Jean-Paul Sartre, filósofo francés: "Para saber lo que vale nuestra vida, no está de más arriesgarla de vez en cuando"

La frase de Jean-Paul Sartre, tomada de su obra Les Mains sales, nos invita a reflexionar sobre el sentido de la existencia y el valor que le otorgamos a nuestras decisiones. El filósofo francés sugiere que la vida adquiere significado cuando dejamos de vivir en automático y nos exponemos, aunque sea de manera controlada, a la incertidumbre.
Arriesgar, en este contexto, no significa poner en peligro lo esencial, significa atrevernos a salir de la comodidad, a elegir con responsabilidad y a enfrentar lo desconocido con coherencia. A continuación, te contamos cómo aplicar esta idea en la vida cotidiana para darle más sentido y autenticidad a nuestras elecciones.
1. Decir lo que pensamos con responsabilidad
Uno de los riesgos más necesarios es expresar nuestras ideas, incluso cuando sabemos que pueden generar incomodidad. Guardar silencio por miedo a la desaprobación nos aleja de la autenticidad. Sartre defendía la libertad como condición fundamental del ser humano, y esa libertad se manifiesta en la palabra. Decir lo que pensamos, con respeto y responsabilidad, nos permite vivir con coherencia y fortalecer nuestras relaciones.
2. Elegir aunque no haya garantías
La vida está llena de decisiones que no ofrecen certezas. Cambiar de trabajo, iniciar una relación o emprender un proyecto son elecciones que implican riesgo. Sin embargo, es en ese acto de elegir donde descubrimos el valor de nuestra vida. Evitar la elección por miedo a equivocarnos nos condena a la pasividad. Arriesgar, en este sentido, es aceptar que la incertidumbre forma parte de la existencia y que el aprendizaje surge precisamente de lo inesperado.
3. Probar experiencias nuevas
Salir de la rutina y explorar actividades desconocidas es otra forma de arriesgar sin caer en la temeridad. Viajar a un lugar distinto, aprender una habilidad nueva o participar en un proyecto creativo nos expone a lo inesperado, pero también nos abre puertas a descubrimientos personales. Estas experiencias nos recuerdan que el valor de la vida se mide en la riqueza de lo vivido, no en la repetición de lo seguro.
4. Asumir la incomodidad como parte del crecimiento
Arriesgar también significa aceptar la incomodidad que surge al enfrentarnos a lo desconocido. El miedo, la duda y la inseguridad son señales de que estamos saliendo de la zona de confort. En lugar de evitarlas, podemos reconocerlas como parte del proceso de crecimiento. La incomodidad nos obliga a replantear hábitos y creencias, y nos acerca a una vida más consciente y significativa.
5. Reconocer la libertad como responsabilidad
Para Sartre, la libertad no era un privilegio abstracto, sino una carga que exige responsabilidad. Arriesgar la vida en pequeñas decisiones cotidianas implica reconocer que somos responsables de nuestras elecciones y de sus consecuencias. Esta conciencia nos aleja de la pasividad y nos devuelve la agencia sobre nuestra existencia. Vivir con responsabilidad es, en última instancia, valorar nuestra vida.
El riesgo como medida de autenticidad
El riesgo no debe confundirse con la imprudencia. Se trata de una exposición calculada que nos permite comprobar si nuestras elecciones reflejan lo que realmente somos. Cuando nos atrevemos a actuar en coherencia con nuestros valores, incluso sin garantías, descubrimos que la vida adquiere un sentido más profundo. La autenticidad se construye en esos momentos en los que decidimos arriesgar por lo que creemos.
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