utilizada para hacer frente a la tuberculosis consta de dos fases:

  • Fase de tratamiento inicial: esta etapa dura alrededor de 2 meses y en ella se combinan isoniazida, rifampicina y pirazinamida. Puede añadirse etambutol, si se sospecha que el organismo sea resistente.
  • Fase de continuación del tratamiento: de aproximadamente 4 meses de duración, en ella se asocian isoniazida y rifampicina.

Fármacos de primera línea

En el tratamiento de la tuberculosis, son claves los fármacos encuadrados en esta categoría. El período estimado de administración es de 6 a 9 meses.

Actualmente, hay 10 medicamentos aprobados para el tratamiento de la tuberculosis, entre los que se incluyen los siguientes.

La isoniazida impide el crecimiento de los microorganismos latentes (es decir, es bacteriostático), pero también mata las bacterias activas. Su mecanismo de acción se basa en la inhibición de la síntesis de ácidos micólicos (constituyentes de la pared celular de las micobacterias).

Sus efectos adversos son las erupciones cutáneas, hepatotoxicidad y neuropatías. Estas últimas son consecuencia del déficit de piridoxina (vitamina B6) y se previenen mediante la administración de la misma.

La rifampicina es uno de los fármacos antituberculosos más activos que se conocen; actúa inhibiendo a la ARN polimerasa del microorganismo.

Se administra por vía oral y se distribuye en los tejidos tiñendo la saliva, los esputos, las lágrimas y el sudor de color anaranjado. Los efectos adversos son poco frecuentes; pueden incluir erupciones cutáneas, fiebre y lesiones hepáticas con ictericia.

El etambutol nunca debe usarse en monoterapia, pues aparecen resistencias rápidamente. Su efecto es bacteriostático, debido a la inhibición de la síntesis de la pared celular micobacteriana. De administración oral y buena absorción, únicamente se reseña la neuritis óptica como efecto adverso.

Al igual que la isoniazida, la pirazinamida inhibe la síntesis de ácidos micólicos bacterianos. Los efectos adversos incluyen gota y hepatopatía.

Fármacos de segunda línea

Este grupo de fármacos entra en juego en el tratamiento de la tuberculosis resistente a los fármacos de primera línea. Este subtipo de la tuberculosis es difícil de tratar; los medicamentos más usados para estos fines son la capreomicina (IM), la cicloserina (VO) y la estreptomicina (IM).

¿Existe vacuna para la tuberculosis?

El tratamiento de la tuberculosis incluye a la vacuna
La BCG suele administrarse en los primeros días de vida en países con alta incidencia de la enfermedad.

La respuesta a esta pregunta es afirmativa. La BCG o bacilo de Calmette-Guérin es una vacuna contra la enfermedad de tuberculosis. Generalmente, se recomienda su administración solo en ciertas personas que reúnan criterios muy específicos y después de consultar con un experto.

En última instancia, es aconsejable sobretodo en niños y en trabajadores de la salud que estén expuestos de forma continua a la enfermedad. El análisis de un profesional de la salud será imprescindible para indicarla cuando sea apropiado.

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