Ventilación emocional: ¿cómo te ayuda a incrementar tu bienestar?

Practicar la ventilación emocional equivale a expresar nuestras emociones y beneficiarnos de lo que quieren decirnos y enseñarnos sobre nosotros mismos.
Ventilación emocional: ¿cómo te ayuda a incrementar tu bienestar?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales.

Última actualización: 20 septiembre, 2022

La técnica de ventilación emocional tiene como fin promover una expresión y gestión sana de las emociones. Y es que, a menudo, frases como «no es para tanto», «no puedes sentirte de esa manera» o «estás exagerando» penetran poco a poco en nuestra cabeza e invalidan la forma en que nos sentimos.

A su vez, estas buscan marcar el camino «adecuado» sobre cómo expresar nuestras emociones. No obstante, son frases que funcionan como obstáculos, que nos llevan más a pensar en función de las expectativas de los demás y a desconectarnos de lo que nos pasa y atraviesa. ¿Cómo afrontarlo mejor con esta técnica? Veamos.

Sobre las emociones

Las emociones son la base para una buena salud física y mental porque nos aportan información sobre nuestros estados internos y nos ayudan a adaptarnos a una situación. A su vez, tienen un componente social, a través del cual podemos comunicarnos y conectar con otras personas.

También nos motivan para la acción, pues orientan nuestras decisiones. En este sentido, descartarlas o evitarlas sería perdernos de todos sus aportes.

Mujer expresa emociones
Las emociones desempeñan un papel fundamental sobre el bienestar físico y mental. Por ello, conviene aprender a reconocerlas y gestionarlas.


¿Qué tener en cuenta para aplicar la ventilación emocional?

La ventilación emocional tiene como objetivo abrirnos a nuestras emociones, reconocerlas, expresarlas, «darles luz» y sacarlas hacia afuera. Esto no necesariamente implica transmitirlas a otros en primera instancia, sino que se refiere a compartirlas con nosotros mismos, aceptándolas.

Para poder realizar esta técnica es conveniente tener en cuenta algunas claves que se presentan a continuación.

Suspender el prejuicio sobre las emociones

Quizás parezca difícil no asociar la alegría con una emoción positiva y la ira con una emoción negativa. Pero si nos dijeran que esta asociación es un aprendizaje, ¿lo creeríamos? Lo que sucede es que las emociones forman parte de ese capítulo no leído o que pasamos por alto durante nuestro desarrollo y aprendizaje.

Durante mucho tiempo, se le dio mucha importancia a lo cognitivo, pero lo emocional —la inteligencia emocional— fue dejada de lado. Entonces, junto a otras creencias —muchas de ellas «generizadas»— las emociones que podrían descontrolarnos tienen mala fama y, por eso, pasaron a conformar «la lista negra».

Pero, ¡atención! Las emociones aportan información sobre cómo nos sentimos, no son por sí mismas buenas o malas. Lo son en función de su expresión, de su gestión y de lo que desencadenan en nosotros.

Veamos un ejemplo; una emoción de enojo bien canalizada nos permite poner límites ante una situación injusta, como sería impedir que alguien nos maltrate. Entre tanto, una emoción de enojo mal canalizada nos desborda y nos supera, como sería el caso de insultar a alguien que nos maltrate.

Otro punto en torno a poner en pausa lo que pensamos sobre las emociones tiene que ver con algo que recién mencionamos; hay emociones que se plantean cómo más aptas según hablemos de un hombre o una mujer. Por ejemplo, una clásica es la de «los hombres no lloran», lo que impide que se expresen y puedan pedir ayuda.

No hay que confundirse. Las emociones son universales y son los factores culturales los que han establecido que los hombres no lloran y que las mujeres son más sensibles. Sin embargo, apegarnos a esta idea y reprimir nuestras emociones implica pagar un costo altísimo respecto a nuestro bienestar.

A las emociones hay que entenderlas y trabajarlas, no enjuiciarlas o evitarlas de buenas a primeras.

Ahora sí; desmenuzar la emoción

Tenemos la emoción «en caliente»; estamos ahí, sintiendo mucho enojo porque no logramos la calificación que esperábamos en un examen. ¿A qué se debe? ¿Cómo es que llegué a sentirme así?

Es importante poder reconocer cuáles son los factores que pueden estar presentes en esa situación para entender por qué se desencadena esa emoción. De seguro, ante esa misma situación, dos personas reaccionarían de diferente manera, solo porque interpretan y viven ese hecho de manera también diferente.



Ejercicios y técnicas para poner en práctica la ventilación emocional

Existen múltiples formas de poner en práctica la ventilación emocional. A continuación, algunos ejemplos.

Empezar por ponerle un nombre

Ira, rabia, enojo, celos, envidia, alegría, miedo… la emoción tal cual es, sin tratar de disfrazarla o «embellecerla». La sentimos y vivimos de ese modo; eso no nos hará mejor o peor persona.

Ventilarlas de manera verbal o escrita

Esto dependerá del estilo y del modo preferencial de la persona. Por ejemplo, hay quienes prefieren escribirlas o dibujarlas, mientras que otros son mejores expresándose con palabras.

En torno a la escritura, podemos «depositar» las emociones en un post it, como un modo de sacarlas, de tomar distancia de ellas y la manera en que nos envuelven; «me siento mal porque mi amigo, hoy quiero llorar porque, tuve un día malo porque, fui feliz cuando… ».

Evaluar la situación

Otro ejercicio que resulta clave puede ser el de realizar una evaluación de determinada situación con el fin de integrar pensamientos, sentimientos y comportamientos.

Podemos hacerlo al final del día o al terminar una actividad. ¿Cómo me sentí haciendo esto? ¿Qué podría mejorar? Preguntas disparadoras que nos permiten conectarnos con las emociones y lograr la ventilación emocional.

¿Qué tener en cuenta para aplicar la ventilación emocional?
La ventilación emocional propone tomar una pausa para reconocer y exteriorizar las emociones.

Hacerlo por nosotros mismos

Tal y como lo mencionamos anteriormente, la ventilación emocional es una forma de pensarnos y sentirnos a nosotros mismos. Muchas veces somos capaces de empatizar con las emociones de los demás, pero no aplicamos a misma regla para nosotros.

Nos juzgamos débiles, tontos o demasiado sensibles ante nuestro sentir en determinadas circunstancias. Poder conectar con las emociones es una cuestión de autoconocimiento, de límites, de aceptación y de autoestima. Es darnos el lugar que nos merecemos para poder partir de allí y crecer.

Esa «olla emocional» que tratamos de tapar —tarde o temprano— termina por llegar a un punto de hervor, y allí aparecen las enfermedades psicosomáticas, el estrés, la ansiedad, los trastornos del sueño. Por lo tanto, «amigarnos» con nuestras emociones más que una elección, se trata de salud.

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