Agresividad pasiva en las relaciones: ¿cómo afrontarla?

¿Cómo son las violencias en las parejas? ¿Qué sucede cuando hay agresividad pasiva en las relaciones? No siempre el maltrato físico es la expresión evidente de un conflicto que puede perdurar por años. Lo analizamos.
Agresividad pasiva en las relaciones: ¿cómo afrontarla?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales el 05 febrero, 2021.

Última actualización: 05 febrero, 2021

Muchas veces, los modos agresivos están asociados a lo explicito y a lo evidente, como una discusión con gritos e insultos. Sin embargo, pueden tomar diferentes formas, como la agresividad pasiva en las relaciones de pareja.

Para pensar en ella podríamos visualizar el iceberg de la violencia, en el que lo visible forma parte de las modalidades más violentas (el maltrato físico). Sin embargo, hay otras variantes implícitas y menos visibles en las que la agresividad pasiva es una de ellas.

Las personalidades de tipo pasivo-agresivas son personas que dan vueltas a lo que sienten y a lo que quieren; no son claras. Pero para conseguir lo que precisan lo hacen de manera indirecta, ejerciendo como principal estrategia la manipulación.

Características de la agresividad pasiva

Veamos las características de la agresividad pasiva en las relaciones para ayudarnos a identificar los rasgos que la definen. Estemos atentos, pues podemos estar envueltos en ellas.

La agresividad pasiva es latente, encubierta. Se vale de conductas o expresiones que, a priori, parecen sin intención. Incluso, como la manipulación es una de las características, llega a confundir a la persona que es objeto de la violencia, haciéndole dudar de lo que está sucediendo.

Este tipo de agresividad no se caracteriza por el arrebato, sino que se disfraza y se contiene. Aunque la agresión pasiva-activa es deliberada, parece inocente e inofensiva.

Es importante aclarar que es agresividad al fin y al cabo. Se trata de un comportamiento hostil. De modo que siempre suelen suscitarse algunas discusiones en torno al adecuado empleo del término pasivo. Incluso se ha retirado de la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V).

Cualquiera sea el vínculo que tengamos con la otra persona, se tratará de una relación tóxica. Puede darse en cualquier tipo de relaciones y no solo en las amorosas, sino también las familiares, las amistosas y las laborales.

Violencia explícita de pareja.
La violencia física es la forma más común de agresión explícita, pero la forma pasivo-agresiva no es menor ni menos frecuente.

Comportamiento de agresividad pasiva en las relaciones

El comportamiento pasivo agresivo se vuelve evidente de varias maneras. Aquí vamos a comentar algunas de las más importantes y relevantes. Presta atención.

Manipulación, victimización y culpabilización

Manipular al otro es lo más típico o propio de la agresividad pasiva en las relaciones. A su vez, una de las formas de manipular tiene que ver con hacer sentir culpable a la otra persona, como si fuese responsable del propio malestar o fracaso.

En la agresividad pasiva, el que la ejerce se presenta como víctima, creando un ambiente que es desconcertante para el otro. Las frases comunes son “mejor hazlo tú”, “yo no soy así, eres tú quien me provoca”.

Desvalorización de la otra persona

Algunos comportamientos habituales son la desvalorización de la otra persona. Se invalidan sus sentimientos y cualquier observación sobre un pedido de cambio se considera infantil.

La crítica es permanente y se disfraza bajo la supuesta intención de hacerlo por el bien común, como si fuese una ayuda para crecer y mejorar. Pues no lo es. Incluso en aquellos casos en los que la otra persona ha conseguido algo importante, en lugar de reconocerlo, se le dice que podría haber sido mejor.

Ley del hielo, silencio e incomunicación

Una persona que ejerce comportamiento de agresividad pasiva en las relaciones es incapaz de referirse a sus sentimientos, por lo que responden que “no les pasa nada” cuando se les pregunta. Todo pueden hacerlo solos.

En otras ocasiones se quedan en silencio e incluso se rehúsan a contestar cuando se les hace una pregunta. Sí emplean muchos gestos y comportamientos no verbales que transmiten algún mensaje de desinterés o rechazo. Ante un conflicto asumen una actitud evasiva, con tal de no enfrentarlo y que a la otra persona le resulte difícil iniciar la conversación.

Aires de importancia

Esta característica es un correlato de la anterior: una de las formas de desvalorizar al otro es promover la importancia propia. De este modo, dejamos a nuestro interlocutor como pequeño e insignificante. Destacar nuestros logros y ser demasiado críticos con las acciones de otros es una de las formas que toma esta agresividad.

Poner trabas y obstáculos

Esta forma se expresa sobre todo en los ámbitos laborales. Muchas veces, la hostilidad de otras personas se vivencia a través de dificultades que complican la tarea o que nos impiden lograrla.

A veces porque se oculta información, otras porque se solicitan tareas titánicas. En el ambiente de trabajo muchas personas terminan por cansarse de esta situación, se sienten desmotivadas y pueden llegar a abandonar el empleo.

Falso humor

Divertirse o reírse a expensas de otros, con sarcasmo o comentarios que encubren hostilidad. Comentarios irónicos, provocadores, cargados de humillación o desaprobación. Muchas veces se acusa a la otra persona de exagerada y de no tener humor cuando se intenta llamar la atención sobre al asunto.

¿Cómo afrontar la agresividad pasiva en las relaciones?

Mujer triste por la agresividad pasiva de su pareja.
No hay que dejar pasar la agresividad pasiva pensando que se solucionará por arte de magia. Este comportamiento tiende a ser crónico.

Es importante mirarse y preguntarse en qué lugar nos encontramos. Mientras que en algunas relaciones podríamos ser a quienes está destinada la agresividad, hay otros casos en los que podemos ser nosotros mismos quienes estamos siendo agresivos.

Aprender a poner límites es una habilidad social clave que se basa en el reconocimiento de que merecemos respeto. Hay a quienes no les resulta y, en parte, porque no saben cómo hacerlo de una manera asertiva. Por ello, buscan evitar el conflicto a toda costa.

Es importante tener en cuenta que el comportamiento agresivo pasivo se mantiene a lo largo del tiempo, por lo que no solo se ve afectada la relación, sino también nuestra autoestima. Puede resultar positivo preguntarle al otro cómo se siente; no porque vayamos a obtener una respuesta, sino porque expresamos interés por su bienestar.

Sin embargo, además de las propias acciones, si tenemos una relación con una persona que es pasivo agresiva, es importante manifestarle cómo nos sentimos con sus comportamientos e invitarla a que busque ayuda profesional.

No todos los orígenes son iguales, así como tampoco todas las personas necesitan lo mismo. En ocasiones, la agresividad pasiva en las relaciones puede provenir de experiencias en las que no se ha podido aprender a gestionar las emociones.

Quizás, expresar miedo, dolor e ira no estaba permitido, negando el abanico emocional de los seres humanos. O también puede provenir de contextos de crecimiento hostil, en los que se aprende a estar en estado de alerta para sobrevivir.

Habilidades sociales para vencer la agresividad pasiva

Puede que al principio, al darnos cuenta de la situación, intentemos suavizar la gravedad, justificando las actitudes de la otra persona. Sin embargo, es difícil que una relación con estos niveles de toxicidad pueda llegar a buen puerto. En especial si no logramos que el otro se interese por un cambio.

Tarde o temprano estas relaciones acaban por hacernos sentir poco respetados y valorados. Estamos en pie de batalla la mayor parte del tiempo, intentando defendernos.

Las personas que ejercen la agresividad pasiva tendrán que aprender a trabajar sobre sus emociones, a expresarlas y a negociar, así como también a valorar a otras personas y reconocer los logros ajenos. Uno de los focos estará puesto en el desarrollo de habilidades sociales.

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