La verdad sobre las estrías: lo que sí y lo que no funciona para atenuarlas

Las estrías son marcas comunes en la piel que aparecen cuando esta se estira más allá de su capacidad, como ocurre en el embarazo, la adolescencia o con cambios bruscos de peso. Aunque suelen generar incomodidad estética, es importante entender que forman parte de un proceso natural y que con el tiempo tienden a volverse menos visibles.
No existen fórmulas mágicas para borrarlas por completo. Los productos tópicos pueden aportar cierta mejoría en estrías recientes, pero las más antiguas responden menos a los tratamientos. A continuación, te contamos qué cuidados sí ayudan a atenuarlas y cuáles no tienen evidencia sólida.
1. Hidratación constante
Mantener la piel bien hidratada es uno de los hábitos más efectivos para mejorar el aspecto de las estrías. Las cremas y aceites no eliminan las marcas, pero sí favorecen que la piel se vea más flexible y con mejor textura. Aplicar productos ricos en emolientes y humectantes, como manteca de karité o aceite de almendras, ayuda a suavizar la superficie y a reducir la sensación de sequedad.
2. Masaje suave
El masaje regular en las zonas afectadas estimula la circulación y puede mejorar el acabado de la piel. No se trata de presionar con fuerza, se trata de realizar movimientos circulares y delicados que favorezcan la absorción de la crema hidratante. Este hábito, sostenido en el tiempo, contribuye a que las estrías se integren mejor con el resto de la piel.
3. Uso de autobronceador
Una estrategia práctica para camuflar las estrías es aplicar autobronceador. Al oscurecer ligeramente la piel, se reduce el contraste entre las marcas y el tono natural. Es importante elegir un producto adecuado para el tipo de piel y aplicarlo de manera uniforme para evitar manchas. Aunque no modifica la estructura de la estría, sí ofrece un efecto visual que ayuda a que se noten menos.
4. Mantener un peso estable
Los cambios bruscos de peso favorecen la aparición de nuevas estrías y pueden acentuar las ya existentes. Adoptar hábitos que ayuden a mantener un peso estable, como una alimentación equilibrada y actividad física regular, contribuye a que la piel se adapte mejor y se reduzca el riesgo de que las marcas se intensifiquen.
5. Evitar remedios populares sin evidencia
Existen múltiples recomendaciones caseras que prometen resultados milagrosos, por ejemplo, aplicar limón, aloe vera puro o mezclas con azúcar. Sin embargo, la evidencia científica sobre su eficacia es escasa o nula. Estos remedios pueden hidratar de forma superficial, pero no tienen la capacidad de regenerar la piel ni de borrar las estrías. Confiar en ellos puede generar frustración y expectativas poco realistas.
6. Opciones médicas y estéticas
En casos donde se busca un resultado más notorio, algunos tratamientos dermatológicos pueden ayudar. La microdermoabrasión, el láser fraccionado o la radiofrecuencia estimulan la producción de colágeno y mejoran la textura de la piel. No obstante, requieren varias sesiones, son costosos y tampoco garantizan la desaparición total de las estrías. Lo ideal es consultarlo con un especialista para evaluar riesgos y beneficios.
Consejo extra: la aceptación
El objetivo de cualquier cuidado es que las estrías se vean menos visibles, no borrarlas por completo. Entender esto es el secreto para evitar frustraciones. Con el tiempo, las marcas tienden a aclararse y a integrarse con el tono de la piel. Aprender a convivir con ellas y aceptar que forman parte de la historia del cuerpo es un paso hacia una relación más sana con la propia imagen.
Las estrías no son un defecto, son una señal de que la piel ha acompañado procesos vitales como el crecimiento, el embarazo o los cambios de peso. Los cuidados mencionados ayudan a mejorar su aspecto, pero lo más valioso es adoptar expectativas realistas y priorizar la comodidad con el propio cuerpo. La verdadera transformación ocurre cuando dejamos de verlas como un problema y las entendemos como parte natural de nuestra piel.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







