Logo image

Theodore Roosevelt, expresidente de EE.UU, "El único hombre que nunca se equivoca es el que nunca hace nada"

2 minutos
Equivocarse es parte inevitable de actuar. Theodore Roosevelt lo sabía, la inacción protege del error, pero también impide crecer y aprender.
Theodore Roosevelt, expresidente de EE.UU, "El único hombre que nunca se equivoca es el que nunca hace nada"
Escrito por Valentina Vallejo
Publicado: 18 febrero, 2026 06:00

La célebre frase atribuida a Theodore Roosevelt por el periodista Jacob Riis encierra una verdad incómoda, equivocarse es inevitable cuando se actúa. El miedo al error suele paralizar, pero la inacción no conduce a ningún aprendizaje ni progreso. En cambio, cada fallo abre la puerta a la experiencia y a la mejora.

En un mundo marcado por el perfeccionismo y la presión de “hacerlo todo bien”, esta reflexión cobra más vigencia que nunca. La obsesión por no fallar puede convertirse en un obstáculo mayor que el error mismo. A continuación, te contamos cómo aplicar esta enseñanza en la vida diaria para avanzar sin quedar atrapado en la inmovilidad.

1. Avanza con una versión suficiente, no perfecta

El perfeccionismo suele retrasar proyectos y decisiones. Esperar a que todo esté impecable antes de actuar puede significar nunca empezar. En cambio, avanzar con una versión “suficientemente buena” permite poner en marcha ideas, probarlas y mejorarlas sobre la marcha. La acción genera retroalimentación real, mientras que la espera solo acumula dudas.

2. Transforma los errores en aprendizaje

Cada equivocación trae consigo una lección. En lugar de castigarte por fallar, pregúntate qué puedes aprender de esa experiencia. Roosevelt defendía la acción como camino hacia el crecimiento, y en la práctica esto significa aceptar que los tropiezos son parte del proceso. Documentar lo aprendido y aplicarlo en la siguiente oportunidad convierte los errores en escalones hacia la mejora.

3. Reduce la parálisis por análisis

Pensar demasiado antes de actuar puede convertirse en un círculo interminable. La “parálisis por análisis” impide tomar decisiones y desgasta la energía. Una forma de combatirla es establecer límites de tiempo para planificar y luego pasar a la acción. Decidir con información suficiente, aunque no perfecta, es más productivo que esperar certezas absolutas que rara vez llegan.

4. Practica la valentía de decidir

Actuar implica elegir, y elegir conlleva riesgos. Sin embargo, la indecisión prolongada suele ser más costosa que un error puntual. La valentía de decidir, incluso con incertidumbre, abre caminos y oportunidades que de otro modo permanecerían cerrados. Recordar que equivocarse es parte del proceso ayuda a dar pasos firmes sin esperar garantías imposibles.

5. Diferencia entre errores inevitables y evitables

Aceptar la posibilidad de fallar no significa actuar con imprudencia. Hay errores que pueden prevenirse con preparación, información y prudencia. La clave está en distinguir entre los fallos inevitables del aprendizaje y aquellos que surgen de la falta de cuidado. Avanzar con responsabilidad permite crecer sin exponerse innecesariamente a consecuencias graves.

La frase de Roosevelt nos recuerda que la perfección absoluta es una ilusión y que la acción, aunque imperfecta, es siempre más valiosa que la pasividad. En la vida personal y profesional, elegir el progreso frente a la inmovilidad significa aceptar que los errores forman parte del camino, pero también que cada paso nos acerca a nuevas posibilidades. La verdadera equivocación es no intentarlo.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.