Nutrición o ejercicio, ¿cuál es la más importante?

¿Qué es más importante para conseguir un buen estado de salud a medio plazo: el ejercicio o una buena dieta? A continuación, intentamos desvelar la respuesta a esta pregunta.
Nutrición o ejercicio, ¿cuál es la más importante?
Sául Sánchez Arias

Escrito y verificado por el nutricionista Sául Sánchez Arias el 01 junio, 2021.

Última actualización: 01 junio, 2021

Dos de los pilares de la vida saludable son la nutrición y el ejercicio. Sin embargo, ¿cuál es más importante para conseguir que el organismo funcione de forma óptima? Te vamos a contar qué dice la ciencia al respecto, si poner el foco en la nutrición o en el ejercicio.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que, a pesar de que uno tenga mayor influencia que el otro, sería óptimo prestar atención a ambos factores. Asimismo, hay que incluir el descanso en la ecuación, ya que si no se duerme correctamente, el organismo sufrirá un mayor desgaste a medio plazo.

Los beneficios de cuidar la nutrición

Garantizar una nutrición saludable es esencial. Aportar los nutrientes esenciales en las cantidades determinantes permite que el cuerpo se mantenga funcionando. De lo contrario, se pueden desarrollar patologías crónicas y complejas como la anemia, la osteoporosis, el escorbuto, entre otras.

No obstante, pasarse en el consumo de ciertos elementos o de energía tampoco se considera correcto. Por ejemplo, un aporte excesivo de azúcar se relaciona con el desarrollo de muchas enfermedades, según un estudio publicado en la revista Frontiers in Bioscience.

Al mismo tiempo, es posible introducir en el organismo elementos tóxicos a partir de la dieta. Si estos se acumulan en los tejidos, los daños a medio plazo pueden ser irreparables. De manera similar, existe mucha controversia respecto a la ingesta de aditivos alimentarios, como es el caso de los edulcorantes artificiales.

La importancia del ejercicio

El ejercicio y la nutrición son claves para lograr el bienestar.

Por otra parte, el ejercicio se sitúa como uno de los mecanismos esenciales para fomentar un buen estado de composición corporal. Gracias a la actividad física, se evita la acumulación de grasa subcutánea en exceso. Hay que tener en cuenta que la obesidad incrementa en gran medida el riesgo cardiovascular, tal y como afirma una investigación publicada en Metabolism.

Asimismo, el deporte ayuda a generar un correcto control de la inflamación y de la oxidación a nivel interno. Este hábito promociona los mecanismos que aseguran una situación de homeostasis, lo que permite un equilibrio beneficioso. Existen evidencias de que es protector frente al desarrollo de muchas patologías crónicas.

Incluso a día de hoy se propone como terapia ante diversas enfermedades. Por ejemplo, un estudio publicado por Cancer Immunology and Immunotherapy plantea que podría ayudar a superar el cáncer, los problemas motrices y las migrañas, entre otras patologías.

Por este motivo, cada vez se pauta más la actividad física como mecanismo terapéutico coadyuvante a la farmacología. Ya no solo se considera como elemento protector, sino también como parte de la solución.

¿Nutrición o ejercicio?

Resulta muy complicado elegir entre nutrición o ejercicio. Si nos centramos en el mantenimiento de un buen estado de composición corporal, probablemente la actividad física sea más determinante.

Ahora bien, a la hora de valorar la influencia sobre el estado de salud a medio plazo, es muy difícil demostrar la predominancia de uno sobre el otro. Lo cierto es que se consideran dos pilares claves para evitar el desarrollo de patologías y para mejorar el tratamiento de estas.

La dieta en la tercera edad es clave para mantener la salud.

De hecho, la mayor parte de los factores de riesgo asociados a las enfermedades crónicas están relacionados con el descuido de ambos puntos. Es esencial plantear una buena dieta y la práctica de actividad física de forma regular para impedir desajustes a nivel interno que provoquen alteraciones en la funcionalidad de los órganos.

La importancia de los hábitos

Cuando hablamos de salud, son varias cosas las que hay que tener en cuenta. La nutrición y el ejercicio son determinantes, pero también el descanso, las relaciones sociales, el nivel de estrés… Que el organismo funcione de forma óptima depende de ciertas variables modificables en el día a día.

No obstante, también hay que ser conscientes de que la variabilidad genética puede afectar en el riesgo de enfermar. Pueden desarrollarse alteraciones en el ADN celular que impliquen una mayor predisposición a sufrir ciertas patologías de carácter complejo. Sobre esto queda mucho por estudiar y descubrir, ya que los científicos tienen muchas dudas al respecto.

Ahora bien, existen una serie de factores modificables que determinan mucho los riesgos. Más allá de lo genético, si se plantea un estilo de vida saludable y se evita el consumo de tóxicos y las costumbres nocivas, se gozará de un mayor bienestar durante más tiempo.

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