Mi pareja se comporta como una madre o un padre, ¿qué puedo hacer?

Una pareja debe estar compuesta por dos iguales. Si uno sobreprotege al otro, le dirige o le critica, hay una dinámica disfuncional. Evaluamos qué hacer si mi pareja se comporta como tu madre o padre.
Mi pareja se comporta como una madre o un padre, ¿qué puedo hacer?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 06 marzo, 2022

Si nuestra pareja se comporta como una madre o padre, más temprano que tarde caeremos en la insatisfacción y los conflictos. Por ello, conviene comprender a qué se debe este fenómeno y cómo podemos ponerle fin.

Con más frecuencia de la que pensamos confundimos los roles en nuestros vínculos personales. Esto puede sucedernos con nuestros padres, hermanos o amigos, pero es en las relaciones románticas donde se presentan con más intensidad estas confusiones.

Esta dinámica distorsionada puede presentarse en ambas direcciones: tanto los hombres como las mujeres pueden sentirse y actuar como si fueran los progenitores de su pareja, aunque es más frecuente que esto les suceda a las mujeres.

Este tipo de comportamientos está tan arraigado y normalizado que muchas veces cuesta darse cuenta del error en el que estamos incurriendo; sin embargo, las consecuencias son importantes.

Mi pareja se comporta como una madre o padre

Mi pareja se comporta como una madre o un padre, ¿qué puedo hacer?
Tanto hombres como mujeres pueden adoptar el papel del progenitor, aunque es más común en mujeres.

Hay varias señales notorias que indican que nuestra pareja se comporta como una madre o un padre. Como hemos comentado, esto puede sucederle a hombres y mujeres, pero hablaremos en femenino por la mayor proporción que existe.

  • Lleva la carga mental. Se preocupa de recordarnos lo que tenemos que coger antes de salir de casa, de organizarnos las citas, de estar pendiente de aquello que necesitamos comprar… Mantiene en su mente todos nuestros compromisos, obligaciones y necesidades, y se encarga de ellos como si de una secretaria o asistente se tratase, todo con el aparente fin de facilitarnos la vida.
  • Toma las decisiones por nosotros. Desde la ropa que nos ponemos hasta los clientes con los que trabajamos o en qué empleamos el tiempo libre. En ocasiones, estas decisiones se imponen de forma directa y en otras se sugieren sutilmente, pero el resultado es el mismo: es la otra persona quien tiene las riendas de nuestra vida.
  • Nos regaña o nos critica constantemente. Discute nuestros gustos, nuestras actitudes y nuestras acciones. Parece que quisiera educarnos y utiliza un tono que no corresponde a una conversación con otro adulto.
  • Se ocupa de todo por nosotros. Lava, cocina, plancha, va al supermercado, se ocupa de tener la comida lista cuando llegamos, de prepararnos el almuerzo para el trabajo y, a veces, hasta de ayudarnos con nuestro aseo personal. No hay equilibrio ni reciprocidad, ya que la otra persona lo hace prácticamente todo.
  • Se victimiza por la falta de reconocimiento. Espera que su sacrificio sea valorado y reconocido, y siempre siente que no recibe gratitud de nuestra parte.

¿Por qué se adoptan estos roles?

Para quien no lo vive puede resultar difícil comprender por qué alguien trataría así a su pareja; sin embargo, existen diversos motivos de peso. Entre estos, destacan los que mencionaremos a continuación.

Cultura y roles de género

No podemos pasar por alto el hecho de que muchos de nuestros comportamientos son patrones y programaciones aprendidas culturalmente. De forma tradicional, se ha considerado que el valor de la mujer estaba ligado a su capacidad para ser «una buena esposa» y atender al marido. Esta creencia sigue muy presente en muchas mujeres y es, incluso, transmitida en el seno de la familia.

Codependencia y miedo al abandono

Detrás de ese aparente altruismo y sacrificio de quien se comporta como madre (o padre) se esconde un gran miedo al abandono. Lo hace todo por su pareja para volverse imprescindible, para que le necesite y nunca pueda dejarle. No considera que pueda amarle por lo que es, así que trata de que el cariño surja por lo que hace.



Dificultades para recibir

Una relación sana es equilibrada y recíproca: ambos ofrecen y reciben. Sin embargo, algunas personas presentan una desvalorización tan grande que no saben recibir ni tan siquiera un halago. En este caso, se dedican a dar, atender y ofrecer sin esperar nada a cambio.

Complejo de salvadora

Por último, algunas mujeres sufren un complejo de salvadora que les lleva a dedicar su vida a solucionar los problemas y las dificultades de su pareja. Suelen escoger personas conflictivas, complicadas y atormentadas para poder ejercer este rol y, así, al enfocarse en el otro evitan enfrentarse a sus propios temas por trabajar.



¿Qué puedo hacer si mi pareja se comporta como una madre o padre?

Mi pareja se comporta como una madre o un padre, ¿qué puedo hacer?
Si sentimos que nuestra pareja se comporta como un padre o una madre, ha llegado el momento de cambiar la dinámica de la pareja.

Aunque esta sea una dinámica muy establecida y parezca funcionar (dado que ambos roles se complementan), es importante abordarla cuanto antes. Esta confusión puede traer consecuencias importantes como las siguientes:

  • Dificultades en la intimidad, disfunciones sexuales o ausencia total de sexo. Esto se debe a que ninguna persona se siente atraída por un padre o una madre controladora ni un adolescente consentido: todos buscamos un igual.
  • Sentimiento de impotencia y asfixia en quien sufre la sobreprotección de una pareja que no le deja vivir ni decidir.
  • Frustración por no recibir el reconocimiento y el amor que espera de su pareja (y que está comprando con sus acciones)
  • Insatisfacción en ambos miembros de la pareja, desgaste de la relación y conflictos frecuentes.

Como vemos, es una situación insostenible a largo plazo; entonces, ¿qué podemos hacer para revertirla? Hay diferentes opciones de actuación que engloban las siguientes posibilidades.

Identificar los roles equivocados

Este es un paso complicado, ya que resulta difícil asumir que estamos interpretando el papel de padre/madre o hijo/hija con nuestra pareja. Reflexionemos sobre los puntos anteriores y si nos sentimos identificados con varios, no lo dejemos pasar.

Aceptar la responsabilidad propia

Se suele culpar al miembro de la pareja que actúa como un progenitor por sus actitudes, pero ninguna dinámica se establece si no colaboran ambas personas. Así, planteémonos de qué forma nos beneficia esta situación y cómo contribuimos a ella.

Resulta muy cómodo que el otro se ocupe de todo, no asumir responsabilidades, no colaborar en casa y no madurar, pero esto es sumamente perjudicial para la pareja. Aceptemos que la responsabilidad también es nuestra.

Establecer límites y cambiar la dinámica

Ahora que hemos identificado las actitudes disfuncionales, debemos hacernos el firme propósito de dejar de perpetuarlas. Si queremos que nuestra pareja deje de comportarse como nuestro padre o nuestra madre, dejemos de actuar como un niño indefenso o un adolescente sin criterio.

Hagámonos cargo de nuestros asuntos y obligaciones, de nuestras tareas y decisiones. Cuando nuestra pareja vaya a tomar de nuevo ese rol, pongamos un freno y recordémosle por qué estamos intentando cambiar. Demos el primer paso para reorganizar la dinámica.

Buscar ayuda profesional

Si estos comportamientos están muy arraigados, puede ser muy complicado revertirlos por nuestra propia cuenta. Es aquí cuando la ayuda profesional puede ayudarnos a identificar qué actuaciones en específico debemos modificar.

Puede ayudarnos a comprender qué emociones se esconden detrás de los roles que ejercemos y ofrecernos herramientas para aprender a relacionarnos de una forma más saludable.

Ni padres ni hijos, compañeros de vida

Una pareja ha de ser un igual, un compañero de equipo con el que trabajar por un proyecto en común. Una relación debe estar conformada por dos adultos que se respetan, se admiran y se cuidan mutuamente. Si percibimos un desequilibrio, tengamos por seguro que terminará afectando a nuestro vínculo. Por ello, no pospongamos la decisión y comencemos a realizar cambios hoy mismo.

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  • Quadrio, C. (1982). The Peter Pan and Wendy syndrome: A marital dynamic. Australian & New Zealand Journal of Psychiatry16(2), 23-28.
  • Verdú, A. D. (2013). Género y conflicto en las relaciones de pareja heterosexuales: La desigualdad emocional. Cuestiones de género: de la igualdad y la diferencia, (8), 165-181.