Deshabituación tabáquica: ¿cómo abordar cada etapa?

20 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el enfermero Daniel Baldó Vela
La deshabituación tabáquica constituye la acción sanitaria más relevante en términos de prevención, siendo su primer paso reconocer la fase en la que cada fumador se encuentra dentro del proceso de dejarlo.

Las personas adictas al tabaco tienen una puerta abierta al desarrollo de diferentes enfermedades y problemas para el día de mañana. Por este motivo, la intervención sanitaria es un objetivo prioritario es el proceso de deshabituación tabáquica. 

Para conseguir buenos resultados, los especialistas deberán proporcionar el apoyo necesario al paciente. ¿Quieres saber cómo?

Adicción al tabaco: datos actuales

De acuerdo al último informe de la OMS sobre las tendencias mundiales del consumo de tabaco, el número de personas adictas es superior a 1,3 millones. Por ello, la intervención sanitaria en la deshabituación tabáquica se ha convertido en el patrón de oro de las acciones preventivas.

Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que, cada año, mueren más de 8 millones de personas por el tabaco. Dicha cifra lo ha convertido en la primera causa de muerte y enfermedad evitable en el mundo; haciendo que la intervención sanitaria para su abandono sea crucial.

Para que esto sea eficaz, los expertos deberán ser capaces de manejar la dependencia física y psicológica hacia el tabaco, romper el automatismo asociado al acto de fumar y modular la influencia del entorno social de cada quién sobre su consumo.

Para ello, el primer paso será reconocer la fase en la que cada fumador se encuentra dentro del proceso de dejar de fumar.

Fases de la deshabituación tabáquica

Cuando se habla de deshabituación tabáquica, se sigue lo que se conoce como el modelo transteórico del cambio. Un modelo creado en 1982 por los psicólogos Prochaska y DiClemente con el objetivo de comprender y favorecer el proceso de cambio ante una determinada conducta.

En él se diferencian seis fases con unas características concretas. Contemplando la posibilidad de volver hacia atrás en el proceso y sin necesidad de pasar por cada una de ellas. Además, no se ve la recaída como un fracaso, sino como una oportunidad de mejorar y aumentar la probabilidad de éxito en un nuevo intento.

En la mayoría de los casos, el cambio definitivo se produce después de haber pasado varias veces por cada una de las etapas del modelo.

Mujer rompiendo un cigarrillo

En este sentido, la misión del profesional sanitario será identificar la etapa del cambio en la que se encuentra el fumador o la fumadora. Y ajustar las intervenciones para conseguir motivar su progresión dentro del proceso.

A continuación, te completamos la información sobre cada una de las fases de la deshabituación tabáquica.

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Etapa de precontemplación

En esta etapa, pese a que la persona sabe que fumar no es una conducta saludable, todavía no es consciente del problema que supone para sí y, por tanto, tampoco reconoce la necesidad de abandonar el hábito.

Estas personas suelen acudir a la consulta por otro motivo o por haber sido presionadas por sus familiares. En este punto, el objetivo del profesional será conseguir que la persona tome consciencia del problema y entienda la importancia de dejar de fumar.

Para ello, conviene evaluar su grado de conocimiento sobre los riesgos del consumo de tabaco, informarle en consecuencia y destacar los beneficios que obtendría si lo dejara.

Fase de contemplación

En esta fase, la persona ya sabe que tiene un problema y que debe dejar de fumar. Sin embargo, aunque parece que quiere hacerlo en un plazo inferior a 6 meses, tiene sentimientos encontrados o no sabe bien cómo conseguirlo. Es decir, aunque es consciente del problema, duda sobre su capacidad para resolverlo.

En este punto, para que la persona fumadora avance en su proceso de deshabituación tabáquica, el profesional sanitario le ayudará a eliminar las dudas que le queden. Para ello, será imprescindible analizar y profundizar de forma personalizada sobre los siguientes aspectos:

  • Importancia que para el fumador tiene dejar de fumar.
  • Grado de confianza que la persona fumadora deposita en sí misma para conseguirlo. Aquí es fundamental favorecer la autoeficacia recordando otros logros conseguidos a lo largo de su vida.
  • Riesgos asociados al consumo de tabaco y motivos por los cuales la persona quiere seguir fumando.
  • Beneficios de dejar de fumar y dificultades para conseguirlo.

Preparación para la deshabituación tabáquica

La fase de preparación comienza cuando la persona ha decidido por fin que quiere dejar de fumar.

No fumar.

La persona ya está convencida de que quiere abandonar el tabaco y, de hecho, está dispuesta a realizar un intento serio en el plazo inferior a 1 mes. Aquí, el profesional deberá:

  • Felicitarle y subrayar que dejar de fumar es la mejor decisión que ha tomado para su salud y la de los que le rodean.
  • Seleccionar una fecha a partir de la cual la persona dejará de consumir tabaco (“día D”). Tal y como explica la Guía de bolsillo para el tratamiento del tabaquismo, si la persona ha escogido una reducción gradual, esta deberá iniciarse con anterioridad para que en el “día D” se abandone el tabaco por completo.
  • Favorecer que la persona comunique su decisión a sus amigos y familiares. Cuantas más personas lo sepan, mejor.
  • Informar acerca de la aparición de posibles dificultades (craving, irritabilidad, ansiedad, nerviosismo, cansancio, alteraciones en el patrón de sueño, aumento del apetito, estreñimiento, cefalea, dificultades de concentración, influencia negativa del entorno social…) y trabajar sobre aquellas estrategias útiles para paliarlas.

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En esta etapa, la prioridad es que la persona se prepare bien para dejar de fumar. Así que es fundamental hacerle ver el proceso como algo positivo y que comprenda que tiene las estrategias para afrontar con éxito cualquier adversidad.

Acción para la deshabituación tabáquica

En este momento, el paciente ya ha dejado de fumar y su principal objetivo es continuar sin consumir tabaco. Para ello, el profesional sanitario deberá evaluar las dificultades con las que la persona se está encontrando mientras, a su vez, afianza aquellas estrategias que le resulten útiles para paliarlas.

Además, será importante recordar que el síndrome de abstinencia comienza a desaparecer a partir del séptimo día. Por lo tanto, es necesario hablar sobre la sensación de vacío que aparece a los 10 días después de haber dejado de fumar. Y también hay que alertar sobre la sensación de falsa seguridad que tiene lugar entre los días 15 y 30 posteriores al abandono del consumo de tabaco.

Mantenimiento: 6 meses sin fumar

La fase de mantenimiento comienza cuando la persona lleva 6 meses sin fumar, aunque no se habla de ex-fumador hasta que no han transcurrido 12 meses desde que se produce el abandono del hábito.

Deshabituación tabáquica

El profesional deberá volver a evaluar posibles dificultades y reforzar las estrategias para sobrellevarlas. Además, podría ser conveniente recordar por qué se dejó de fumar, sus inconvenientes y hacer un repaso de los beneficios que ya se han manifestado y de aquellos que están por venir.

Deshabituación tabáquica: recaída

Se habla de recaída cuando una persona vuelve a fumar después de haber abandonado el hábito tabáquico.

En este punto, es fundamental que el profesional sanitario muestre empatía, proporcione apoyo, se abstenga de cualquier conducta punitiva y favorezca que la persona entienda la recaída como una buena oportunidad para aprender y volver a realizar otro intento con mayores probabilidades de éxito.

¿Y tú? ¿Empiezas hoy mismo?

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