7 cuentos cortos para pensar

Los relatos cortos son una manera excelente de hacernos reflexionar sobre los aspectos más elementales de la vida. Te presentamos algunos cuentos que muy seguramente te gustarán.
7 cuentos cortos para pensar
Elena Sanz

Revisado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 29 noviembre, 2021

Leer cuentos y relatos cortos es una de las mejores formas de ejercitar tu intelecto. De cualquier historia puedes obtener una reflexión, y lo haces a través de las ideas contenidas en sus líneas. Para demostrártelo, hemos preparado una selección de mejores cuentos cortos para pensar.

Los cuentos que hemos elegido no pertenecen a un autor en específico. Algunos son adaptaciones de historias y parábolas conocidas, otros solo siguen la tradición de los pueblos. Te aseguramos, eso sí, que todos los cuentos cortos te harán reflexionar.

Los mejores cuentos cortos para pensar

Todas estas historias contienen una moraleja. Para motivar tu capacidad de pensar la hemos suprimido de forma explícita, de manera que seas tú quien obtenga las conclusiones pertinentes. Todos son muy fáciles de leer e incluso te pueden servir para compartir con los más pequeños.

1. Una libra de mantequilla

Los cuentos cortos para pensar son para niños también
Los relatos cortos son muy útiles para enseñarles a los niños sobre convivencia, felicidad y buenas costumbres.

Hace mucho tiempo vivía un granjero que vendía mantequilla en un pueblo muy pequeño. El panadero era uno de sus clientes más fieles, pero un día empezó a sospechar que la barra de mantequilla pesaba menos que la libra que estaba pagando.

Así, decidió pesarla en su negocio y descubrió que sus temores no eran infundados. Reunió a varios pobladores como testigos y se encaminó a los tribunales para demandar al granjero. Una vez allí, el juez le preguntó al granjero si usaba una medida para vender las libras de mantequilla.



Con una voz segura y con mucho temple el acusado respondió que, al trabajar con instrumentos primitivos, no tenía un mecanismo para pesar su mercancía. Sin embargo, sí tenía un método que usaba como escala. Los testigos, el panadero y el juez inclinaron el cuerpo para escuchar mejor la defensa del granjero:

“Señor juez, mucho antes de que el panadero empezara a comprarme mantequilla yo le he comprado una libra de pan todos los días. Él me lo trae temprano por la mañana, y lo que hago es ponerlo en una balanza y le doy la misma cantidad de mantequilla por el peso que él me da de pan

Todos reclinaron el cuerpo hacia atrás y miraron de forma despectiva al panadero. Este decidió retirar los cargos y nunca más se quejó al respecto del peso de la mantequilla. Sin duda uno de los mejores cuentos cortos para pensar, uno cuyas enseñanzas puedes aplicar en tu día a día.

2. El anciano del pueblo

Había una vez un anciano que vivía en un pueblo. Todos los habitantes lo evitaban, ya que tenía la mala fama de estar siempre de mal humor. Los niños temían pasar por el frente de su casa, e incluso los adultos recelaban al desearle los buenos días.

Los habitantes más longevos del pueblo aseguraban que desde siempre mantuvo esta actitud. Su amargura, odio y resentimiento superaba su carácter; ya que su casa, su césped e incluso sus vecinos también asimilaban este tono lúgubre.

Lo cierto es que un buen día, aquel en el que el anciano celebraba nueve décadas de vida, se empezó a esparcir el rumor de que el anciano estaba feliz. De repente su casa ya no se veía oscura, los vecinos habían recuperado su jovialidad y su césped era el más verde de todo el pueblo.

Todos rodearon su casa en espera de lo que había sucedido, a lo que el anciano los recibió con una gran sonrisa y emoción. Uno de los habitantes se atrevió con voz tartamuda preguntar por qué estaba tan feliz. La respuesta del anciano fue: “Nada en especial. He vivido noventa años buscando la felicidad y fue inútil. Hoy decidí dejar de buscarla y amanecí más feliz que en toda mi vida”.

3. El sabio de la montaña

En una montaña vivía un sabio que respondía a todas las preguntas, dudas e inconvenientes que tenían las personas. Miles acudían a él a diario para consultarle acerca de sus problemas. Un día, al percatarse de la dependencia que se estaba creando en torno a sus consejos, decidió reunirlos a todos alrededor de su gruta.

Allí, con miles y miles a su alrededor, les contó una anécdota graciosa que hizo soltar carcajadas a todos los presentes. Al terminarla esperó un minuto en silencio y empezó de nuevo a contar la anécdota. Esta vez solo unos pocos se rieron y muchos asumieron un temple de confusión.

El sabio hizo lo propio una tercera vez, solo que en esta ocasión nadie se rió de la historia. Uno de sus mayores admiradores se acercó y le preguntó cuál era el sentido de la dinámica. A lo que el sabio respondió: “No pueden reírse del mismo chiste una y otra vez, pero sí pueden quejarse y llorar una y otra vez por los mismos problemas. ¿No es acaso paradójico?”.

Todos aquellos que lo rodeaban bajaron la cabeza avergonzados y se retiraron poco a poco de la montaña. Desde entonces, solo recibe un par de consultas al día; todas estas relacionadas con cosas estrictamente importantes.



4. El peso del vaso

En una clase sobre el manejo del estrés, un profesor no encontraba la manera de que sus estudiantes asimilaran sus enseñanzas. Decidió, justo antes de terminar, coger un vaso de agua, levantarlo al frente de todos y preguntarles con seriedad: “¿Cuánto pesa este vaso?”.

Poco a poco todos empezaron a dar sus conjeturas acerca del peso, hasta que no quedó un solo estudiante presente sin que intentara acertar la respuesta. Cuando llegó este momento, el profesor respondió: “A mi parecer, el peso de este vaso es irrelevante. Todo depende de la cantidad de tiempo que lo sostenga”. El salón permaneció en silencio y el profesor continuó:

“Si lo sostengo durante un minuto me parecerá que es un vaso muy ligero. Si lo hago durante horas mi brazo creerá que pesa varios kilos. Finalmente, si sostengo el vaso durante un día mi brazo se entumecerá y sentiré que pesa varias toneladas”.

Ante la mirada confundida de sus alumnos el profesor expuso: “El peso del vaso no cambia, por supuesto, pero cuanto mayor es el tiempo que decido sostenerlo mayor sentiré que es su peso. Lo mismo sucede con las preocupaciones de la vida: piensa en ellas durante un minuto y te parecerán sencillas. Hazlo durante unas horas y empezarás a preocuparte. Llévalas contigo todo el día y te dejarán paralizado“.

Los estudiantes asintieron con el rostro y el profesor puso el vaso sobre la mesa. Con esta dinámica pudo enseñarle más que todo aquello que había expuesto durante la clase. Convendrás que es uno de los mejores cuentos cortos para pensar. Si te gustó, lee también el cuento de “La llave de la felicidad”.

5. El recipiente roto

Un anciano granjero de un pueblo de China tenía que hacer una larga caminata para llevar agua del arrollo hasta su granja. Para ello usaba un tronco en su cuello con dos recipientes grandes en sus extremos. Sin embargo, uno de estos tenía una grieta por la que se perdía un poco de agua.

Todos los días el anciano debía hacer varias caminatas de media hora para buscar agua. El recipiente con la grieta, a pesar de llenarlo por completo en el río, llegaba solo con la mitad del agua. Por supuesto, el intacto lo hacía sin perder una sola gota.

Así transcurrió la vida del granjero durante dos años, yendo y viniendo varias veces al día con sus recipientes. Un día, al inclinarse para recoger agua en el arrollo, notó que el recipiente agrietado estaba triste. Con una preocupación genuina interrogó los motivos, a lo cual este respondió:

“Estoy muy avergonzado contigo. Desde hace dos años mi grieta impide cumplir mi función. Te hago trabajar más por menos, así que ya no soy eficiente. Deberías reemplazarme por un recipiente que no filtre agua”. El granjero calló, recogió agua e inició el camino de regreso.

A la mitad del trayecto el anciano respondió: “¿Notas todos estos árboles frutales y flores que crecen a tu lado? Bueno, están ahí gracias a ti. Planté semillas al percatarme de tu grieta y durante dos años has sido tú quien ha hecho que crezcan”. A partir de ese día el recipiente recuperó su confianza y cumplió su labor con solemnidad.

6. El secreto del éxito

Los cuentos cortos para pensar deben disfrutarse al máximo
Una taza de café o chocolate caliente es la mejor compañía para deleitarse con cualquier tipo de cuento.

Una vez un discípulo le preguntó a su maestro acerca del secreto del éxito. El maestro, luego de reflexionar en silencio, le pidió que lo esperase al amanecer en la orilla del río para darle la respuesta.

Al siguiente, justo antes del amanecer, el discípulo encontró a su maestro en frente de la orilla del río. Sin mediar palabra, salvo un pequeño ademán de que lo siguiera, empezó a adentrarse poco a poco en el río.

El agua empezó a subir de los tobillos a la rodilla, de esta a la cadera y finalmente hasta el pecho. Justo cuando estaba por cubrirle el rostro, su maestro lo tomó y lo hundió con vehemencia bajo el agua. Empezó así una lucha feroz por emerger a la superficie, pero la fuerza de su maestro era tal que se lo impedía.

Finalmente, luego de varios segundos, este dejó que subiera por una bocanada de aire. Lo llevó a la orilla y le preguntó: “¿Qué era lo que más deseabas al estar sumergido”? “¡Respirar!”, contestó el joven discípulo. A lo que este contestó: “Allí tienes el secreto del éxito. Deséalo tanto como deseabas respirar aire el día de hoy. Cuando lo hagas, lo obtendrás”.

7. El inverno más frío

Concluimos nuestra selección de relatos cortos para pensar con esta reflexión tomada de la parábola del erizo de Schopenhauer. Sucedió en uno de los inviernos más fríos que asoló al planeta. Miles de animales morían y ya no quedaban grutas disponibles para salvaguardarse de la temperatura y la ventisca.

Varios erizos, al ver que morirían si no hacían algo, decidieron agruparse para mantenerse calientes. Parecía una gran idea, hasta que las púas de cada uno herían a sus compañeros más cercanos. Al no poder soportar el dolor, varios erizos se separaron y al poco tiempo murieron de frío.

El grupo de erizos debió tomar entonces una difícil decisión: permanecer juntos a pesar de las heridas para tener calor, o distanciarse y morir de frío. Aquellos que aprendieron a convivir con el dolor sobrevivieron al invierno, mientras que los que no resistieron murieron solos en la nieve.

¿Qué te ha parecido estos cuentos cortos para pensar? Todos tienen más de una interpretación, de manera que puedes recoger más de una enseñanza si reflexionas con atención. No dejes de compartirlos y de memorizar aquellos que más te han gustado.

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