Baltasar Gracián, escritor español: "Nunca hagas nada cuando estés de mal humor, porque harás todo mal"

¿Has enviado mensajes o correos cuando estás enfadado? Seguro escribes con un tono más duro del que usarías normalmente y al día siguiente te arrepientes. Tal vez has tomado una decisión importante mientras estás frustrado y después te das cuenta de que no consideraste aspectos que en otro momento habrías visto.
Para estos casos vale la pena recordar la frase de Gracián. En momentos de enojo, es mejor esperar a que la intensidad de las emociones disminuya. El escritor nos recuerda que cuando nuestro estado de ánimo está torcido, aumenta la probabilidad de hacerlo todo peor en tono, juicio y ejecución.
Gracián entendía que el estado emocional afecta la calidad de tus decisiones y que reconocer ese impacto te da ventaja. No se trata de reprimir lo que sientes o responder con frialdad ante las circunstancias, sino aplicar el autocontrol para tu beneficio.
Qué sale mal cuando actúas de mal humor
El mal humor estrecha tu perspectiva. Ves problemas donde hay matices, interpretas comentarios neutrales como ataques y pierdes la capacidad de considerar alternativas. Tu juicio se vuelve más rígido porque la frustración o el enfado activan respuestas defensivas que bloquean el pensamiento flexible.
El tono también cambia. Dices cosas más duras, usas palabras más tajantes y eliminas la cortesía. Aunque el contenido de lo que digas sea válido, la forma de expresarte puede dañar relaciones o cerrar puertas que después necesitarás abrir. La gente no recuerda solo qué dijiste, sino cómo lo dijiste.
Además, cuando estás irritado, tu atención se dispersa más fácilmente, cometes errores y pasas por alto detalles relevantes. Puede que termines tus tareas, pero el resultado probablemente tendrá más fallos que si las hubieras hecho con la mente despejada.
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Cómo aplicar la frase de Gracián sin paralizarte
La clave está en usarla como un filtro, no como prohibición absoluta. Cuando notes que estás de mal humor, pregúntate si lo que vas a hacer es reversible o irreversible. Enviar un correo importante, tomar una decisión que afecta a otros, tener una conversación difícil, son cosas que pueden esperar unas horas o hasta mañana. Si lo aplazas, tendrás mejor resultado.
Mientras tanto, cambia a tareas neutras que no requieran un juicio ni interacción delicada. Puedes organizar archivos, limpiar tu espacio de trabajo, hacer tareas mecánicas que tienes pendientes. Estas acciones aprovechan tu tiempo sin arriesgar consecuencias negativas. Te mantienen productivo sin exponerte a decisiones que podrías lamentar.
Si necesitas desahogar la emoción, escribe el correo o el mensaje pero no lo envíes. Guárdalo como borrador. Al día siguiente, con la mente más clara, revísalo y decide si lo mandas tal cual, si lo suavizas o si ya no tiene sentido enviarlo. La mayoría de las veces descubres que lo habrías escrito de forma muy diferente.
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Cuándo sí debes actuar aunque estés de mal humor
La frase de Gracián no es excusa para evitar responsabilidades o conversaciones necesarias. Si algo requiere acción inmediata —una emergencia, un conflicto que empeora con el silencio, una decisión con plazo fijo— no puedes esperar a sentirte mejor.
En esos casos, reconoce tu estado emocional y ajusta tu enfoque. Intenta hablar más despacio, pide tiempo para pensar antes de responder, verbaliza que estás frustrado pero que quieres resolver el tema de forma constructiva.
También hay momentos en que el mal humor es información válida sobre un problema real que necesitas abordar. Si tu enfado viene de una situación injusta o de límites que han sido cruzados, aplazar indefinidamente no resuelve nada. La clave está en distinguir entre reaccionar desde la emoción y responder con la emoción reconocida pero el juicio activo.
La sabiduría de Gracián no está en negar las emociones ni en esperar a un estado perfecto para actuar. Está en reconocer que el momento importa. Algunas acciones salen mejor cuando esperas a calmarte, y algunas requieren que actúes aunque no estés de buen ánimo pero con conciencia de tus limitaciones actuales.
Saber cuándo actuar y cuándo esperar es una habilidad que se desarrolla observando tus propios patrones. Si notas que los correos que envías enfadado casi siempre te generan problemas después, tienes pruebas de que ese filtro funciona para ti.
Si las decisiones que tomas frustrado tienden a ser peores que las que tomas tranquilo, ese patrón te indica que vale la pena aplazar cuando puedas. Se trata de aprender de tus propios errores y ajustar tu estrategia.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







